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Opinión

El progresismo como vía de retorno al capitalismo salvaje. Carlos Medina Viglielm

¿Cómo es que se pueden perder decenios de conquistas sociales a manos de gobernantes inescrupulosos que vuelven a ejercer el poder directamente, dirigentes de verdaderas organizaciones para delinquir, que en la mayoría de los casos debieran estar tras las rejas e inhabilitados de por vida como políticos, responsables de tantas tragedias humanas, de tanto acto de corrupción, de tanto acto de represión a la clase trabajadora?


Fuente: Blog del autor

Varios de los países del Cono Sur americano, Uruguay, Argentina, Chile y Brasil, han sido administrados por períodos más o menos cortos, por gobiernos denominados  progresistas, en mayor o menor medida, considerados “de izquierda”.

Los líderes de esos gobiernos se dieron el lujo incluso, de tomar cierta distancia con el poder hegemónico norteamericano, lo cual dio como para decir que los yanquis ya no decidían en su “patio trasero”.

Algunos de esos gobiernos tuvieron éxitos relativos en cuanto a la distribución de la riqueza. Tanto Argentina como Brasil disminuyeron fuertemente sus poblaciones en estado de pobreza e indigencia y además, y en particular en Argentina, la Justicia investigó y procesó a muchos criminales que habían cometido delitos de Lesa Humanidad en los tiempos de los regímenes de Facto de las décadas de los ’70 y ’80 del siglo pasado.

El término “progresista” fue adoptado oportunamente por veteranos dirigentes de izquierda que quisieron tomar distancia del llamado “socialismo real” o el comunismo, tras la debacle de la Unión Soviética. Muchos partidos comunistas, tal vez el caso más notorio sea el del Partido Comunista italiano, cambiaron de nombre. El PCI pasó a llamarse Partido Democrático de Izquierda a finales de los ’80, (lo de democrático había que remarcarlo), para finalmente llamarse Partido Democrático. De ese partido se produjo una escisión de veteranos comunistas que se autodenominó Partido de la Refundación Comunista (1991).

En Uruguay el progresismo llegó a la coalición de izquierdas, de la mano de un político moderado de derechas “reconvertido”, Rodolfo Nin Novoa, que integró la fórmula presidencial junto al empresario médico oncólogo Tabaré Vázquez, fórmula (Frente Amplio – Encuentro Progresista), que triunfó en las elecciones de noviembre de 2004.

La utilización del término “progresismo”, acabó confundiendo a gran parte de la gente que equiparó “progresismo” con izquierda, cuando en realidad fue una corriente política presentada como de “Centroizquierda” e iniciada en 1999 por el norteamericano Bill Clinton y el británico Tony Blair (¡Tremendos izquierdistas!!)

La primera “Cumbre progresista” de Latinoamérica se realizó en Viña del Mar, Chile, en marzo de 2009 y a ella asistieron los mandatarios de Chile, Michelle Bachelet, Argentina, Cristina Fernández, Brasil, Lula da Silva, Uruguay, Tabaré Vázquez, Reino Unido, Gordon Brown, España, José Luis Rodríguez Zapatero y Noruega, Jens Stoltenberg, así como el vicepresidente de los EUA, Joe Biden.

El gobierno progresista de Cristina Fernández dio paso al gobierno del millonario corrupto de Mauricio Macri, el gobierno de Lula da Silva (y Dilma Rousseff), fue tumbado por el corrupto de Michel Temer mediante un “golpe blando”, la presidenta de Chile Michelle Bachelet acaba de perder el gobierno en beneficio del pinochetista Sebastián Piñera y los uruguayos (y el continente), se preguntan quién puede tomar el gobierno de Uruguay después del  ”progresista” Tabaré Vázquez. El candidato con más posibilidades es al parecer Luis Lacalle Pou, un petimetre de la ultraderecha (Partido nacional), hijo del ex presidente Luis Alberto Lacalle, amigo personal de Augusto Pinochet y gran admirador del caudillo Franco.

¿Cómo es que se puedan perder decenios de conquistas sociales a manos de gobernantes inescrupulosos como los mencionados, que vuelven a ejercer el poder directamente, dirigentes de verdaderas organizaciones para delinquir, que en la mayoría de los casos debieran estar tras las rejas e inhabilitados de por vida como políticos, responsables de tantas tragedias humanas, de tanto acto de corrupción, de tanto acto de represión a la clase trabajadora? Hay que empezar por asumir que el Imperio no descansa. Todo está bien dirigido desde el “norte revuelto y cruel que nos desprecia”. A eso hay que agregar la despolitización masiva y el dominio casi total que tienen las derechas de las nuevas tecnologías y los medios de comunicación.

Cuando la coalición “progresista” llegó al gobierno de Uruguay en el 2005, hubo quienes sostuvieron (entre ellos quien suscribe), que la coalición, que ya había mostrado “sus hilachas”, a lo sumo, podría bien administrar el capitalismo. Tabaré Vázquez, que se enoja con facilidad, respondió airado que esas no eran sus intenciones, después de haber prometido que su gobierno haría “temblar las raíces de los árboles”. ¿Qué habrá querido decir con eso?

Al igual que hicieron casi todos los gobiernos “progresistas”, la coalición de izquierdas Frente Amplio en Uruguay dejó intactas las principales estructuras capitalistas. En el olvido quedaron las consignas de los inicios de la coalición de “nacionalización de la banca” o de “reforma agraria”. Lo más importante y protegido para el gobierno del FA ha sido la inversión privada y, en particular, la inversión extranjera. El ex dirigente guerrillero José Pepe Mujica llegó a decir en su período de gobierno y refiriéndose a los inversores privados, que “hay que proteger la gallina de los huevos de oro”. Parece que los que habíamos pensado que “la gallina de los huevos de oro” eran los trabajadores, estábamos equivocados.

Así que, lo adelantado por algunos -para disgusto de Vázquez-, se cumplió con creces. Un 10% de las tierras productivas de Uruguay pertenecen a empresarios extranjeros que la ocupan en el monocultivo de soja o de eucaliptus; se va camino a la instalación de otra súper fábrica de pasta de celulosa cumpliendo con todas las condiciones impuestas por una empresa finlandesa y se ha comenzado a ignorar la voluntad popular de no privatizar las propiedades estatales, como el agua de los ríos y arroyos, habiéndose privatizado la energía eólica.

Hay un detalle no menor. En tiempos en que transcurría la campaña electoral al final de la cual Vázquez ganaría las elecciones, el dirigente frenteamplista nominó para la Cartera de Economía, al artífice de la política económica que ha llevado adelante la coalición durante los tres períodos de mandato del FA, el contador Danilo Astori, estando Vázquez de visita en los Estados Unidos de América.

Hay un segundo detalle el cual provoca temor: Además de no haber tocado las principales estructuras capitalistas, el FA tampoco tocó las estructuras de los defensores del sistema capitalista: las Fuerzas Armadas. La protección política del FA para con las Fuerzas Armadas tiene además un ingrediente muy doloroso: Cada vez que pueden, los oficiales al mando se manifiestan seguidores de aquellos que cometieron crímenes de Lesa Humanidad en el período de facto y ocultan la información -eso también está protegido-, respecto al destino que le dieron a los detenidos desaparecidos.

¿Gobernar para qué?

Cuando la derecha recupera el mando por medio de “elecciones libres” o por golpes de Estado hoy llamados blandos, no se contenta con eso. A Temer en Brasil no le ha bastado con llegar al gobierno y gobernar en beneficio de las clases altas parasitarias. Su “equipo de gobierno” ha impuesto la “desregularización del mercado laboral”, con el fin de profundizar el nivel de explotación hasta llegar a una esclavitud apenas disimulada.

Por su lado Macri impulsa a sangre y fuego (literalmente), una reducción del pago de jubilaciones que empujará a la indigencia a millones de argentinos. Y ya el mandamás argentino anuncia medidas similares a las impuestas en Brasil en el mercado de trabajo. El éxito de la imposición de estas medidas está dado por una gendarmería que sigue los manuales de represión israelíes. Macri además le ha dado facilidades al Imperio a instalar sus bases militares. Posiblemente Temer haga lo propio. Los sueños de paz de Sudamérica se ven cada vez más comprometidos.

¿Qué es lo que puede hacer el gobierno de Uruguay entre los dos gigantes donde los derechos de las clases trabajadoras retroceden violentamente? A los propietarios del capital, no les alcanza con que la “coalición de izquierdas” haga una buena administración. También pretenden la administración misma, la dirección del Banco Central, del Banco República, de la Dirección General Impositiva, de la Dirección General de Aduanas, de todo aquello que les pueda posibilitar beneficiarse a sí mismos y a los “correligionarios” de sus partidos.

¿Fácil o difícil? La ”izquierda” tradicional, se ha convertido a lo sumo en una socialdemocracia, que por estrechez ideológica, por sectarismo, por comodidad, por creer haber llegado al poder cuando apenas ocupó unas butacas en el Parlamento, o simplemente por traicionar a los ideales, ha facilitado mucho el regreso de la derecha al gobierno durante todos estos años. Lo acabamos de ver el domingo pasado en Chile.

Al abandonar la lucha ideológica, esos dirigentes, han servido en bandeja de plata nuestras naciones al imperialismo. Vendrán tiempos difíciles y muy posiblemente cruentos. Es dudoso que  esas viejas “izquierdas” estén capacitadas para salir del trance o tengan voluntad de hacerlo. Llegado el momento además, posiblemente justifiquen la derrota diciendo que “es buena la alternancia”.

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