Raúl Castro y los vientos de la historia. Por Gabriela Cultelli

Al menos para los nacidos en esta región, América Latina, Raúl Castro se sabe y siente como hijo de los tiempos. Su historia es la historia de la Región, atraviesa el tiempo. Y a la historia y al tiempo nuestro, no lo acusa ni secuestra ningún imperio por gigante que sea.

Rememorando tiempos y lecturas, apoyándonos en los escritos de Katiuska Blanco, encontramos una finca en las zonas Orientales de una Isla Rebelde, Biran de 1931, a un año de estallar y repercutir con toda sus fuerzas la crisis económica mayor del siglo XX. Nacía Raúl justo allí donde también se aplica la polémica frase y de discutida autoría, pero sin dudas mexicana: “Tan lejos de Dios y tan cerca de los EEUU”. Tiempos en que se manejan cifras de desempleo relativas a una cuarta parte de la fuerza de trabajo, en que las economías de monocultivo y mono exportación como las nuestras fueron arrasadas y en Cuba con la caída del precio del azúcar y sus cantidades exportables, el desempleo fue masivo, arreciando el hambre, que un par de años después, culminara con la caída de la tiranía de Machado. Raúl Castro nació en tiempos en que las economías coloniales no volverían jamás a ser las mismas, ni tampoco la fuerza de trabajo que las sustentaba.

Capaz que en ello se asientan los primeros relatos de infancia que pueden leerse por ejemplo en “Raúl Castro, un hombre en Revolución” de Nokolai S. Leonov. El hecho de convivir y compartir en aquella finca con los pobres de estas tierras. “Allí era donde se podía ver la miseria en toda la extensión de la palabra Los únicos niños que pudieron continuar los estudios, después de la escuela primaria, fueron mis hermanos y hermanas. Los demás muchachos iban a la escuela un año o dos o nunca iban” (Raúl Castro, conversación con Katiuska Blanco tomado de N.S. Leonon ob.cit.). De Birán, aquella finca, no solo salen algunos fusiles viejos para el asalto al cuartel Moncada, en Birán parece se que sembrara la semilla.

La América Latina entera comenzó a tomar otros desafíos, se entrelazaron procesos de industrialización inconclusa y dependiente. Ya para los años 40 nuestra composición social era algo diferente, La propia crisis y cerramiento de mercados en tiempos de la segunda guerra mundial y la guerra de Corea, resultaron en una suerte de protección casi espontánea para las importaciones y con ellas a la propia producción naciente. Fueron tiempos también de populismos y dictaduras después. En Europa a la par del derrocamiento de la Alemania Nazi y el fascismo, los pueblos empujan una serie de revoluciones constituyéndose incluso el campo socialista, que llegó a albergar a unos 400 millones de personas (URSS, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía, Bulgaria y la República Democrática Alemana). Las imágenes de los horrores del Fascismo y la guerra, atravesaron toda una juventud que se alzaría en el mundo por la Paz y contra el fascismo. Allí estaba Raúl Castro, su compromiso militante desde muy joven, aquella plaza Lídice que desde la Universidad de La Habana recuerda al pueblo checo destruido por el fascismo, las reuniones con juventudes de otras partes del mundo, ya en plena guerra fría, que sin dudas enriquecieron aquel espíritu martiano y antiimperialista, sus primeras lecturas encomendadas por Fidel (“La familia, la propiedad privada y el Estado”), y la inquietante necesidad de cambio.

En los años 50, sobrevino la crisis de aquellos modelos de industrialización inconclusa y dependiente, una vez que Europa se sobrepone del descalabro de la guerra.

En Cuba, y para Raúl Castro, fueron los tiempos del asalto al cuartel Moncada, la prisión, el exilio, el Granma, las gestas heroicas de la Sierra Maestra, desde Alegría de Pío hasta Segundo Frente ya ante su comandancia. Vilma Espin no puede separarse ni del contexto ni de Raúl, y esa imagen que hoy podríamos llamar como “nuevas masculinidades”, que de alguna manera, y al lado de quien coordinó desde su nacimiento la FMC (Federación de Mujeres Cubanas), algo asi como la compañera símbolo de las luchas por la liberación de la mujer, nos habla de un hombre “deconstruído” en opresiones patriarcales típicas de esas épocas, de un revolucionario en el sentido más amplio de la construcción social, capaz también de asumir, en este sentido , os nuevos roles de los tiempos venideros y en construcción.

Raúl en Girón es la imagen del fusil en alto siempre junto a Fidel, también en los difíciles momentos de la crisis de octubre. Pensar en Raúl Castro es sencillamente pensar en la Revolución Cubana. Los duros años de la década de los 60, una América Latina con guerrillas por doquier. Eran tiempos de crisis del modelo industrializado, eran tiempos que reclamaban transformaciones profundas.

Nos tocó vivir en Cuba los años del exilio, de aquellas dictaduras feroces del Cono Sur, un poco antes y un poco después (agosto de 1972- octubre de 1989), y si una sola palabra nos pidieran para describir a Raúl Castro, tal vez sería “Confianza”, o aquel con el que nos sentirnos segura/os en lo cotidiano, esa confianza revolucionaria tan contradictoria y apacible.

Raúl Castro no solo estuvo unido a la defensa de una Revolución asediada desde sus inicios por el imperio más omnipotente de la historia, el Yanqui, aquel que moldeó al mundo a su antojo unipolar a partir de la década de los 90 con la caída del Campo Socialista y la URSS. Raúl Castro, fue también parte de la construcción y reestructuración económica necesaria a partir de aquellos hechos, que volvieron a levantar a la Isla. Primero junto a Fidel, luego y tras la enfermedad de su hermano mayor, bajo su liderazgo sereno e indiscutible en una Cuba que se seguía revolucionando permanentemente por el bienestar de las y los más humildes.

Raúl Castro en definitiva es un compañero de la historia, de esa tan nuestra, anticolonial, antimperialista y con sueños socialistas. La acusación que hoy le hace el imperio carece de total sustento jurídico, más allá de lo que implica la justificación mediática de una invasión, en los hechos es una amenaza militar en si misma. Podía ser esa que dieron los reyes de inventar excusas, o podría ser otra. Se trata del principio goebeliano de “simplificación y del enemigo único”, o del “método de contagio” o de “exageración y desfiguración” o de cualquiera de sus otros 8 restantes principios de la propaganda Nazi (11 en total), hoy tan en boga. Porque al igual que al principio, Raúl Castro es sin dudas un guerrero antifascista.

 

Gabriela Cultelli, Economista, asesora, investigadora y docente uruguaya. directora MateAmargo, Coordinadora del capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad y del colectivo feminista de la REDH «Libertadoras».

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