La violencia hacia las mujeres bajo “la nueva normalidad”. Por. Georgina Alfonso González

 

La primera celebración del 8 de marzo en 1911 despertó la participación política de las mujeres en el espacio público luchando por sus derechos a una vida digna. Luego de un año intenso de manifestaciones y debates políticos a favor del derecho al sufragio de las mujeres, Rosa Luxemburgo pronuncia su discurso-manifiesto sobre la plena emancipación de las mujeres y expresa:

“El actual enérgico movimiento de millones de mujeres proletarias que consideran su falta de derechos políticos como una flagrante injusticia es señal infalible, de que las bases sociales del sistema imperante están podridas y que sus días están contados…”[1]

El escenario del mundo actual muestra cada vez más la imposibilidad de vivir humanamente. Estamos ante una crisis global que acentúa las características opresoras, explotadoras, excluyentes y depredadoras del capitalismo. El retorno a la llamada ¨nueva normalidad ¨ postpandemia será a un mundo más desigual, insano, inculto, violento y pobre.

El capitalismo sigue siendo el sistema hegemónico mundial. Y la violencia patriarcal está imbricada en todas sus formas de dominación y se expresa en:

  • la apropiación de los resultados del trabajo de las mujeres y su subjetividad;
  • la división de los espacios y tiempos públicos (hombres) y privados (mujeres);
  • la violencia contra las mujeres y el control de sus cuerpos (placer, sexualidad y maternidad);
  • la ausencia de reconocimiento y remuneración al trabajo doméstico y de cuidados;
  • la inequidad en las responsabilidades sociales, laborales y familiares;
  • las desigualdades en los espacios de representación y toma de decisiones.

Con la  violencia, el sistema de dominación capitalista se apropia y despoja al ser humano y a la naturaleza de su condición de dueños de las riquezas que producen. La apropiación de todas las riquezas materiales y espirituales es resultado de un complejo proceso de consolidación de relaciones sociales de dominación (patriarcal, racista, colonialista) que se justifican por la ganancia, la competencia y el interés propio. Las personas que no aceptan estas normas del orden son expulsadas violentamente del orden y son condenadas a una existencia de pobreza y exclusión.

La pandemia Covid 19 hizo evidente la incapacidad del sistema capitalista para  garantizar la sostenibilidad de la vida. Y ante tanta violencia, nos preguntamos: ¿Encontraremos alternativas viables al capitalismo neoliberal?, ¿Cuál será el precio que pagarán los pueblos por una vida digna?, ¿Cómo sustituir el orden violento de convivencia por otro solidario y justo?, ¿De qué manera las mujeres dejamos de ser víctimas de violencias? ¿Cómo construir la paz?

La comprensión del capitalismo como un sistema de opresión facilita el análisis integral de la violencia como prácticas de dominación, lo cual permite entender los desafíos de la emancipación.

Las razones de la violencia capitalista están imbricadas en las formas de dominación que sostienen la apropiación privada del capital. La dominación capitalista se expresan en múltiples formas de violencias: económica, político-ideológica, sociocultural, ecológica, simbólico-mediática y de los saberes. Estas múltiples formas de violencias  se apoyan unas a otras e integran en un único y hegemónico sistema de dominación que acentúa la contradicción capital-vida.

 La violencia económica es la más visible y aparenta ser única. El continuo proceso de acumulación de riquezas por medio de la compulsión de las personas al trabajo asalariado bajo la violencia y desposesión de su subjetividad es la esencia económica del capitalismo. Es un proceso cosificador totalmente incompatible con la sostenibilidad de la vida. La violencia hacia las mujeres se incrementa en época de crisis, los trabajos domésticos y de cuidados son los más subvalorados quedando en mano de las mujeres sin reconocimiento económico.

Esta agudización de la contradicción capital-vida bajo los efectos de la pandemia provoca tensiones constantes entre el Estado, la familia, la comunidad y el mercado, las cuales se tienden a solucionar de forma violentas en detrimento de las mujeres. El sistema de opresión capitalista desvaloriza, esclaviza y explota a las mujeres cuyos trabajos invisibilizados han sido el sostén de la humanidad.

La opresión económica no es suficiente para garantizar la maximización de las ganancias capitalistas.

Una mayor acumulación de capital necesita tener el control de la soberanía, la autonomía y las libertades individuales, de grupos, clases y la sociedad. La violencia político-ideológica desde los poderes públicos garantiza la acumulación del capital. Su primer interés es dividir a los sectores progresistas y populares, mientras consolida los intereses del bloque hegemónico burgués.

Los poderes políticos recurren a la violencia de identidades usando la segregación y discriminación por diferencias de clase, género, etnia, raza, orientación sexual, generacional, entre otras.

La necesidad del capital de reproducir valores y modos de vidas a escala internacional para erigirse con poderío absoluto, afianza la opresión sociocultural con formas de violencias más sofisticadas: La expropiación de la capacidad de crítica y de creación de las personas.

Los valores, las ideas, los deseos, los proyectos de vida, la cultura y la espiritualidad se absorben para la producción de capital. El sistema capitalista defiende una supuesta pluralidad cultural cuando lo que realmente ocurre es la imposición de valores culturales hegemónicos. Por esta razón, desata una guerra frontal con los movimientos sociales (de mujeres, por la diversidad sexual, antirracistas, ambientalistas, de trabajadores y trabajadoras, entre otros) que defienden sus valores, derechos y reconocimiento a la identidad.

El capitalismo pone al límite la relación vida o muerte. La violencia ecológica muestra el interés del capitalismo por la privatización de los bienes comunes y naturales. El cuidado y la sostenibilidad de la vida se sustituyen por modelos de progreso y prosperidad depredadores.

Las armas, los desechos tóxicos, las energías sucias,  la contaminación del agua y el aire, los alimentos transgénicos sin nutrientes, destruyen la vida a escala planetaria. La robótica, las computadoras, las máquinas de control disminuyen el tiempo de trabajo y son una amenaza permanente para las condiciones de vida. La violencia ecológica aumenta la pobreza y la miseria en gran parte del planeta.

Estas formas múltiples de violencia se esconden tras símbolos que se vuelven seductores, cautivadores, provocan placer y dan sensación de poder en las personas. La violencia simbólica se apoya en los saberes. La violencia desde el conocimiento y los saberes refuerza el colonialismo desde posiciones elitistas, patriarcales, racista y androcéntrica. Desde el lenguaje y los discursos se impone el conocimiento dominante, lo cual cierra las posibilidades de diálogos entre saberes y conocimientos diversos.

Todos los elementos del sistema de opresión del capital se naturalizan de forma violentas y pasan a ser sentido común cotidiano, lo cual hace muy difícil que la crítica emancipadora se asuma como posibilidad de cambio social.

Hoy la explotación capitalista se esconde en un enjambre de relaciones con el fin de acaparar toda la capacidad humana y natural para crear y renovar la vida. El capitalismo se reacomoda y se reinventa con más violencia para salir de las crisis.

Nuestras luchas contra cualquier forma de violencia son partes de la gran lucha contra el sistema de opresión capitalista. Rompiendo el silencio y el aislamiento mostramos el potencial político de las mujeres y ampliamos los espacios de luchas anticipando la posibilidad de una nueva fase de la civilización humana: feminista, antirracista, ecologista y solidaria.

Nota:

[1] Dunayevskaya, Raya.  Rosa Luxemburgo. La liberación femenina y la filosofía marxista de la Revolución.  Fondo de Cultura Económica, México, 1985. Pag 194

 

Georgina Alfonso González, Doctora en Filosofía. Espacio feminista “Berta Cáceres”. Directora del Instituto de Filosofía, Cuba

 

 

 

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