Primero de sus padres, luego del estudio y asunción ética consciente del profundo humanismo martiano, y redondeado desde la teoría y la práctica, vivida y creadora, del marxismo-leninismo, el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, se convenció de que no habría justicia verdadera para los seres humanos, en Cuba y en el mundo, si no existía plena dignidad en ellos.
La base de esa dignidad humana es la salud y la educación, que son a su vez los principales pilares de toda la cultura civilizatoria humana.
Es conocida la historia que refiere que un estudiante preguntó a la antropóloga estadounidense Margaret Mead, cuál fue el primer signo de civilización en la Humanidad. “El alumno y sus compañeros esperaban que Mead hablara del anzuelo, la olla de barro o la piedra de moler. Pero no. Ella dijo que el primer signo de civilización en una cultura antigua fue un fémur que alguien se fracturó y luego apareció sanado”. Mead explicó que, en el reino animal, si te rompes una pierna, mueres, pues no puedes procurar comida o agua ni huir del peligro, así que eres presa fácil de las bestias que rondan por ahí. Y ningún animal con una extremidad inferior rota sobrevive el tiempo suficiente para que el hueso se suelde por sí sólo. De modo que un fémur quebrado y que se curó evidencia que alguien se quedó con quien se lo rompió, y que le vendó e inmovilizó la fractura. Es decir, que lo cuidó.[1]
No sé si Fidel conocería esta historia, pero sí sabemos que su esencia la defendió. Para que el ser humano despegara de su condición primitiva, salvaje y animal, tenía que emanciparse culturalmente y eso solo llega con educación y con cuidado a la salud.
“¡Adelante, abanderados invencibles de tan noble profesión, demostrando que todo el oro del planeta no puede doblegar la conciencia de un verdadero guardián de la salud y de la vida, listo para marchar a cualquier país donde se le necesite, y convencido de que un mundo mejor es posible!”. Así concluyó su histórica intervención en la graduación de los primeros médicos de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM).
Formar (educación y ética humanista) a los galenos que ponderen la vocación de cuidar y salvar vidas, en cualquier rincón del mundo; a cualquier persona sin distinción social, racial, sexual, económica, religiosa, ideológica o territorial y sin ánimo de lucro, solo con la profunda satisfacción de cumplir el deber sencilla y naturalmente, como preconizó Martí, era el más caro de los sueños posibles de Fidel.
La historia de Cuba, es también la historia de una solidaridad inquebrantable con otras naciones del mundo. Y entre ellas, destaca la colaboración médica internacional cubana, que cuenta 66 años, de los 67 de la Revolución en el poder.
La Revolución cubana no necesitó ser potencia médica para ofrecer lo que tiene en el campo de la salud o en otros terrenos socioeconómicos. Tan temprano como el año 1960, se envió una brigada médica de emergencia y varias toneladas de equipos e insumos a Chile, tras un devastador terremoto que cobró miles de vidas. Salvador Allende, entonces senador de ese país, quien acompañó a dicha brigada, expresó: «Vi los camiones pasando por las calles de La Habana y vi la generosidad anónima de aquellos que entregaban lo que se necesitaba, algo mucho más valioso que lo que ofrecen los países ricos”.
El 17 de octubre de 1962, durante el acto de inauguración del Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas «Victoria de Girón», Fidel anunció al pueblo cubano la decisión del gobierno de brindar ayuda en el campo de la salud, afirmando: «… y por eso nosotros, conversando hoy con los estudiantes, les planteábamos que hacen falta 50 médicos voluntarios para ir a Argelia, para ir a ayudar a los argelinos. Y estamos seguros de que esos voluntarios no faltarán. ¡Cincuenta nada más! Estamos seguros de que se van a ofrecer más, como expresión del espíritu de solidaridad de nuestro pueblo con un pueblo amigo que está peor que nosotros. Claro, hoy podemos mandar 50, dentro de 8 o 10 años no se sabe cuántos, y a nuestros pueblos hermanos podremos darles ayuda; porque cada año que pase tendremos más médicos, y cada año que pase más estudiantes ingresarán en la Escuela de Medicina; porque la Revolución tiene derecho a recoger lo que siembra y tiene derecho a recoger los frutos que ha sembrado».[2]
Fue así, que aquel 23 de mayo de 1963 se considera el inicio de la Colaboración Médica Internacional Cubana, con el envío de la primera brigada a Argelia, compuesta por 55 colaboradores que prestaron sus servicios durante un año. Nacía de ese modo la intachable hoja de servicios médicos y de colaboración internacional de salud, que tanto ha prestigiado a la Revolución cubana, que tanto orgullo le proporciona a nuestro pueblo y que tantas vidas ha salvado de manera humana y desinteresada en el mundo.
Desde entonces, más de 600 mil colaboradores han brindado su ayuda en 165 naciones a lo largo de 63 años. No se puede soslayar que nuestros colaboradores han salvado vidas en la selva amazónica, en las montañas pakistaníes, a temperaturas de menos cero grados, en los calurosos y agrestes parajes del pueblo saharaui, de Timor Leste, y hasta en Qatar, con temperaturas de más de 40 grados y hasta 51 grados en la sombra. Cuba ha tenido personal de salud en la Guerra de Vietnam contra el agresor imperialista, en los 16 años de misiones militares internacionalistas en África, sobre todo en Angola; nuestros colaboradores de la salud han permanecido, hasta que las condiciones lo han permitido, en zonas con conflictos bélicos como en Iraq, Siria, Libia, Haití, entre otros.
Un momento significativo resultó la creación del Programa Integral de Salud, implementado tras el paso de los huracanes Mitch y George por Centroamérica, basado en el modelo de Atención Primaria de salud. Un programa que transformó la colaboración médica caribeña y fue seguido por la creación de algunas experiencias inolvidables como “Barrio Adentro”, en Venezuela, y la “Operación Milagro”, que permitió devolverles la visión a muchas personas de bajos o nulos ingresos monetarios, a través de 3.3 millones de cirugías oftalmológicas. De otra manera seguirían en la oscuridad ocular y social.
En 2005, luego de los daños provocados por el huracán Katrina en Estados Unidos, Cuba creó, por idea del Comandante en Jefe, el Contingente Henry Reeve, con una cifra superior a los 10 mil profesionales dispuestos a cooperar. Este contingente también desempeñó un papel crucial durante la epidemia del ébola en África Occidental (Sierra Leona, Guinea-Conakri y Liberia), en 2014, cuando llegaron 256 colaboradores en los Estados afectados. Cuba se convirtió en el único país que prestó ayuda en composición de brigadas permanentes, aunque estuvo presente la OMS y otras naciones, pero por breve tiempo. Sobre la base de nuestra experiencia se logró concentrar la enfermedad en esos tres países sin que se extendiera a más regiones.
Una vez decretada la pandemia de la COVID-19 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 15 de marzo de 2020 salieron los primeros colaboradores (asesores fundamentalmente) hacia Venezuela para compartir las pocas experiencias que se tenían en esos instantes.
Cuba trazó su estrategia de colaboración médica internacional y desde ese momento partió otra brigada a Lombardía, Italia, donde estaba el epicentro de la enfermedad.
A inicios del 2022 se completa la brigada 58 en 42 naciones para combatir la pandemia, que también marcó la historia de la cooperación médica internacional que Cuba ha ofrecido al mundo.
En febrero de 2023, dos potentes terremotos, de magnitud 7,8 y 7,5, respectivamente, dejaron miles de muertos y una enorme devastación en Turquía y Siria. En menos de 48 horas se conformó una brigada con 32 colaboradores cubanos con el fin de contribuir a salvar vidas y ayudar a la recuperación de las víctimas.
Una huella particular de nuestra colaboración médica o ha sido en la hermana República Bolivariana de Venezuela. Allí un poco más de 150 mil profesionales de la salud cubanos han prestado su apoyo en la misión médica en Venezuela, la segunda cooperación más grande de la Isla después de la de África.
Venezuela ha ido mejorando los indicadores de mortalidad infantil, en los menores de cinco años y en la materna; y se ubica entre los primeros siete países de las Américas con mayor esperanza de vida, con 74 años, cuando antes de la Revolución bolivariana era de apenas seis décadas.
En sólo tres lustros ha ido eliminando las enfermedades transmisibles gracias al programa de inmunización que cuenta con 15 vacunas, entre ellas, contra el papiloma virus, el neumococo, el rotavirus y la varicela.
Asimismo, está eliminando la oncosarcosis, disminuyendo la lepra y la lesmania, y desde hace cinco años no hay casos de fiebre amarilla, pero tienen que enfrentar las enfermedades no transmisibles, como en Cuba, derivadas por malos hábitos dietéticos, falta de ejercicios físicos, exceso de comidas con grasas y sal, y el consumo de alcohol, que son problemas del primer mundo, advirtió.
El cuadro de salud fue mejorando progresivamente en estos 16 años y la Misión Médica cubana ha llevado la atención primaria de salud allí, donde toda la medicina que brinda al pueblo es gratuita.
Desde hace 13 años, cuando surgió Barrio Adentro en 2003 por idea de Fidel y Chávez, se han ofrecido 700 millones de consultas y realizado más de dos millones de operaciones por cirujanos cubanos. Sobrepasan los dos millones de cirugías de la vista mediante la Misión Milagro, y han salvado la vida a más de un millón 800 mil venezolanos.
El futuro médico venezolano lo están creando los cubanos, y ya se han graduado allí 18 mil Médicos Integrales Comunitarios y hay 30 mil en formación. En dos o tres años más sumarán 50 mil doctores formados con profesores y programas cubanos en las instalaciones de Barrio Adentro, además de los más de mil graduados en la ELAM que trabajan allá.
Ese va a ser el aporte fundamental de Cuba, dejarle una juventud creada con un médico comunitario, con su mirada hacia los pobres, hacia la medicina preventiva, y por eso nos tenemos que sentir orgullosos de todo lo que hace la Revolución Bolivariana y la Misión Médica Cubana allí.
Venezuela tiene siete mil 800 consultorios médicos con una población de 30 millones de habitantes, y cinco millones de colombianos que viven y no están censados.
En resumen, los médicos cubanos han atendido a más de 2 300 millones de personas en el mundo, han realizado 17 millones de intervenciones quirúrgicas y han ayudado a nacer a más de 5 millones de niños y niñas. Además, se estima que 12 millones de vidas han sido salvadas gracias a su modesta, humanista y desinteresada labor. Ningún esclavo, ningún explotado, ningún mercantilizado, hubiera podido realizar tamaña entrega de amor hacia ser humano y toda la humanidad.[3]
Estos datos, las millones y conmovedoras historias de vidas alrededor de los números, pero sobre todo la infinita obra de amor, destrozan cualquier calumnia y blasfemia inmoral que se pretende colgar como bandera bochornosa en la inhiesta asta de la solidaridad médica cubana.
A pesar de la feroz, hipócrita y cínica campaña de desprestigio de la colaboración médica cubana con el mundo, a pesar de que determinados gobiernos de América Latina y el Caribe se pliegan a las presiones fascistas y chantajistas del Gobierno dictatorial norteamericano, muchos líderes, pero sobre todo los humildes pueblos de América Latina y el Caribe, así como de Asia y África, cuyos países se benefician de este servicio humanitario, han reconocido los resultados desinteresados y sobresalientes que mejoran sus respectivos sistemas de salud y la vida de las personas.[4]
En la ya citada primera graduación de la ELAM, el Líder Histórico de la Revolución cubana sentenció: “Cuba está formando en este momento más de 12 mil médicos para el Tercer Mundo, con lo cual realiza una contribución al bienestar de esos países cuyo valor asciende a más de tres mil millones de dólares estadounidenses. Si forma o contribuye a formar cien mil médicos de otros países en diez años, su aporte equivale a 30 mil millones de dólares estadounidenses, a pesar de ser Cuba un país pequeño del Tercer Mundo bloqueado económicamente por Estados Unidos”.
“¿Dónde está el secreto? En el hecho real de que el capital humano puede más que el capital financiero. Capital humano implica no sólo conocimientos, sino también ―y muy esencialmente― conciencia, ética, solidaridad, sentimientos verdaderamente humanos, espíritu de sacrificio, heroísmo, y la capacidad de hacer mucho con muy poco”.[5]
Dijo Calderón de la Barca, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son; pero en Fidel, los sueños inspiran y con su voluntad quijotesca, luchó 71 años consecutivos para convertirlos en invencibles realidades junto al noble, solidario, humano y heroico pueblo cubano.
Notas:
[1] Fernando García. https://www.lavanguardia.com/cultura/20201014/484039920907/el-reto-primer-signo-civilizacion-humanidad.html 14/10/2020
[2] MSc. Dra. Patricia Alonso Galbán. https://www.smcsalud.cu/blog/servicios-medicos-cubanos-1/60-anos-de-solidaridad-medica-el-invaluable-legado-de-la-colaboracion-internacional-cubana-en-salud-63
Especialista de Comunicación de la CSMC, S.A.
[3] Entrevista de la ACN al Dr. Luis Estruch Rancaño. https://www.adelante.cu/index.php/es/bloqueo-a-cuba/5357-sin-embargo-bloqueo-es.html
[4] https://misiones.cubaminrex.cu/es/articulo/impacto-de-la-colaboracion-medica-cubana
[5] Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, en el acto con motivo de la primera graduación de la Escuela Latinoamericana de Medicina. Teatro “Carlos Marx”, 20 de agosto de 2005. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2005/esp/f200805e.html
