
El 12 de enero de 1980 yo estaba en Brasil, ese día corrió una noticia en primera plana y a 8 columnas de la Folha de Sao Paulo: Raúl Castro dispara a Fidel y mata a Celia Sánchez. En una violenta disputa por el poder Raúl le disparó a su hermano y Celia se interpuso resultando muerta al instante. Una noticia inverosímil y totalmente falsa que sin embargo recorrió el mundo. Raúl siempre estuvo en la mira de los diferentes organismos norteamericanos como un personaje clave a desmitificar. Bien conocidas son las dolosas afirmaciones del disidente Carlos Franqui quién culpó a los “comunistas estalinistas” Raúl y Ernesto Guevara de la “desviación” de la línea política inicial nacionalista y liberal de la revolución. Una tras otras se acumularon las falacias sobre el “militar implacable y eterno pro-soviético”, dogmático y conservador a final de cuentas.
No en balde profetizó Lina Ruz, su madre, que “ese sí (Raúl) nunca traicionará a su hermano” seguramente cuando dolorosamente se enteró de las declaraciones de su hija menor Juanita en Miami. Y tuvo razón doña Lina, Raúl discreto, firme como uno de los cedros de su natal Birán, constante y determinado, no ha aflojado el paso en la defensa y resistencia de esa enorme revolución que protagonizaron.
Por el contrario, la gran mayoría de los cubanos lo ha escuchado cuando lanza rápido bromas y comentarios picantes, lo que los cubanos llaman “un jodedor”, con un sentido del humor muy fino. Hay una famosa anécdota que él siempre contaba, cuando logró encontrarse con Fidel de nuevo tras el desastre del desembarco, y después de todo un interrogatorio cruzado para garantizar la seguridad, lo primero que Fidel le preguntó fue: cuantos son y cuántos fusiles traes… tres fusiles traía Raúl, entonces “3 tuyos más 2 míos ¡ya ganamos la guerra!… en ese momento yo pensé: Fidel se volvió loco”, pero no, en realidad ganaron la guerra.
Raúl recuerda aquella caminata durante la cual Fidel le propuso abrir el II Frente Frank País, “escoge 50 hombres armados para esta misión. Yo me volví loco de contento y me puse a trabajar”. También se incorporó Piñeiro, para montar el aparato de inteligencia. Salieron del campamento Pata de la Mesa y recorrieron 200 peligrosos kilómetros, en once días. Llegaron el 11 de marzo de 1958. El trabajo que organizaron desde la Sierra Cristal en un territorio de 12mil km-cuadrados, fue una verdadera avanzada del porvenir revolucionario. Una región bastante poblada, con una moderna planta de Nickel, varias fábricas, grandes latifundios norteamericanos, la United Fruit Company (UFCO)y muchos núcleos campesinos pobres. Se crearon Comités Campesinos Revolucionarios que apoyaron el abastecimiento y acciones del Ejército Rebelde; se organizaron comisiones de educación, de propaganda, de justicia y agraria, producción de refacciones y armamento y se realizó el primer Congreso Campesino en Armas; tomaron cuarteles, el aeropuerto de Moa, derribaron aviones, desmantelaron bandas de delincuentes. A raíz del constante apoyo que desde la base naval de Guantánamo se daba a la dictadura, apertrechando con todo tipo de bombas sus aviones, que realizaban frecuentes bombardeos sobre la población civil, Raúl determinó la “operación antiaérea” y la Orden Militar n.30 que mandataba capturar a ciudadanos norteamericanos para impedir los bombardeos y denunciar la cruel injerencia yanki; se lograron capturar 49 entre empleados de la UFCO y las compañías mineras, también cayeron 20 marines. La audaz decisión tuvo enormes repercusiones. Al final de la guerra, dice Raúl que fue el 26 de enero de1959, “uno de los días más felices de mi vida”: se casó con Vilma Espin esa bella muchacha, valiente y determinada que se integró al IIFrente.
Imposible dejar de reconocer el papel de Raúl consolidando y al frente de las Fuerzas Armadas en tantos momentos cruciales de la defensa de la Isla: invasión de Girón, Crisis de Octubre, acciones terroristas constantes, plagas, bloqueo, explosiones, atentados, el más famoso y dañino al vuelo de Cubana desde Barbados que destrozó a 73 personas, muy especialmente desde el colapso del campo socialista, cuando las agencias pronosticaron la inevitable caída de la revolución. Un país en asedio constante por el solo hecho de empecinarse en ser independiente y libre.
A toda esta larguísima lista es imprescindible recordar y añadir el papel de Raúl al frente del gobierno, cuando inició una serie de transformaciones sistemáticas que apuntaron a construir un socialismo próspero y sostenible. En ello fueron claves el IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, que apuntó a una reforma constitucional que diversificara las formas de propiedad y de gestión económica, creando los Consejos de Populares de desarrollo local, se abrió la inversión extranjera y se reestructuró el sistema empresarial. De donde se decantaron los llamados “Lineamientos” aprobados por la Asamblea Nacional mediante consultas públicas. El espíritu de constructor que inició y fructificó en el IIFrente adquirió una envergadura imprescindible al correr de los años revolucionarios para enfrentar las feroces medidas que se imponen hoy a Cuba, la isla que sigue siendo, con su bravío pueblo junto con Raúl, una vital utopía en nuestras esperanzas como humanidad.
Tatiana Coll. Socióloga, Profesora- investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional, profesora de la UNAM y articulista de La Jornada.
