El 1° de enero y la lección de Fidel para la humanidad: transformar los reveses en victoria. Por Arnold August

El ataque del 26 de julio de 1953, que dirigió Fidel Castro contra los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, fue un revés. Sin embargo, el alegato de autodefensa de Fidel en el juicio por las agresiones, conocido como La historia me absolverá, que comenzó el 16 de octubre de 1953, resultó ser una sobresaliente victoria. En condiciones muy difíciles como prisionero, el acusado se convirtió así mismo en acusador. Fidel acusó, no solo al aparato militar y estatal de Batista, respaldado por Estados Unidos, sino además acusó, como colonia estadounidense, a todo el sistema político, económico y social que existía en Cuba en aquél momento. Y ofreció una salida a ese callejón sin salida.

Esa victoria, la antítesis del revés del 26 de julio de 1953, se extendió mucho más allá de las paredes del edificio en Santiago de Cuba que sirvió como sala del tribunal. A través del Movimiento 26 de julio, llamado así por el asalto de esa misma fecha, también se convirtió en parte de aquella conversión del revés en victoria. Melba Hernández y Haydee Santamaría (dos mujeres legendarias que participaron en el fallido asalto) bajo el liderazgo de Fidel, lograron juntar los papeles de su defensa e imprimieron clandestinamente 100,000 copias para ser distribuidas en toda la isla. La historia me absolverá se convirtió para siempre en parte de la escena política cubana, tal fue la victoria de Fidel en aquella sala del tribunal.

Sin embargo, en diciembre de 1956, hubo que enfrentar otro revés. El objetivo de la improvisada expedición en el yate Granma, que navegó desde México hasta el este de Cuba a fin de iniciar la lucha armada para derrocar al régimen de Batista, tuvo problemas al perder hombres y rifles preciosos. Aterrizó en una zona pantanosa lejos de la sólida cabeza de playa donde se había planificado y donde les esperaban los refuerzos. Esto fue un revés. Sin embargo, más tarde Raúl Castro desdobló la historia que surgió después de aquél revés: “[Fidel] me dio un abrazo y lo primero que hizo fue preguntarme cuántos fusiles tenía. De ahí la famosa frase: “Cinco, más dos que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!”,

Bien, el resto es historia. Como todos sabemos, la Revolución logró la victoria el 1° de enero de 1959. O, ¿fue la conversión del revés del Granma en la victoria del 1° de enero una simple saga del pasado? ¿Realmente solo una saga del pasado? Fidel no parecía creerlo. Parecía prever que los retrocesos estuviesen destinados a poner obstáculos en el camino de la Revolución, a pesar de que había ganado el poder político. El 1° de enero proclamó: “La Revolución empieza ahora, la Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros.”

Marta Rojas (1928-2021), la periodista cubana que siguió y escribió acerca del discurso de defensa de Fidel de 1953, acuñó la frase: “Fidel, o convertir los reveses en Victoria”. En otras palabras, convertir los reveses en victorias era parte del ADN de Fidel.

El autor de estas líneas siempre sostuvo que el pensamiento y las acciones de Fidel constituyen lecciones valiosas para los revolucionarios y comunistas de todo el mundo, no solo para Cuba. Y no menos importante de estas enseñanzas es el inmortal legado de Fidel de convertir un impedimento en un triunfo. ¿Qué revolucionario en cualquier parte del planeta no ha tenido que enfrentar obstáculos? ¿Dónde hay un comunista en cualquier parte de la tierra que no pueda inspirarse en Fidel o, como escribió Marta Rojas, “el otro nombre para Fidel” es convertir una derrota en un logro?

Cuba entra en 2023 después de haber sobrevivido en 2022 a los últimos ataques de las sanciones y el bloqueo impuesto por el imperialismo estadounidense y sus aliados, sin mencionar la pandemia en curso, especialmente en la primera mitad de 2022, el incendio de Matanzas y el huracán Ian. En su conjunto, todo ello no constituyó un retroceso en 2022, al mismo nivel que lo fue el Moncada y el desembarco del Granma, sucesos además muy diferentes. Sin embargo, Cuba no cayó de rodillas ni abrazó a Estados Unidos, como lo ha estado esperando Washington. Cuba sobrevivió. Aún más, ha crecido el respeto y el apoyo de personas de todo el mundo a la Revolución Cubana por su continua resistencia a Estados Unidos.

Al escribir estas líneas acerca de “convertir los reveses en victorias”, no es posible evitar recordar al otro gigante de la política latinoamericana contemporánea, Hugo Chávez. Después de la derrota de la rebelión cívico-militar del 4 de febrero de 1992, al reconocer este retroceso, él declaró: “por ahora”, en otras palabras, “volveremos y triunfaremos”. Y, de hecho, la incipiente Revolución Bolivariana regresó y continúa bajo el liderazgo del Presidente Nicolás Maduro. El gobierno venezolano no cedió además ni sólo un centímetro ante Estados Unidos en su intento por romper la solidaridad y la ayuda mutua Cuba-Venezuela. La Revolución Cubana tampoco cedió ante la presión de Estados Unidos para abandonar a Venezuela.

Ambas revoluciones, ente otras, están cimentadas sobre la misma noción de fe en la victoria, independientemente de los obstáculos.

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