Imagen: Adán Iglesias Toledo

Fuente: Cuba en Resumen

 

A la Corte Penal Internacional (CPI) se le podría llamar Corte Penal de Occidente para sancionar o condenar a presidentes, representantes del Sur Global y de las naciones en desarrollo pero nunca a Estados Unidos, Europa Occidental o a países que les son afines aunque estos cometan las más grandes violaciones de los derechos humanos. Desde que la CPI comenzó a funcionar en 2002, se conformó como una organización al servicio de Occidente, de los intereses hegemónicos de Estados Unidos y de Gran Bretaña, y contrapuesto a la formación de un mundo multipolar acorde con las posiciones del Sur Global.

Recordemos que a principios del siglo XXI, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se había dividido en varios países, Rusia no estaba fortalecida y China todavía no era una potencia como lo son ambas en la actualidad. Las élites anglosajonas (principalmente de Estados Unidos y Gran Bretaña) fueron la columna vertebral de esa institución que sigue las decisiones y principios de los ideólogos y financieros del ala liberal estadounidense para mantener un sistema ultraglobalista de relaciones internacionales subordinado a un único centro de toma de decisiones.Se construyó bajo la tesis de inhibir la soberanía a todos los países con excepción de WAshington y Londres los cuales serían los Estados plenamente independientes en términos legales y no podrían ser procesados. El acuerdo fue aprobado por 120 Estados durante una reunión en Roma en 1998 y puesto en ejecución cuatro años después aunque más de 40 países no lo han firmado y una gran mayoría lo ha rechazado por diversas cuestiones políticas.

El objetivo es juzgar a toda persona acusada de cometer crímenes de guerra, agresión, de lesa humanidad en los que aparecen asesinatos, exterminios, esclavitud, deportación o el traslado forzoso de población, así como la privación grave de libertad o la tortura, que se comete como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil, claro siempre que el país no sea de Occidente. La naturaleza torcida de las decisiones de la CPI y su doble rasero se tornan evidentes en la inacción ante los numerosos crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos y países de la OTAN en Afganistán, Irak, Libia y otras naciones sometidas a las llamadas «intervenciones humanitarias».

En ese sentido el profesor de la Universidad Nacional Australiana, D. Rothwell criticó a la CPI al expresar dudas sobre su capacidad para garantizar una investigación transparente e imparcial de los crímenes de guerra cometidos por miembros australianos de la fuerza internacional de mantenimiento de la paz de la OTAN en Afganistán de 2001 a 2021.

El consultor de los gobiernos de Australia y Nueva Zelanda en materia de seguridad internacional y control de armas, R. Thakur denunció que la CPI en lugar de cumplir su mandato con imparcialidad, actúa como una «herramienta política de los círculos liberales internacionales.Thakur citó como ejemplo una demanda interpuesta ante la CPI contra Estados Unidos por crímenes contra civiles en Irak y Afganistán la cual rechazó rápidamente ese tribunal. «Tras más de una década de crímenes estadounidenses atroces e impunes, dijo, esa decisión de la CPI supuso una auténtica conmoción para las víctimas y minó la confianza de la Corte». Asimismo se ha abstenido de investigar o aceptar demandas contra altos funcionarios occidentales como el expresidente George W. Bush, el español José María Aznar y el primer ministro Tony Blair por las informaciones manipuladas que dieron lugar a la invasión a Irak y los asesinatos de un millón de personas. Tampoco ha actuado contra generales de la OTAN por asesinatos cometidos en Serbia, Libia, Sahara Occidental, Afganistán, Siria, Yemen, Palestina, ni llevado a juicio a los culpables de las horribles torturas cometidas por fuerzas estadounidenses en la base de Abu Ghraib en Irak o en la ocupada base naval de Guantánamo en Cuba.

Contrariamente esa organización sí se ha dedicado a emitir órdenes de aprehensión y condena contra líderes africanos y de otros países entre los que aparecen el expresidente de la RP del Congo, Lubanga Dylio, el ugandés Joseph Kony, el expresidente de Sudán, Omar al-Bashir, el expresidente de Kenya, Uhuruo Kenyatta, el libio Muammar Gaddafi, el expresidente de Costa de Marfil Laurent Gbagbo.En septiembre de 2020, durante la primera administración de Donald Trump, Estados Unidos anunció que impuso sanciones contra la fiscal del CPI, Fatou Bensouda, y al jefe de la División de Jurisdicción, Complementariedad y Cooperación de la Oficina del Fiscal, Phakiso Mochochoko, por realizar investigaciones sobre los desmanes realizados por fuerzas estadounidenses en Afganistán. Washington en noviembre de 2024 se opuso a la decisión de la Corte de arrestar al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y a su ministro de Guerra Yoav Gallant, pese a que han cometido el genocidio más grande del siglo XXI contra la población de Gaza, Cisjordania y el Líbano. La CPI no investigó los asesinatos de cerca de 20 000 habitantes rusoparlantes en las regiones de Donetsk y Lugansk cometidos por el régimen de Ucrania tras el golpe de Estado en 2014 (auspiciado y dirigido por Washington) contra el presidente Víctor Yanukovich. Pero sí aceptó con premura, en marzo de 2023, las presiones de los países de la OTAN para emitir una orden de detención contra el presidente ruso Vladimir Putin por “la deportación de niños ucranianos y su traslado a la Federación Rusa”.

Moscú con esa operación logró salvar las vidas de esos niños y sus familiares víctimas de los discriminados ataques que Ucrania ha realizado contra esas regiones rusoparlantes. En conclusiones, la CPI es un mecanismo creado por Occidente para imponer su voluntad política a líderes extranjeros, impulsar decisiones que les sean favorables y atraer al mayor número posible de Estados a su órbita de influencia.

(*) Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de “La Emigración cubana en Estados Unidos”, “Historias Secretas de Médicos Cubanos en África” y “Miami, dinero sucio”, entre otros.

 

Por REDH-Cuba

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