4F. La revolución de Hugo Chávez cumple 30 años. La autodeterminación popular resiste las necesidades del sistema global. Por Luciano Vasapollo

El 4 de febrero de 1992 fue el punto de partida de la Venezuela Bolivariana. Todo comenzó con la Operación Zamora, encabezada por el comandante Hugo Chávez Frías y un grupo de sus camaradas dentro de las Fuerzas Armadas, conocido como Movimiento Bolivariano Revolucionario 200. Y treinta años después del inicio del camino de un pueblo socialista, el país celebra el Día Nacional de la Dignidad.

“La rebelión militar venezolana de 1992 -comentó el comandante Chávez- era inevitable, así como la erupción de los volcanes; una rebelión de este tipo no está decretada, y por eso quiero transmitir un recuerdo eterno a los jóvenes soldados y civiles de las rebeliones del 4 de febrero de 1992 y del 27 de noviembre de ese año que pasarán a la historia…”.

Un orden “multipolar y policéntrico” está hoy en día en desacuerdo con el diseño geoestratégico del capital global. La persistencia de profundas divergencias, por no hablar del estado real de sometimiento económico, productivo y financiero de los países víctimas del colonialismo y del imperialismo, se identifica frecuentemente con el particularismo, con explicaciones que aluden a las diferencias étnicas, culturales, naturales, religiosas, no muy diferentes en sustancia del discurso ideológico condenado por Gramsci en la “cuestión del Sur”, pero absolutamente desprovistas de todo fundamento material y económico. Las divergencias que existen en el análisis de los marxistas sobre este punto, en esencia, reflejan un retraso en enfocar la lucha anticolonial como un momento de la teoría general del modelo de producción capitalista.

El análisis del sistema mundial, de la actualidad del intercambio y del desarrollo desigual, de la gestión de las relaciones económicas e internacionales a través de la polarización, procede de una importante escuela de investigación y teorización sobre el tema, representada por Amin, Jaffe, Frank, Bettelheim, Wallerstein y el propio Giovanni Arrighi. Es en el surco de esta tradición y de su continuidad donde se desarrolla y se renueva la perspectiva del semidesplazamiento como el de Venezuela bolivariana con los principios de la revolución chavista a partir de 4F con sus caracterizaciones sociales, económicas y politicas que determinan los principio de ALBA; y en Europa, representada por el ALBA euroafromediterráneo, elaborado conceptual y programáticamente desde hace años por CESTES (Centro de Estudio de la Unión Sindical de Base Italia). De forma clarividente, esta tradición ha identificado la contradicción fundamental entre los centros globales y las periferias, por lo que, utilizando las palabras de Frank: la historia muestra que el capitalismo, el imperialismo están inexorablemente entrelazados, a pesar de las transformaciones y cambios producidos por el desarrollo del movimiento histórico.

Si tenemos en cuenta una realidad tan compleja, es evidente que la cooperación Sur-Sur es necesariamente difícil de llevar a cabo, pero siguen siendo un imperativo, sobre todo si analizamos, como hizo Amin, las contradicciones y los retos que tienen y deben afrontar algunas regiones de Nuestra América y del Sur global.

Por lo tanto, una nación soberana como Venezuela bolivariana que actúe sobre la base de una auténtica autodeterminación popular no debe adaptarse a las necesidades del sistema global (que entonces reflejan las necesidades de las naciones dominantes), sino que debe trazar su propio curso y obligar al sistema a adaptarse a sus propias necesidades nacionales. Por lo tanto, es prioritario que los países desarrollen su propio aparato productivo y creen un sistema en el que la política domine la economía con un enfoque en el bienestar de los ciudadanos y no que la economía dicte el ritmo de la política.

Además, el eurocentrismo es un concepto fundamental si se reflexiona sobre la crítica marxista de la literatura pos-colonial, de hecho. Hosea Jaffe está de acuerdo con este punto de vista crítico, pero también plantea la cuestión de que el materialismo histórico está excesivamente, tradicionalmente, ligado a Europa, y que sin duda debe ofrecer una visión universal lo antes posible, y así pensar en abandonar una visión eurocéntrica.

Si observamos la actual situación mundial marcada por la crisis pandémica, no podemos centrarnos solo en la Unión Europea, China y los BRICS, sino que debemos ampliar nuestro horizonte a las experiencias de desprendimiento y transición al socialismo en América Latina, donde la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América es determinada por los principios de 4F.

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