Crónicas,Cuba

Virtud y memoria: crónicas de la Sociedad Cultural José Martí (I). Por Lil María Pichs Hernández

El pasado 22 de noviembre de 2021, día del aniversario 115 del natalicio de Antonio Guiteras, se reanudó el proceso asambleario de la Sociedad Cultural José Martí. Iniciadas el año pasado en fecha similar, y detenido debido a la pandemia, las Asambleas de Socios a nivel provincial son encuentros que permiten a las filiales de la Sociedad Cultural hacer un balance del trabajo de los últimos años a lo largo del país, así como proponer y/o ratificar la composición de sus juntas provinciales, o sea, de sus equipos de dirección a nivel provincial.

En cada asamblea ha de participar la dirección nacional de la Sociedad Cultural, de ahí que una comitiva de unos siete compañeros y compañeras nos hayamos hecho a la carretera para dar acompañamiento al proceso en cada provincia.

Aún teniendo en cuenta las adicionales precauciones que la situación sanitaria demanda, el proceso asambleario en cada provincia se acompaña de programa colateral para generar el intercambio de la Sociedad Cultural con autoridades, profesores, estudiantes, promotores culturales y artistas.

Pinar del Río, Artemisa y Matanzas. Tres provincias, tres días. Unidas por el amor a Martí, diversas y ricas, en cada provincia el Apóstol crece y es aprehendido de forma diferente, pero raigalmente revolucionaria, creativa y orgánica. Así ocurrió también con las filiales de las provincias orientales, visitadas en noviembre de 2020, cuando se realizó la primera parte del recorrido 2020-2021.

Pero algo distingue las visitas de estos días: una expectación, un espíritu, unas ganas de hacer, de unir, de compartir… es que solo faltan horas para el quinto aniversario de la partida física de Fidel, gran artífice de la Sociedad Cultural José Martí, junto con Armando Hart y Raúl.

Nadie pide nada para sí en las asambleas de socios. Algunos intervienen para decir que si las filiales dispusieran de un mejor espacio, de mejor conectividad, entonces podrían impactar mucho más en las comunidades. Pero de lo que más se habla es de los niños, de los obreros, de los artistas que se han encontrado con Martí gracias a los clubes martianos de la Sociedad; hablan de las alianzas que se han logrado, de las que deben lograrse, hablan de la comunidad, de la escuela, de los autodidactas valiosísimos que se han convertido en pilares de la cultura de su comunidad y cuya luz llega hoy más lejos desde la Sociedad Cultural. Y se habla de los maestros fundadores en cada una de sus filiales y recuerdan, con el dolor aun a flor de piel, a los compañeros que fallecieron en estos meses de pandemia.

El 24 de noviembre amanecimos en Matanzas, en el Parque de la Libertad. A los pies del Martí que se yergue en su centro, un joven y un maestro de generaciones colocaron la ofrenda floral. Y el presidente nacional de la Sociedad y la representante del Partido provincial desenvolvieron las cintas entre las rosas: “A José Martí de los martianos matanceros”, se lee.

La sede del gobierno provincial acoge la Asamblea de Matanzas. En la entrada del imponente edificio se expande un mar de atriles amarillos, con decenas de fotografías que recogen momentos de Fidel en la provincia. Décadas de encuentros, tareas y sueños.

El teatro de la sede acoge el debate sobre el informe de trabajo de los últimos seis años de esa filial de Sociedad Cultural. En las paredes, otras trece fotografías también recuerdan el paso del Comandante por Matanzas.

Pero el Fidel que vive, no está en las fotos blanquinegras, está en los martianos que las han colocado en el centro del Gobierno provincial, está en los martianos que convergen en la Asamblea.

Será acaso la octava asamblea que reseño, pero cada una es como la primera. El tiempo no alcanza para recoger todo lo que se dice, para atrapar en fotos lo que acontece, para reseñar el audiovisual que se proyecta. Las palabras no pueden describir la pasión con que hablan los miembros y colaboradores de la Sociedad, la pasión con la que recuerdan a sus propios maestros, y a sus nietos.

Sí, muchos miembros de la Sociedad ya tienen nietos. Ahí están, por ejemplo, esos veteranos, miembros del movimiento de maestros voluntarios. Más de 80 años tiene el venerable que interviene primero. Pero también hay nietos en la Asamblea, jóvenes del Movimiento Juvenil Martiano, jóvenes metodólogos provinciales, jóvenes dirigentes de la Unión de Historiadores del territorio…

Y está la maestra de pelo blanquísimo, que habla de lo pasado, lo presente y lo futuro. Esta maestra no tiene edad, porque es memoria viva y esa no envejece. Ama el magisterio, enaltece y honra, critica y sugiere. Está enojada con muchas cosas, con las deudas que tenemos con la historia local, por ejemplo, o con la prensa, que a veces confunde, que a veces comete olvidos imperdonables. Pero el amor le brota en cada planteamiento, y dice que la solución es educar a la prensa, lo mismo que a los funcionarios, lo mismo que a los más jóvenes.

Se oyen ya las palabras que cierran el encuentro y abren la nueva etapa de trabajo. El profesor Eduardo Torres-Cuevas comenta las intervenciones. NO solo habla como presidente nacional de la Sociedad o director de la Oficina del Programa Martiano; sino como cubano, como historiador, como padre y abuelo. Habla del informe presentado, de las directrices del país sobre la enseñanza de la historia en los próximos años, de la importancia de la Sociedad Cultural y de su trabajo ahí, en la raíz de la cubanidad, en cada barrio, en cada centro de trabajo.

Hay mucha luz en el teatro del Gobierno de Matanzas este 24 de noviembre. Los martianos están inquietos, ya quieren salir a seguir construyendo y dando de sí.

En el aire han quedado las experiencias y emociones de todos los que hablaron, de todos los que organizaron el evento a pesar las difíciles circunstancias que atraviesa el país, de todos los que viven convencidos de la utilidad de la virtud y de la verdadera existencia de la idea del bien, que flota sobre todo y no naufraga jamás.

Y oigo todavía, desde el fondo del teatro, decorado con aquellas fotografías de Fidel, las palabras de la maestra de pelo blanquísimo, que nombró, con fecha, lugar y motivo exactos, las tres veces que el Comandante habló en Matanzas adelantando ideas esenciales de lo que sería su concepto de Revolución: “La Revolución es el arma ideológica del pueblo” (26 septiembre de 1961); “la Revolución es obra del propio pueblo” (30 de marzo de1963);  “La Revolución nuestra no cambia de ideas ni de nombre“(26 de julio 1991).

Y mientras se vacía la sala y se desatan las nuevas iniciativas, queda el espacio cargado de ese espíritu que no morirá. Entonces puede verse mejor aquella cita excepcional colocada en la pared del teatro y que este 25 de noviembre llega más hondo al martiano que se detiene a leerla:

Yo siempre estaré junto al pueblo”

Fidel Castro,

7 de enero de 1959,

Parque de la Libertad de Matanzas

 

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