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Opinión, Venezuela

La última ratio. Por José Vicente Rangel

1 El plan para liquidar al proceso bolivariano en Venezuela, cuya iniciativa es de los gobiernos de Estados Unidos, Unión Europea y mandatarios cipayos de Latinoamérica para acabar con la soberanía e independencia de países que adelantan cambios sociales y políticos de avanzada, entró en su fase final. Ya las máscaras cayeron al suelo y los promotores de la aventura actúan con singular desparpajo. Dejaron de lado los escrúpulos principistas de los cuales alardeaban a diario como, por ejemplo, el respeto a los gobernantes electos por la voluntad popular, la no intervención en los asuntos internos de las naciones, la libertad y exaltación de los derechos humanos.

2 Desde hace 20 años Venezuela es objeto de un acoso excepcional. De una casería inusitada, sostenida en el tiempo y con múltiples expresiones: bloqueos financieros y económicos; conspiración permanente; desconocimiento de elecciones libres; golpes de Estado; sabotaje de la industria petrolera; terrorismo, guarimbas, e, incluso, intentos frustrados de magnicidio. Los gobiernos de la V República no han tenido un solo instante de tregua de parte de factores internos y de agresiones provenientes del exterior. Porque la verdad es que no existe precedente alguno en la historia de las conspiraciones contra gobiernos legítimos de la región, de una concertación tan estricta de grupos nacionales e internacionales que trabajan con la sintonía que caracteriza a los sistemáticos ataques contra Venezuela.

3 Pero lo cierto es que Venezuela y el proceso bolivariano resultaron un hueso duro de roer. La “conspiración permanente” ha tenido, en frente, una sólida “resistencia permanente”. La alianza de la ultraderecha que agrupa al imperio, la oligarquía y la gran burguesía, ha topado con la alianza “Pueblo-Fuerza Armada Nacional Bolivariana”. Todos los esfuerzos hechos por la alianza de la derecha nacional y mundial, fueron derrotados de manera contundente, tanto los intentados a través de la vía electoral como los que pretendieron derrotar a la revolución bolivariana con la violencia: golpe de Estado militar, insurrección popular, terrorismo. Todos los intentos terminaron en fracaso; lo cual significó que, progresivamente, cundiera en el ánimo de los conjurados la desesperación y el convencimiento de que no puede haber golpe militar sin militares e insurrección popular sin pueblo.

4 ¿Qué alternativa le queda a la mafia, al imperio, a la ultraderecha, a la oligarquía, luego del fracaso en todos los terrenos, tanto en el armado y violento como en el institucional y electoral? Una vez agotadas todas las fórmulas, con una militancia disminuida y frustrada, y con una dirección desacreditada al máximo por el cúmulo de errores en que ha incurrido, ¿qué hacer ahora? Inclusive, luego del fracasado magnicidio del 4-A en la avenida Bolívar y del retruque desolador que esa cobarde acción ha tenido, ¿cuál es la fórmula a emplear?

5 O mejor, ¿qué queda en el arsenal criminal de los factores que integran el frente de la contrarevolución? En apariencia, casi nada. Pero no nos engañemos: sí queda la carta privilegiada, que no es otra que la invasión del país. La intervención mediante una fuerza militar que siempre ha figurado en la lista de recursos. Y no lo escribo para revelar secretos. Porque la agresión internacional siempre fue concebida como la “última ratio”.

6Si se observa con atención el cúmulo de declaraciones de las últimas semanas de gobernantes y jefes militares norteamericanos; de figuras destacadas del frente nacional e internacional que se ha formado contra Venezuela, uno se encontrará en todas ellas la mención, directa o indirecta, a la intervención. Unas veces advirtiendo que se trata de un recurso planificado en detalle, cuando su origen es una fuente castrense de EEUU, o bien de un propósito intervencionista disfrazado con la máscara de “ayuda humanitaria”.

7 Sin duda que la cama está hecha. Los planes están listos. La argumentación que justificaría la agresión, sólidamente apuntalada en un barraje mediático bestial, como siempre ha sido la característica a través de la historia, de episodios similares. Todo lo cual obliga a tomar conciencia, por parte del gobierno, del pueblo y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, de la gravedad de las circunstancias.

Laberinto

Jueces de Venezuela ¿Tienen atributos para juzgar a nuestro país aquellos que adelantan una campaña feroz para descalificar a las instituciones forjadas al calor de la Constitución más democrática del mundo, para tildar de dictadura a una nación con profundos avances sociales y respeto a la libertad? Desde luego que no. Pero amparados en la impunidad -y en la cobertura que les da la potencia norteamericana-, avanzan en la consumación de una aventura miserable. Personajes como Temer, presidente de Brasil, golpista y corrupto; como el argentino, Macri que en dos años y medio en la Casa Rosada, quebró al país, a miles de empresas, lanzó al desempleo a millones de trabajadores y está envuelto en numerosos negocios sucios; como el chileno Piñera, colaborador de Pinochet y negociante empedernido que no distingue entre lo privado y lo público; o como los siniestros personajes del gobierno peruano, casi todos con amplios prontuarios policiales; o el gobierno ecuatoriano en manos de un reconocido traidor; o la narco Colombia, primera productora de droga del mundo, la de los Uribe, los Santos y los Duque, un trío de políticos depredadores y verdugos de su propio pueblo (que se vayan todos al carajo). Porque carecen de estatura ética y moral para colocar en el banquillo a Venezuela y a los venezolanos…

¿Qué harán los dirigentes de la oposición ante las elecciones convocadas por el CNE para el 9 de diciembre? Una mayoría aguarda que ocurra una sorpresa que les resuelva el dilema de participar o no en los comicios municipales; mientras que otro sector insiste en considerar que no hay condiciones, que su situación organizativa es precaria y que, además, hacerlo convalidaría a la autoridad electoral severamente cuestionada por el sector. ¿Pero cómo manejarán la política con cada vez menos representación institucional? ¿Volverán al atajo de la violencia?…

¿O es que acaso piensan sus dirigentes que se dará la fatalidad de un golpe o la intervención armada extranjera? No tiene nada de raro que en el mundo de las ilusiones en que viven esos personajes se le asignen posibilidades a esas opciones. Tal percepción, siempre equivocada, ha conducido a la oposición al actual grado de postración. Esperemos los desarrollos inmediatos de la situación…

Dos libros cuya lectura recomiendo, Emblemas de Rebelión y Sueños de Pueblo, del luchador político y embajador Jorge Valero. Quienes lo conocemos y hemos compartido con él luchas y sueños, sabemos de su coraje cívico y elevado nivel intelectual. Detrás de todo cuanto escribe hay sólidos conocimientos y profundas reflexiones. Él sabe conjugar, en uno de estos libros, la historia, la diplomacia, la política; y, en otro, se inspira en una visión optimista que junta la historia con la poesía. Del relato de su experiencia en el oficio diplomático, surge una original mirada que abarca el mundo contemporáneo. Valero es un cultor del debate democrático a partir de la defensa del pueblo y de los cambios sociales…

A los que montaron e indujeron la “operación migrantes” les salió el tiro por la culata. Ahora comienza el retorno con dramáticas revelaciones sobre el engaño de que fueron víctimas.

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