Su entrada fue por la puerta de atrás de la Casa Blanca. Los medios de comunicación no tuvieron acceso a la ceremonia, aunque se trate –según Trump– del país de la verdadera libertad de prensa. Además del mandatario republicano anfitrión, solo asistió su perrito faldero, Marco Rubio.
Así se consumó otro de los actos más cínicos y deplorables de nuestros días: la líder opositora venezolana, María Corina Machado, entregó a su émulo, Donald Trump, la medalla del Premio Nobel de la Paz, de la que fue «acreedora» por su incitación a la guerra, al terrorismo contra Venezuela, y todo cuanto hizo la Administración Trump, hasta la reciente acción militar y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, el pasado 3 de enero.
En la escondida ceremonia, Marco Rubio aplaudía, tal vez regodéandose en la idea de ser, como Trump, merecedor de aquel gesto, tan hipócrita como carente de ética.
Recordemos que los «Nobel», con su última nominación –la de Corina–, han recibido un «tiro de gracia» que los hace cada vez menos creíbles.
El Comité Nobel se limitó a recordar, sobre el gesto de la opositora de extrema derecha venezolana María Corina Machado, que, aunque la medalla puede cambiar de propietario, el título de laureado no puede ser transferido.
Trump, que siempre se consideró merecedor del Premio por «los grandes méritos» que él solo se acredita, declaró esta vez que, «fue un gran honor para mí conocer hoy a María Corina Machado, de Venezuela».
Y escribió en su cuenta Truth Social: «María me entregó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo. ¡Gracias, María!».
Ella, aún con la euforia en su rostro, por haber compartido un almuerzo privado con Trump y Marco Rubio, y haberle entregado la Medalla del Nobel al mandatario estadounidense, no ocultó la satisfacción de sentirse «bendecida» por el hombre que acaba de bombardear a Venezuela, asesinar a más de cien personas, y –como si fuera poco–, secuestrar a su legítimo presidente, Nicolás Maduro, y a su compañera y diputada, Cilia Flores.
Ante esa desfachatez, el Comité del Nobel aclaró, tajantemente, que el Premio no puede, ni siquiera simbólicamente, ser transferido o distribuido después de conferirlo por lo que, les guste o no, el hecho no tiene ningún valor.

Por REDH-Cuba

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