El actual régimen de EE.UU. no quiere comprender, como le ocurrió a una decena de sus predecesores, que el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, y el General de Ejército, Raúl Castro, nacieron para vencer y no para ser vencidos.
Desde muy jóvenes y el inicio de sus luchas guerrilleras por la verdadera soberanía de la isla caribeña, los hermanos de sangre y convicciones no pudieron ser derrotados, y cuando tuvieron algún revés lo convirtieron en victoria.
Enfrentaron y derrocaron a las poderosas tropas del dictador Fulgencio Batista, financiadas por Washington, y luego del mismo triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959, dieron al traste con cuanta agresión fue orquestada en territorio de EE.UU.
Destacan las victorias en la invasión mercenaria de Girón, en 1961, la Crisis de Octubre, en 1962, y la lucha solidaria que dirigieron y protagonizaron junto a miles de sus compatriotas en defensa de las causas justas en África, las cuales condujeron a la independencia de Angola y Namibia, y el fin del Apartheid en Sudáfrica.
Ejemplos de los triunfos del Fidel y Raúl durante casi siete décadas frente al imperio del norte son innumerables, no solo en el campo militar, sino también en los político y diplomático.
El cruel bloqueo impuesto por EE.UU. a Cuba, a principios de la década de los años 60 de la pasada centuria, nunca ha conseguido rendir a los habitantes de la isla, confiados siempre en los invictos Fidel y Raúl.
La comunidad internacional ha reiterado su condena en todos los foros globales, incluida la Asamblea General de la ONU, a esa política criminal de Washington que ha tenido el único propósito asfixiar al decano archipiélago caribeño.
Hoy, la administración del mandatario Donald Trump arrecia el cerco con un bloqueo energético total, amenaza al mismo tiempo con una invasión castrense a Cuba y pretende enjuiciar al General de Ejército.
Trump y el anticubano secretario de Estado, Marco Rubio, realmente no conocen al pueblo de la mayor de las Antillas, que está presto a repeler cualquier acción contra Raúl.
Se equivocan si planean repetir una eventual operación como la que perpetraron en Venezuela recientemente, porque de seguro recibirán una respuesta contundente.
No tengan duda de ello. Cuba es Cuba, Raúl es Raúl y Fidel es Fidel. A los invictos se respetan.
