Mensaje a los pueblos del capítulo cubano de la Red En Defensa de la Humanidad
Hace unas horas el presidente Donald Trump calificó a «las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba» como una «amenaza inusual y extraordinaria (…) para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos». Esta afirmación es de una falsedad y de un cinismo monumentales. Miente de manera abierta el presidente estadounidense: cuando habla de «colaboración con países hostiles» en realidad condena la voluntad de un pueblo de relacionarse libremente con el mundo; cuando habla del apoyo «a grupos terroristas transnacionales (…) y actores malignos adversarios de los Estados Unidos» en realidad castiga la inalterable práctica solidaria de Cuba en la defensa del pueblo palestino, su condena al genocidio sionista y el apoyo a las causas de «los condenados de la tierra», como diría Frantz Fanon. Cuba envía médicos al mundo. Los Estados Unidos bombardean y asedian.
El anuncio de la Casa Blanca incluye la imposición de un sistema arancelario «a la importación de mercancías provenientes de un país extranjero que venda o suministre, directa o indirectamente, petróleo a Cuba». Ello constituye, de facto y contrario al anuncio del propio Trump sobre «su» compromiso con «apoyar las aspiraciones del pueblo cubano», una agresión directa contra todo el pueblo residente en Cuba y sus familiares en el exterior, más allá de su orientación ideológica, filiación política, condición social y edad. Se trata de la exacerbación de un estado de sitio total contra una población, que representa otra bofetada a los negacionistas que se empeñan en gritar que el bloqueo no existe. Sin dudas, han sido las dos administraciones de Trump, y esta en particular con el rebosante odio anticubano de su secretario de Estado, las que menos han hecho en favor del pueblo cubano, las que más han trabajado por la asfixia de los niños, ancianos, jóvenes y mujeres que vivimos en la Isla.
Estas políticas de estrangulamiento no son nuevas, y han resultado condenadas en muchas ocasiones. Tampoco esperemos que las acciones hostiles queden acá, su propósito es allanar el camino para incursiones de otro tipo, incluso militar. ¿Esperaremos con pasividad un desenlace fatal? ¿Asistiremos como Humanidad a otro show televisivo de exterminio de un pueblo entero?
Este año de la administración Trump ha dejado en claro su irrespeto por la institucionalidad internacional emergida tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y, digámoslo, también evidencia su fracaso.
En esta hora crucial para la especie humana, siempre aparecerán quienes se alegran de esta nueva expresión fascistoide de Trump. La historia de los anexionistas es casi sustancial a la existencia de los Estados nacionales y al colonialismo en sus múltiples formas, la genealogía de los traidores tiene mayor data. Cada vez queda más claro quiénes están junto al pueblo cubano y quiénes apuestan por su desaparición. Cada vez queda más claro la ilusión que acompaña a quienes sostienen que Cuba debe dar señales de buena voluntad para un posible entendimiento: nuestro país siempre ha estado abierto a cualquier diálogo respetuoso y sin condicionamiento porque no nos acompaña el odio.
En estas horas, cuando se acusa a Cuba de persecuciones y torturas, podemos decir que no es en esta Isla del Caribe donde tenemos que avergonzarnos del luto que acompaña a nombres como George Floyd, Renee Good y Alex Pretti.
A los amigos y amigas del mundo les transmitimos nuestras certezas de que solo los pueblos salvan a los pueblos y de que Cuba no se encierra en las geografías de esta Isla, porque sabe lo que mueve su causa justa en todas las tierras del planeta a las que también ha llegado, de las más diversas maneras, nuestra solidaridad. A los amigos y amigas del mundo les transmitimos nuestra confianza en que continuaremos juntos en esta lucha que hoy, con mayor transparencia, es una batalla antifascista por la Humanidad.
