El Primero de Enero de 1994, en el balcón del antiguo Ayuntamiento de la Ciudad Heroica, Santiago de Cuba, una mujer negra impresionaba hasta la conmoción al Comandante en Jefe Fidel Castro, con la declamación del poema “Venceremos” del poeta comunista Manuel Navarro Luna.

Era la primera vez, que en público, se recitaba ese contundente poema. Al decir de Fidel, era un canto hablado para el combate, la resistencia y un fértil aliento para aquel pueblo y sus amigos del mundo, que no se resignaban a entregar las banderas de la Revolución, la Independencia, la Solidaridad internacionalista y el Socialismo y sus conquistas, sin hacerle pagar un alto precio, quizás impagable al imperialismo triunfalista y hegemónico, que borracho por la debacle del modelo este-europeo de construcción socialista, el autodescalabro de la URSS y encumbrado en un mundo más injusto y unipolar, pretendía destruir por todas las vías posibles a la Revolución cubana.

Cuatro elementos sobresalen del contenido del discurso y su contexto; en primer lugar había terminado1993,  “… sin duda, el año más difícil de la Revolución, pero lo hemos atravesado con dignidad y con valentía”. Pero en 1992 se había recrudecido oportunistamente el Bloqueo económico, financiero y comercial con la Ley Torricelli. No se debe olvidar, que dos años antes de esa genocida medida, el país (Cuba) había perdido en un año el 85% de sus mercados comerciales y su PIB se desplomaba en un 35% en pocos meses como consecuencia de la traición al Socialismo en el este de Europa.

En segundo lugar,  Fidel, como antes Martí, recuerda en momentos difíciles afloran los flojos, los débiles e incapaces de resistir y luchar contra las adversidades, y que lo más recomendable es que los flojos se aparten: “Fácil es —como hemos dicho otras veces— ser revolucionarios en tiempos fáciles, lo que no resulta fácil es ser revolucionarios en tiempos difíciles. Los que aquí nos reunimos somos revolucionarios de tiempos difíciles. Estos son los abanderados del 68 y del 95; son los abanderados del Moncada y del «Granma»: «¡Y de todos los tiempos!»; son los abanderados de aquellos que fueron capaces de hacer de nuestra patria lo que la patria es hoy; son los abanderados de los que tuvieron confianza en su tierra y en su pueblo; son los abanderados de los que tuvieron confianza en el hombre, en el valor de los hombres y en el heroísmo de los hombres”.

“Tiempos difíciles ha atravesado a lo largo de la historia nuestro país, pero nunca contó con un contingente tan numeroso de hombres y mujeres con una cultura revolucionaria tan elevada, y de hombres y mujeres con una cultura revolucionaria tan profunda y tan sólida. Por ello los débiles no podrán nunca desalentarnos, por ello los débiles no podrán nunca desmoralizarnos. Saldremos adelante como hemos salido de otros momentos difíciles, y saldremos adelante de este, que es el momento más difícil de nuestra historia. Lejos de perder el ánimo, sintámonos orgullosos de ser testigos y ser partícipes de estas páginas en la historia de nuestra patria”.

En tercer lugar, deja claro para los revolucionarios que el enemigo que enfrentamos es el más poderoso, jamás existido en la Tierra, pero también el más criminal, hipócrita, cínico y descarado que haya conocido la especie humana. De ahí el mérito histórico, que nunca buscó Cuba, sino que le reservó la Historia por su capacidad de resistencia y lucha antimperialista: “¿Contra qué luchamos? Luchamos contra el imperio más poderoso de la Tierra, cuando el campo socialista y URSS se derrumbaron y el bloqueo imperialista, con sentido de repugnante oportunismo, se ha hecho más riguroso y más brutal contra nosotros. Es que nos quieren rendir a toda costa, es que no pueden soportar que haya en el mundo un país con el honor, la dignidad y el valor de nuestro pueblo. Es que no pueden soportar que un país como el nuestro resista frente a los mandatos de la potencia hegemónica, ante la cual tantos y tantos hoy inclinan la frente. Es que no pueden resistir que seamos abanderados de las ideas más justas, de las ideas más nobles, de las ideas más humanas. Sí, porque debemos decirlo de manera categórica: No ha habido revolución más noble ni más humanitaria que la Revolución Cubana, cuyo comportamiento, desde el momento en que respetamos los primeros prisioneros del Moncada hasta hoy, 35 años después del triunfo (hoy son 67 años), no tiene una sola mancha; ha sido intachable nuestra conducta en todos los aspectos, y no podrán encontrar otro proceso político más limpio que el nuestro”.

Y continuaba argumentando sobre los gobiernos y personeros vasallos y mercenarios abyectos del continente latinoamericano y caribeño, siervos y sumisos del Amo Imperial: “Es verdaderamente increíble que quienes fueron aliados de los que en este hemisferio desaparecieron decenas y decenas de miles de gente, de los que solo en Centroamérica fueron aliados y sostén de quienes asesinaron a cientos de miles de personas, la mayor parte de ellas desaparecidas, los que fueron aliados de los racistas sudafricanos, los que destruyeron con su guerra sucia la revolución en Nicaragua, los que invadieron países pequeños para imponer sus intereses y sus leyes, los que saquean al mundo, traten de mancillar la limpia y honorable historia de la más pura de las revoluciones, lo cual podemos proclamar a voz en cuello: la Revolución Cubana”. Para concluir la idea ratificando la invariable e intraicionable posición cubana de defender valores y principios en los que creemos: “Nosotros sabemos que defendemos esos valores y todos los demás mencionados en la noche de hoy, puesto que sabemos que hacemos la cosa más noble y más justa del mundo; por eso tenemos fuerza y por eso tenemos energía para resistir y para luchar”.

Y el cuarto y último momento a destacar de tan vigente intervención, es ratificar la disposición personal y de este pueblo, a defender hasta las últimas consecuencias, las obras e ideas por las que lucharon millones de cubanas y cubanos, dentro y fuera de Cuba:

“A pesar del trágico destino que espera a los pueblos del Tercer Mundo, del saqueo y la explotación cada vez mayor que se vislumbra, debemos ser lo suficientemente fuertes, lo suficientemente tenaces y lo suficientemente capaces, no solo para vencer los obstáculos particulares que sobre nosotros cayeron al desplomarse el campo socialista y hacerse más riguroso el bloqueo yanqui, sino para ser capaces también de vencer los obstáculos objetivos del mundo de hoy”.

“Tengo confianza, compañeras y compañeros, de que seremos capaces; y ustedes también tienen confianza, compañeras y compañeros de Santiago, y revolucionarios de toda Cuba, ¡de que seremos capaces!”

“Esta es la hora, compañeras y compañeros, en que deberemos convertirnos en un pueblo de gigantes y que cada uno de nosotros sea un gigante, que todos unidos hagamos muchos gigantes: ¡gigantes como José Martí, gigantes como Antonio y José Maceo, gigantes como Carlos Manuel de Céspedes, gigantes como Máximo Gómez, gigantes como Ignacio Agramonte, gigantes como Mella, gigantes como Abel Santamaría y Frank País, gigantes como Camilo y el Che!”.

“¡Seamos capaces, como aquel Primero de Enero de 1959, de enfrentarnos a todas las dificultades que veíamos delante! La dificultad mayor estuvo, sin duda, en que había un mundo dominado por un imperio, y si no todo el mundo, había un continente totalmente dominado por un imperio; ese imperio le salió al paso a la Revolución, ¡pero no ha sido capaz de destruirla, no ha sido capaz de poner a nuestro pueblo de rodillas, no ha sido capaz y no será capaz de vencernos!”.

“Si algo podemos mostrar hoy como la más grande proeza que ha escrito el pueblo cubano, y muy pocos pueblos en el mundo a lo largo de la historia, es haber sabido enfrentarnos a ese imperio, es haber sido capaces de resistir 35 años a ese imperio, que debe conocer que defendemos valores muy sagrados y esperanzas muy grandes, a las cuales no renunciaremos jamás y con las cuales los revolucionarios estamos dispuestos a marchar hasta la tumba, como muy bien dijo Maceo aquella vez: Si es que no perecen en el empeño, los que intenten apoderarse de Cuba”.

10 años y cuatro meses después de esa convicción, ante más de un millón de personas se despidió del Emperador de turno del Imperio terrorista, como lo hacían los gladiadores en la Arena:

“Puesto que usted (refiriéndose a George W. Bush) ha decidido que nuestra suerte está echada, tengo el placer de despedirme como los gladiadores romanos que iban a combatir en el circo: Salve, César, los que van a morir te saludan. Sólo lamento que no podría siquiera verle la cara, porque en ese caso usted estaría a miles de kilómetros de distancia, y yo estaré en la primera línea para morir combatiendo en defensa de mi patria”.

“En nombre del pueblo de Cuba,

Fidel Castro Ruz”

Esa es también la suerte y determinación de los millones de cubanos patriotas, revolucionarios e internacionalistas en este 2026, ante las pretensiones, amenazas y agresiones del Emperador Naranja, Donald Trump y su alter ego de destrucción Marco Rubio.

 

 

 

 

 

Por REDH-Cuba

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