Hoy se conmemoran 173 años del Natalicio de nuestro José Martí. A sus excepcionales dotes intelectuales, unió la firme voluntad de luchar por la dignidad de su Patria, mancillada por el yugo del imperio español.

Figura reconocida en América Latina, fue cónsul del Uruguay y otros países ante el gobierno de los Estados Unidos y corresponsal de varios de los diarios más importantes del continente en su época. Y todo eso lo abandonó para arriesgar la vida en la manigua redentora.

Los trabajadores hispanos negros pobres de la Sociedad de Instrucción, en Nueva York, comenzaron a llamarlo el Maestro, por su consagración, durante años, en contribuir a su formación. Algo que pronto fue aceptado por una parte importante de la comunidad cubana patriótica en el exilio, que veían en Martí una guía clara de por dónde habría de enrumbarse la futura lucha.

Entre los emigrados del sur de la Florida surgió otro apelativo que también habría de captar a plenitud su esencia: el Apóstol de la Independencia de Cuba.

Una de sus posesiones más valiosas era un anillo de hierro, forjado con las cadenas que llevó en el Presidio Político, que tenía labrado el nombre de la isla a la cual consagró todas sus fuerzas. El Presidio marcó su cuerpo, dejándole serios problemas pulmonares y en uno de los testículos, por cual hubo de operarse varias veces. Lo que no lograron quebrar fue su voluntad, esa que apenas niño, ante el dolor materno por su tormento, le escribió: Mírame, madre, y por tu amor no llores/si esclavo de mi edad y mis doctrinas/tu mártir corazón llené de espinas/piensa que nacen, entre espinas, flores.

Por su actividad revolucionaria fue fuertemente vigilado por España. Sufrió, que se sepa, al menos un intento de asesinato. Fue con veneno. Luego del hecho aceptó sostener una reunión privada con el más joven de los que intentaron asesinarlo.

Al concluir el encuentro, media hora después, el joven sale cabizbajo y con los ojos enrojecidos. Un amigo recrimina a Martí, aún convaleciente, por la excesiva confianza. Martí responde:

-Ese será uno de los que dispararán en Cuba los primeros tiros.

No se equivoca. Valentín Castro Córdova, tal era el nombre del joven que intentó asesinarlo, llegaría a comandante del ejército mambí.

En estos días que se cierne, una vez más, un grave peligro para la Patria, el dilema es el mismo que nos planteó Martí: el del yugo y la estrella. Y los que amamos verdaderamente Cuba, entendemos que la estrella es el único camino digno y verdadero, aunque pueda resultar por momentos también el más doloroso.

YUGO Y ESTRELLA

Cuando nací, sin sol, mi madre dijo:

Flor de mi seno, Homagno generoso

De mí y del mundo copia suma,

Pez que en ave y corcel y hombre se torna,

Mira estas dos, que con dolor te brindo,

Insignias de la vida: ve y escoge.

Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:

Hace de manso buey, y como presta

Servicio a los señores, duerme en paja

Caliente, y tiene rica y ancha avena.

Ésta, oh misterio que de mí naciste

Cual la cumbre nació de la montaña

Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:

Como que riega luz, los pecadores

Huyen de quien la lleva, y en la vida,

Cual un monstruo de crímenes cargado,

Todo el que lleva luz se queda solo.

Pero el hombre que al buey sin pena imita,

Buey vuelve a ser, y en apagado bruto

La escala universal de nuevo empieza.

El que la estrella sin temor se ciñe,

¡Como que crea, crece!

Cuando al mundo

De su copa el licor vació ya el vivo:

Cuando, para manjar de la sangrienta

Fiesta humana, sacó contento y grave

Su propio corazón: cuando a los vientos

De Norte y Sur virtió su voz sagrada,

La estrella como un manto, en luz lo envuelve,

Se enciende, como a fiesta, el aire claro,

Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,

¡Se oye que un paso más sube en la sombra!

 

Dame el yugo, oh mi madre, de manera

Que puesto en él de pie, luzca en mi frente

Mejor la estrella que ilumina y mata.

 

 

Por REDH-Cuba

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