Desde hace algún tiempo ando de recorrido por tierras africanas, y en los sitios que he visitado no he dejado de escuchar expresiones de elogios para el bautizado “Ejército Pacífico de Batas Blancas Cubano” que brinda atención médica en la mayoría de los países del llamado continente olvidado.


Por Patricio Montesinos

Cuando comento que en numerosas ocasiones he estado en Cuba, las primeras frases de mis interlocutores son referidas a Fidel Castro, el líder histórico de la Revolución cubana, y seguidamente a los galenos y técnicos de la salud de la mayor de las Antillas, quienes diariamente salvan vidas de miles de personas en los rincones más apartados y pobres de esta región, y del mundo.

Decir doctores cubanos es una frase santificada en África, es sinónimo de admiración, respeto, consagración, humanismo y solidaridad incondicional, entre otras tantas palabras.

Desde los dignatarios hasta los simples ciudadanos de a pie resaltan lo que ha hecho durante 60 años y continúa haciendo Cuba en beneficio del más sagrado de los derechos humanos, el derecho a ser curado para vivir, el cual, por cierto, no es respetado ni mucho menos por algunos actuales o electos gobernantes de diversos países. Obvio mencionar a los santos, perdón a los diablos.

El espíritu internacionalista y solidario que inculcó Fidel a sus compatriotas, y que constituye uno de los mayores legados dejados por el eterno Comandante en Jefe de la Revolución de la nación caribeña, es elogiado a diario en África, pero también en la Patria Grande, incluido el Caribe, Asia y Europa.

Cuba, a pesar del prolongado y cruel bloqueo que aún le impone Estados Unidos, no dejará nunca de brindar atención sanitaria a quienes lo necesiten, ni los pueblos que la reciben permitirán que algún que otro diablo al servicio de Washington intente mancillar la prestigiosa medicina de la mayor de las Antillas.

Son millones de personas en este planeta tierra los que claman por tener siempre cercano a un profesional de la salud cubano, y los que reconocen su altruismo.

Si alguien pretende deshonrar al más invencible de los ejércitos, el de “Batas Blancas de Cuba”, se equivoca, porque es el más noble y humano del mundo, y es precisamente inexpugnable porque su único propósito es combatir y derrotar a la muerte.