Unas doscientas personas se reunieron días atrás en Washington para pedir intervención militar en Cuba. La mayoría emigrantes que se marcharon tras los años noventa, después de haber disfrutado de una educación de calidad y una asistencia de salud de primer orden, ambas gratuitas. Varios son conocidos asalariados que actúan como operadores de propaganda injerencista en la soberanía cubana. Si aceptamos que los allí presentes fueron convencidos de que la solución a la crisis inducida en que vivimos está en el bombardeo, la masacre y los juicios selectivos, para reducirnos de nuevo a neocolonia, tendríamos que aceptar que la tendencia anexionista consigue aún acólitos, aunque estos sean minoritarios.

Pocos, pero fuertes en agitación y propaganda y más fuertes aún en aplicar medidas represivas severas sobre quienes manifiesten criterios diferentes o reconozcan cualquier logro evidente de la Revolución. Controlan sectores importantes de opinión, bombardean con propaganda falsa, conclusiones ideológicas sesgadas y tergiversaciones burdas a un segmento de la población cubana que no adquirió el alto nivel educacional al que tiene plena posibilidad de acceso, y sobre todo socavan en el subconsciente marginal del lumpen proletario, cumpliendo su rol de asalariado útil a la potencia que busca dominar el planeta y sus recursos naturales. Representan además una tendencia extremista que allana el camino a los centristas que encubren su entreguismo bajo presuntas reconciliaciones con criminales y torturadores que evadieron la justicia y mantienen su lobby autoritario desde el sur de La Florida. Desde allí inciden en la política estadounidense, presionando para mantener el bloqueo e incrementar sucesivos paquetes de medidas que obstruyan las soluciones a las que Cuba acude para paliar sus efectos, hasta llegar a este punto de claro genocidio en el que ahora estamos.

“Los saltimbanquis que salieron a pedir que nos masacren están dispuestos a apoyar cualquier capricho, cualquier antojo o payasada de quien paga y manda”.

Mientras falsas noticias se difunden como opinión pública, un escarceo anexionista de este tipo podría presentarse como tendencia aceptable en el panorama político cubano, de ahí que sirva de pretexto para que Estados Unidos convoque a una conferencia a puertas cerradas en Naciones Unidas, previo a una votación que Cuba ha mayoreado por años. Y hay doble fondo en esto: es, sin duda, una minoritaria tendencia que brota ante la asfixia inducida, pero no es aceptable. ¡No puede haber negociación, ni diálogo posible, con el anexionista!

Algunos colegas han reaccionado tomándolos por bufones ambulantes y restan importancia a su alharaca. Este rechazo en cierto modo lógico, inmediato, supone que por su propio peso caerán y les concede un margen de tiempo valioso en las actuales circunstancias que transforman a la opinión pública en un caos vertiginoso de variables anodinas. Pero no es admisible conceder “ni tantito así” a la tendencia anexionista. Ningún futuro de Cuba ha de preverse bajo el dominio económico, cultural e ideológico de los Estados Unidos. Sepultaríamos el legado martiano si así fuera. Renunciaríamos, también, a la dignidad fidelista que nos emancipó.

“ (…) Son mercaderes de reparto que aspiran a su cuota de ingresos económicos, con su dosis de fama pasajera, y sordamente trabajan para conseguirlo”.

Los saltimbanquis que salieron a pedir que nos masacren están dispuestos a apoyar cualquier capricho, cualquier antojo o payasada de quien paga y manda. Nada les importa un concepto de soberanía nacional que se presenta demasiado abstracto para su capacidad intelectual o, cuando la capacidad intelectual sí les alcanza, demasiado costoso en entrega y sacrificio por la patria. Son mercaderes de reparto que aspiran a su cuota de ingresos económicos, con su dosis de fama pasajera, y sordamente trabajan para conseguirlo.

Esa esencia perversa no le resta importancia a su estrategia. Tomarla en serio nos ha de preparar para no ser sorprendidos por las secretas maniobras que detrás de su alboroto se perfilan, como se han perfilado desde el mismo siglo XIX cuando fueron captando a los separatistas emigrados que tras la independencia detentarían cargos de poder. Con la revolución socialista estas maniobras se han incrementado, y se han sofisticado. Nos urge estar atentos y anticipar, con honradez y eficacia, la necesaria influencia en la conciencia popular, en los profesionales, científicos, deportistas y artistas cuya dignidad no depende solo de mejores salarios, sino también del reconocimiento simbólico raigal que la ciudadanía les otorgue por su obra, más allá del incremento de las cuentas bancarias y la acumulación de propiedades.

Es un llamado a la alerta que hoy juega en Kimbe y Cuarta.

Por REDH-Cuba

Blog del capítulo cubano de la Red en Defensa de la Humanidad

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