Entrevistas

Evo Morales, de regreso en México. Por Luis Hernández Navarro

A dos años del golpe de Estado y de su asilo en México, el ex presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, está de vuelta en nuestro país para asistir a un seminario internacional de las izquierdas organizado por el Partido del Trabajo. En la entrevista exclusiva con este diario, Morales narró los dramáticos momentos que vivió al lado del vicepresidente Álvaro García Linera, para volar rumbo a México a bordo de un avión de la Fuerza Aérea Mexicana, enviado para su rescate.

Conmovido, en la charla expresó su agradecimiento al jefe del Ejecutivo mexicano por la solidaridad que le brindó en momentos tan difíciles. Quiero decir al hermano presidente Andrés (Manuel) López Obrador, al pueblo, a quienes me han recibido, que realmente me salvaron la vida.

A continuación, partes sustantivas de esta entrevista.

–Jeanine Áñez fue nominada al Premio Sájarov a la libertad de conciencia por integrantes del Parlamento Europeo. ¿Qué opinión le merece?

–Muchas gracias, como siempre, por este contacto con La Jornada. Mis respetos y mi admiración. Su cobertura es siempre para los pueblos, para todos los que necesitan comunicarse.

“Estamos visitando México a dos años del golpe de Estado y a un año de la recuperación de la democracia. Ayer, 20 de octubre, fue el día en que ganamos las elecciones. Y el 18 de octubre del año pasado recuperamos la democracia. La derecha dijo: el Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) no volverá al gobierno, ni Evo a Bolivia. Hoy, el MAS está en el gobierno y Evo está con vida en Bolivia y estamos nuevamente con democracia, gracias al pueblo mexicano, a su Presidente, y a también a Argentina y Venezuela. Estoy muy agradecido.

“En algunos parlamentarios europeos todavía impera la Europa colonial. Pero ya no estamos en tiempos del colonialismo. Necesitamos una América y un planeta plurinacional, con ciudadanía universal. No se puede entender que un grupo de parlamentarios europeos premien a quienes usaron la fuerza, la Biblia, para hacer un golpe de Estado con tantos muertos y heridos.

“Estoy convencido de que esa Europa colonial tiene que reflexionar que el 12 de octubre de 1492 fue una invasión y no el descubrimiento de América. Como decían mis abuelos, no llegó la civilización, llegó la sifilización. No fue conquista, es una arremetida. La invasión europea no nos trajo felicidad sino saqueo, racismo. Con la espada o con la cruz nos querían dominar y no podían.

“No se puede entender que se pueda premiar. Esa mentalidad colonial tiene que terminar. A casi 200 años de la inmoral Doctrina Monroe (1823), el movimiento indígena y otros sectores sociales, incluso profesionales, proclaman una América plurinacional. Creían que toda América Latina es de Estados Unidos. Se equivocan. América Latina y el Caribe no son el patio trasero de Estados Unidos.

“Nuestra generación quiere una América plurinacional, de los pueblos para los pueblos. Lo plurinacional no es compatible con el capitalismo ni con el imperialismo. Planteamos un gran encuentro de originarios-milenarios con originarios-contemporáneos. Los originarios milenarios son los pueblos indígenas, los originarios-contemporáneos son los que llegaron de esta invasión europea o los que se escaparon después de la primera y segunda Guerra Mundial a América Latina. Si sus hijos nacieron acá, también son originarios, pero contemporáneos. ¡Qué lindo sería un encuentro, una unidad de la diversidad! Eso es el Estado plurinacional.

Por eso, no se puede entender que en estos tiempos algunos parlamentarios europeos traten de premiar a Áñez. ¡Es un premio por golpe de Estado!

–En el libro que acaba de publicar el presidente López Obrador se cuenta que, durante el despegue del avión de la Fuerza Aérea Mexicana, que voló a la base aérea de Chimoré, en Cochabamba, para rescatarlo, se habría disparado contra la nave en que viajaban. ¿Se dio usted cuenta de este ataque?

–El sábado 9 fui de La Paz a la región del trópico de Cochabamba. La policía estaba tomando el aeropuerto. Los militares cooperaron, pero cuando empecé a bajar del avión, llegó un capitán de seguridad y me mostró mensajes en su celular que decían: ‘Entrégueme a Evo. Tiene 50 palos grandes’ (50 mil dólares).

“Ya habían pedido mi renuncia (los) militares. Algún dirigente de la Central Obrera Boliviana (COB) también la pidió. Sospeché, pero aún no entendía. El lunes, cuando estuve en Chimoré, alguien dijo: ‘si queremos salvar nuestro proceso de cambio, hay que salvar la vida de Evo’. Ahí reaccioné. ‘Es muy importante salvar la vida’.

“Pensé inmediatamente en el golpe de Estado de Luis García Meza, en 1980. Estaban reunidos el Comité Nacional de Defensa de la Democracia, la COB, Marcelo Quiroga –de Santa Cruz– y partidos de izquierda. Decidieron resistir y después convocaron a retirarse. Pero no falta un orador que se extiende. Todos identificaron a Marcelo Quiroga, y le dijeron: ‘¡Aléjese Marcelo!’ Marcelo nunca se alejó, seguía en la fila. Y le metieron bala. Entonces, yo dije que había que salvar la vida.

“Hugo Chávez me comentó que, cuando le dieron golpe de Estado, él y Fidel Castro se comunicaron y Fidel le dijo: ‘salve la vida en este momento’. Y los militares lo llevaron a una isla. Por eso pensé en cómo salvar la vida y planificar cómo salir.

“Cuando dije al piloto del avión de la Presidencia ‘tenemos que viajar a Chimoré’, no quiso. Nos molestamos. Tuve que llamar al comandante de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) y decirle: ‘Qué pena general. Usted sabía que tenía planes para llegar a Chimoré. ¿Por qué no me está dando el avión?’ Él me respondió: ‘Está ya en golpe desde la mañana’.

“Hubo problemas en Challapata, de Potosí, Oruro. Ahí hubo un enfrentamiento en términos de campesinos. Yo vi, en canales de televisión, aviones chinos sobrevolando. Entonces, llamé al comandante de la FAB: ‘¿Comandante, quién le ordenó sacar esos aviones? Usted solamente puede usar esos aviones o el armamento con orden del capitán general de las fuerzas armadas’.

“Habíamos retirado el armamento de la Casa Grande del Pueblo. Hablé con los militares patriotas. Ni el jefe de casa ni el comandante del ejército se comunicaron. Las Fuerzas Armadas pidieron mi renuncia, no el último día del golpe de Estado, sino desde antes.

“Como sea, ese día salí. El comandante de la fuerza dijo: ‘No, usted puede usar el avión de la presidencia’. Apenas salimos. Aterrizamos, como siempre, en Chimoré. Cuando el avión paró, miré. Estábamos en la terminal militar y no en la comercial. Llamo al piloto y le digo: ‘¿Qué pasó? Cierre la puerta. Vamos a la terminal comercial’. Estaba cerrándola y ahí vi, 10, 15 carros a toda velocidad por la pista. Los dirigentes, las autoridades locales del trópico y la ciudadanía también estaban sorprendidos. Ellos me estaban esperando en la comercial.

“Cuando llegamos, ya no me rindieron parte. Yo no había renunciado todavía. Me informaron que un hangar estaba lleno de militares con uniformes, bien armados. No querían levantar las salidas de seguridad. Pero finalmente las levantaron para retirarnos de la terminal militar. ¿Qué significaba eso? Que ya estaba en el golpe de Estado de los militares. Esa noche renunciamos. Tratamos de darnos seguridad.

“Al día siguiente, el avión de México ya estaba en Perú, temprano, a las 7 u 8 de la mañana. Nos comentaron que no lo dejaron entrar, no le quisieron vender combustible. A las 11, a punto de levantar vuelo, estaba en la frontera y lo hicieron retornar a la pista. Hablamos con el general. Él me dijo: ‘Ningún avión militar puede entrar a Bolivia’. Me causó risa. Le digo: ‘General, ¿usted sabe cuántos aviones militares llegaron a Chimoré en tiempo de gobiernos neoliberales? Hace dos o tres semanas llegó un avión militar de Turquía. Y que me diga que ningún avión militar puede entrar a Bolivia…’ Se quedó callado y me respondió: ‘Como no puede entrar para no tener problemas legales, ¿por qué no viene de Perú un avión civil contratado?’

“Cuando estábamos debatiendo, llega un mensaje vía nuestro embajador ante la OEA, Emilio González, diciendo que Estados Unidos ofrecía un avión para sacarme de Chimoré al lugar que quisiera. Pensé: ‘éste me lleva directamente a Guantánamo o a Estados Unidos’.

“Por fin, el avión mexicano entró en la noche, gracias a las gestiones de Argentina, México, Venezuela y Cuba; de ex presidentes como Zapatero y Samper, de no sé cuantos cancilleres. Debo reconocer al presidente de Paraguay. Entró también gracias a que ese día estaban ahí concentrados más de 10 mil compañeros. Sin los 10 mil compañeros y sin esa gestión internacional, no sé qué hubiera pasado.

“Llegó el avión mexicano a las 10 u 11 de la noche. Carreteamos y llegamos a la punta de la pista para levantar vuelo, pero no lo hizo. Se quedó parado 10, 15, 20, 30 minutos. Pasó el comandante de la tripulación y nos dijo: ‘No tenemos permiso para levantar el vuelo’. Nos miramos: ‘¿Qué hacemos? Carretear nuevamente a la terminal comercial’.

“Mis compañeros ya estaban retirándose, pero como no me dejaban salir, otra vez se concentraron en el aeropuerto. Estábamos dentro del avión. El capitán nos dijo: ‘no salgan, acá es como territorio mexicano’.

“‘¿Y ahora qué hacemos?’ –nos preguntamos. Yo ya no podía seguir llamando al comandante de la Fuerza Boliviana. Pero Álvaro lo llamó y le dijo: ‘Comandante, aquí están concentrados más de 10 mil compañeros campesinos. Usted no nos deja salir. Va a arder el aeropuerto. Seguramente nosotros vamos a arder. Sus soldados van a arder. Y va a ser bajo su responsabilidad’.

“Salimos otra vez, como a las 11, casi las 12. Había civiles, policías y militares que sospechosamente se movilizaban. Nuestra diputada de la región y nuestros dirigentes tomaron la torre de control aéreo.

“Ayer me entregaron este libro (A la mitad del camino) que cuenta la historia. Me sorprendió. He leído un poco. Cuenta la información de la tripulación de los hermanos mexicanos. Siempre he tenido amistades de gente infiltrada dentro de los opositores. Me informaron que la derecha está arrepentida de no haberme matado en el golpe.”

Fuente: La Jornada

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