Para todos los tiempos podemos levantarnos con Cuba, Venezuela, la América y el mundo
En las actuales circunstancias en que se encuentra el mundo, llegados al momento más crítico de la ya larga ruptura de la pax americana, declarar que a Estados Unidos solo le queda como “solución” para Cuba entrar y destrozarlo todo, no es una bravuconada más de su habitual beligerancia. Tanto el estado actual de megalomanía del señor presidente de los Estados Unidos, el poder ilimitado que las propias leyes de su país le conceden, como el desespero por continuar ejerciendo indefinidamente ese poder, elecciones mediante, presentan la frase como una amenaza concreta y factible. No es, tampoco, un alarde que el negociador utiliza buscando posición de ventaja, según las viejas y consuetudinarias tácticas que este señor empresario ha utilizado a lo largo de su vida. La matriz de que sería otra supuesta “operación quirúrgica”, sin afectación para la población cubana, se ha estado desplegando de inmediato entre la hornada de acólitos que a cualquier precio mendigan su carta de ciudadanía estadounidense. La resistencia que intentan poner los congresistas está aún lejos, demasiado lejos, de garantizar que su propuesta se establezca como normativa y, después, que sea cumplida; más bien es otro resorte para que ese poderío ilimitado busque alternativas y modos de blindarse a corto plazo.
Es cierto —y las reacciones propias de la megalomanía lo han delatado—, que ninguna sanción, ningún bloqueo, ninguna medida extraterritorial, ilegal y hasta de piratería y robo de patrimonio ajeno, ha conseguido doblegar a la Cuba revolucionaria, ni a la Venezuela chavista, bolivariana, que Nicolás Maduro dignifica. La nula estimación por la vida del otro se demuestra incluso en el hecho de considerar como un evento imponderable el asesinato de una ciudadana estadounidense, madre de dos hijos, poeta, por una presunta violación de tránsito, como antes la policía había ultimado a un señor negro en un arresto violento. En última instancia, si es que el repudio y el activismo consiguen un escaño importante en la campaña mediática, se sacrifican peones de ese poder ilimitado y se continúa la agenda de preponderancia, tal como ha ocurrido hasta el momento.
Las fuerzas movilizativas cubanas han de estar, por tanto, en alerta objetiva, en llamado inmediato. Ya estamos todos los días en peligro de que se ordene una invasión armada, con un pretexto cualquiera, eso carece ya de valor, como ha quedado demostrado en el caso de Nicolás Maduro y Cilia Flores, prisioneros de guerra, en efecto. Para todos los tiempos podemos levantarnos con Cuba, Venezuela, la América y el mundo, o, como esos renegados que compran su carta de ciudadanía con sumisas consignas y un vil desprecio por su patria, inclinar la cerviz ante el emperador.

