Una reunión clave de miembros del gabinete de la red mundial de espionaje Five Eyes (Cinco Ojos – Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Canadá y Nueva Zelanda) liderada por EEUU, se llevó a cabo en Australia a fines de agosto, un evento que no fue reportado para nada por los medios hegemónicos de comunicación, principalmente porque el representante de Gran Bretaña usó el pretexto del Brexit para disfrazarlo, irónicamente a través de las redes sociales.

El Ministro de Interior de Australia, Peter Dutton, fue el anfitrión de la cumbre. Al frente de las otras delegaciones estaban el Secretario de Seguridad Nacional de EEUU, Kirstjen Nielsen, y el Secretario de Interior del Reino Unido Sajid Javid, junto con el Ministro de Seguridad Pública de Canadá, Ralph Goodale, y el Ministro de Justicia de Nueva Zelanda, Andrew Little.

En la agenda, estos funcionarios de los ‘Cinco Ojos’ increparon a las principales transnacionales tecnológicas por no reunirse con ellos. En adjunto constaba una “Declaración conjunta sobre cómo contrarrestar el uso ilícito de espacios en línea”, que exigía que estas corporaciones de Internet se plieguen y tomen medidas frente a las redes sociales y los algoritmos que producen resultados que no coinciden con el interés del estado.

Las amenazas fueron emitidas en su ausencia. A menos que las compañías tecnológicas cooperen, los cinco gobiernos ahora trabajarán juntos para obligar a las corporaciones a permitir que las fuerzas del orden tengan acceso a los datos privados de los usuarios. “Podemos buscar medidas tecnológicas, de aplicación, legislativas o de otro tipo para lograr soluciones de acceso legal”.

Ya sabemos que estos gobiernos están colaborando con las empresas de redes sociales y motores de búsqueda para implementar restricciones masivas en el acceso a Internet. Pero aquí es donde el Estado y estas corporaciones particulares comienzan a chocar.

Se acerca un ataque al cifrado por parte de los estados. En Gran Bretaña, el gobierno ya ha emitido amenazas abiertas. En la reunión, una declaración sobre la lucha contra el “cifrado ubicuo” señaló la necesidad de abrir el código de las herramientas de “cifrado de punto a punto” supuestamente utilizadas para “actividades terroristas y delictivas”. El estado se ha vuelto tan paranoico que ya no tiene apetito para discutir sobre la importancia del cifrado para las empresas, la banca, las actividades minoristas en línea, la ciberseguridad y otras por el estilo.

La movida que planean los Cinco Ojos es otorgar a las fuerzas de inteligencia y de la policía nuevos poderes para obligar a cualquier empresa, a través de un “Aviso de Capacidad Técnica”, a proporcionar la información requerida por las agencias estatales. En otras palabras, quieren capacidades “de puerta trasera” independientemente de las consecuencias. De concretarse, la realidad es que la encriptación se vuelve inútil.

Estos poderes tendrán un largo alcance, pudiendo afectar a cualquier actividad en línea e irán más allá del cifrado. Según los ministros, se aplicarán a los servicios de mensajería cifrada como WhatsApp, Viber y Telegram, así como a “cualquier entidad que opere un sitio web”. Tales medidas draconianas de censura estatal tienen un solo significado: el gobierno autoritario. Esta trayectoria debería alarmarnos a todos. Ciertamente están alarmados los defensores de la privacidad y los derechos humanos.

Tampoco fue reportada por los medios hegemónicos una reunión donde el Secretario de Defensa del Reino Unido, Gavin Williamson, pronunció este discurso ante el think tank Atlantic Council, en Washington DC, que describe la fortaleza de la relación entre el Reino Unido y los Estados Unidos. Entre otros, declaró que “A medida que buscamos adaptarnos y aprovechar el cambio y trabajar juntos para aprovechar las oportunidades que trae el cambio, necesitamos ese tipo de pensamiento dinámico y creativo”.

“Sé que muchas personas en esta ciudad están nerviosas por los cambios rápidos de la política, el surgimiento de nuevos poderes y el movimiento de las placas tectónicas de la política global. Mi trabajo, como Secretario de Defensa, es asegurar que podamos desarrollar y, si es necesario, implementar el poder duro que sustenta el poder blando de nuestra influencia global. Pero también estamos de acuerdo con la Estrategia de Defensa Nacional de EEUU en que “al trabajar junto con aliados y socios, reunimos la mayor fortaleza posible para el avance a largo plazo de nuestros intereses”, añadió.

 Anexo

La visión militar de EEUU para la censura estatal

Andre Damon, líder del partido por la Igualdad Socialista de Estados Unidos, publicó un artículo en el World Socialist Web Site, donde describe la arquitectura de censura que se avecina en el estado.

En marzo, el Comando de Operaciones Especiales de EEUU, la sección del Departamento de Defensa que supervisa a las Fuerzas Especiales, celebró una conferencia sobre el tema “Soberanía en la era de la información”, que reunió a los oficiales de las Fuerzas Especiales con fuerzas policiales, incluidos funcionarios del Departamento de Policía de Nueva York y representantes de empresas de tecnología como Microsoft.

Esta reunión de los principales representantes militares, policiales y corporativos no fue reportada ni publicada en ese momento. Sin embargo, el Atlantic Council (Consejo Atlántico) publicó recientemente un documento de 21 páginas que resume la orientación de los procedimientos, cuyo autor es John T. Watts, un ex oficial del Ejército australiano y consultor del Departamento de Defensa de EEUU y del Departamento de Seguridad Nacional.

El Atlantic Council, un grupo de expertos (think tank) con vínculos estrechos con los niveles más altos del estado, ha sido socio clave en la censura de las opiniones de la izquierda en las redes sociales. En particular, Facebook actuó ante una sugerencia del Atlantic Council cuando cerró la página oficial de los organizadores de una manifestación antifascista en Washington en el aniversario del motín neonazi del año pasado en Charlottesville.

Confiado en que ninguno de los miles de periodistas en Washington cuestionará, ni siquiera informará, lo que él escribe, Watts narra desde el punto de vista del aparato represivo del estado y la oligarquía financiera que defiende, por qué es necesaria la censura.

El tema central del informe es la “soberanía” o la capacidad del estado para imponer su voluntad a la población. Esta “soberanía”, escribe Watts, enfrenta “mayores desafíos ahora como nunca en el pasado”, debido a la confluencia entre la creciente oposición política al estado y la capacidad de internet para difundir rápidamente el disenso político.

Watts cita el precedente de la invención de la imprenta, que ayudó a derrocar el orden mundial feudal. En la estimación del Atlantic Council, sin embargo, este fue un desarrollo abrumadoramente negativo, que marcó el comienzo de “décadas, y posiblemente siglos, de conflicto y trastornos” y socavó la “soberanía” de los estados absolutistas. “La invención de Internet está creando conflictos y trastornos de manera similar”, escribe Watts.

“La confianza en la sociedad occidental”, advierte, “está experimentando una crisis. El barómetro Edelman Trust 2018 ha rastreado esta erosión, mostrando una caída del 30 por ciento en la confianza en el gobierno durante el último año en los Estados Unidos”.

Watts señala que este colapso de apoyo al gobierno no puede explicarse simplemente por el auge de las redes sociales. Este proceso comenzó a principios de la década de 2000, “en los albores de la era de las redes sociales, pero antes de que se convirtiera en una práctica generalizada”. Quedan fuera del reporte las principales razones del colapso del apoyo popular a las instituciones gubernamentales: la elección robada de 2000, las mentiras del gobierno de Bush sobre las armas de destrucción masiva, la guerra interminable y el impacto de la crisis financiera de 2008.

Sin embargo, mientras es “difícil argumentar que la pérdida de confianza actual se debe únicamente a la aparición de las redes sociales”, Watts señala que “no cabe duda que actuaron como amplificador crítico de tendencias más amplias”.

A continuación indica que la tecnología ha democratizado la capacidad de los grupos e individuos sub-estatales para transmitir una narrativa con recursos limitados y un alcance virtualmente ilimitado. Por el contrario, “en el pasado, el público en general tenía fuentes limitadas de información, que eran manejadas por guardianes profesionales”.

En otras palabras, el auge de las redes sociales sin censura permitió a los grupos pequeños con ideas que corresponden a las de la población en general desafiar la narrativa política de los intereses creados, en pie de igualdad, sin los “guardianes profesionales” de los medios impresos y de difusión tradicionales, que publicitan solo una narrativa pro-gubernamental.

Cuando se transmiten “puntos de vista radicales y extremistas” e “ideas incorrectas” a través de las redes sociales, “incluso pueden influir en los puntos de vista de las personas que de otro modo no simpatizarían con esa perspectiva”, advierte Watts. “Cuando la reenvía un amigo cercano o un pariente, la información falsa conlleva una legitimidad adicional: una vez aceptada por un individuo, esta información falsa puede ser difícil de corregir”.

En otras palabras, las personas deben estar aisladas de las ideas “incorrectas” de sus amigos y familiares, ya que tales ideas son “difíciles de corregir” por parte del estado una vez que se difunden.

Pero, ¿cómo se debe hacer esto? El crecimiento del sentimiento de oposición no se puede combatir con los “hechos” o la “verdad”, porque “los hechos en sí mismos no son suficientes para combatir la desinformación”. La “verdad” es “demasiado compleja, menos interesante y menos significativa para los individuos”.

Por el momento, el crecimiento de la oposición política no puede resolverse simplemente “eliminando” (es decir, matando o encarcelando) a los disidentes políticos, porque esto sólo da legitimidad a las ideas de las víctimas. “Eliminar a esos individuos y organizaciones no será suficiente para combatir la narrativa y, de hecho, puede ayudar a amplificarla”. Agrega que “éste es también el caso de la censura, ya que quienes están detrás de la narrativa pueden utilizar el intento de reprimir el mensaje como prueba de su verdad, importancia o autenticidad”.

Entran en escena las empresas de redes sociales. El mejor mecanismo para suprimir los puntos de vista opositores y promover las narrativas a favor del gobierno es el sector privado, en particular, “los gigantes tecnológicos, incluidos Facebook, Google, YouTube y Twitter”, que pueden “determinar lo que la gente ve y no ve”.

Watts agrega que “afortunadamente, los cambios en las políticas de las plataformas de medios sociales como Facebook han tenido un impacto significativo en el tipo y la calidad del contenido que se transmite”. El sector privado, por lo tanto, debe hacer el trabajo sucio del gobierno, porque la propaganda del gobierno es vista con sospecha por la población.

“Es posible que las empresas y el sector privado no comprendan naturalmente el papel que desempeñan en la lucha contra la desinformación, pero el suyo es uno de los más importantes… Al menos en Occidente, se les ha asignado un papel central debido a la mayor confianza del público hacia ellas, como instituciones”, añade.

Pero esto es sólo el comienzo. Los periódicos en línea deben “considerar la desactivación de los sistemas de comentarios, la función de permitir que el público en general deje comentarios debajo de un artículo en particular“, mientras que las empresas de redes sociales deben “usar un sistema de clasificación similar al utilizado para calificar la limpieza de los restaurantes” para calificar los pronunciamientos políticas de los usuarios.

Las tácticas de mano dura todavía tienen su rol, por supuesto. Al citar el ejemplo del editor de WikiLeaks, Julian Assange, Watts declara que “los gobiernos deben generar consecuencias” por difundir una “desinformación” similar a lo que se filtró sobre “espionaje estatal”, que puede conllevar la pena de muerte.

Lo que Watts describe en su documento es una visión de un orden social totalitario, donde el gobierno, los medios de comunicación y las empresas de tecnología se unen para suprimir los puntos de vista opuestos. El elemento más llamativo del documento, sin embargo, es que no describe el futuro, sino la realidad contemporánea. Todo está en tiempo presente. La maquinaria de censura masiva ya ha sido construida.

El informe del Atlantic Council, basado en discusiones de alto nivel entre los militares y el estado, es una confirmación de todo lo que el World Socialist Website (WSWS) ha dicho sobre el propósito de los cambios en los algoritmos de Internet y las compañías de redes sociales durante el último año y medio.

El 25 de agosto de 2017, el WSWS publicó una carta abierta a Google alegando que la compañía está “manipulando sus búsquedas en Internet para restringir la conciencia pública y el acceso a sitios web socialistas, antibélicos y de izquierda”. Añadió que la “censura en esta escala equivale a crear listas negras políticas”.

Durante el año siguiente, los detalles clave de la carta abierta han sido confirmados indiscutiblemente. En las audiencias del Congreso y en otras declaraciones públicas, las principales compañías de tecnología de EEUU explicaron que redujeron la propagación de opiniones y pronunciamientos políticos que eran blancos de las agencias de inteligencia de EE UU, y lo hicieron en secreto porque temían una protesta pública.

Al mismo tiempo, explicaron los recursos técnicos mediante los cuales promovieron los medios de comunicación que están a favor de los gobiernos y de la guerra, como el New York Times y el Washington Post.

Pero el documento del Atlantic Council presenta la explicación más clara, directa y sin adornos del régimen de censura estatal. La lucha contra la censura es la punta de lanza de la defensa de todos los derechos democráticos.

Traducción FCINA.

Artículo original:

https://truepublica.org.uk/united-kingdom/the-coming-military-vision-of-state-censorship/