Opinión

Cuba y el Día Mundial de la Salud. Por Luis Toledo Sande

Tiempos de pandemia son dolorosamente propicios para apreciar la importancia de la salud, y de quienes –en distintas especialidades, áreas y tareas– contribuyen a cuidarla. El mérito es infinitamente mayor si lo hacen con sentido misional, no con afán de lucro.

El mundo es una suma de comarcas que necesitan integrarse bajo el signo de la cordialidad, no de los intereses que todo lo supeditan egoístamente a cuestión de ganancias. No es necesario soslayar el carácter mundial de la celebración del Día de la Salud para hacerlo desde Cuba, y pensando en ella.

Lo que este país hace para enfrentar, en su territorio y en muchos otros, la enfermedad que se extiende por todo el planeta, no obedece a una superioridad fatal. Responde a su historia y a los sembradores y sembradoras que la han definido. Los frutos llegan hasta hoy, y muestran su potencialidad para seguir creciendo en el futuro.

Solo quienes se empeñen en no ver podrán ignorar la obra permanente de Cuba para bien de su pueblo en áreas de tanta significación humana como la educación y la salud. Ambas están indisolublemente vinculadas, aunque la segunda reclame consideración particular en la efeméride que se le dedica.

Lo alcanzado por Cuba sería impensable sin su afán de construir el socialismo. Basta ver lo que ocurre en otros países, no solo los que han sido subdesarrollados por los más poderosos, sino en estos, llamados ricos, aunque las riquezas se concentran en pocas manos, no en las mayoritarias de quienes trabajan y producen, y sufren.

Cuba podría hacer muchísimo más sin el bloqueo que por seis décadas ya viene imponiéndole la nación más poderosa del mundo. Numerosas voces han exigido que ese acto genocida cese al menos mientras dure la epidemia, y sus intenciones pueden agradecerse, pero hay dos hechos que no cabe ignorar.

El bloqueo es criminal, inmoral e ilegal haya o no haya pandemia. Y los imperialistas no ven en ella precisamente un motivo para levantarlo, sino una posibilidad de que se cumpla el propósito con que lo concibieron y lo mantienen a despecho del rotundo repudio internacional que suscita: destruir a Cuba.

No hay por qué asombrarse de que así actúen quienes han descuidado gravemente la vida de su propio pueblo, y son responsables de que allí la covid-19 cause los estragos que ubican a la gran potencia en el epicentro de la tragedia. Los datos son escalofriantes.

Frente a esa terrible realidad, en la que Cuba estaría dispuesta a ayudar al pueblo estadounidense con sus brigadas Henry Reeve, el mejor modo que ella tiene de honrar el trabajo de la salud es mantener y perfeccionar el sistema con que salva a su pueblo, y contribuye a la salvación de otros. Es un homenaje no solo a una esfera laboral, sino a los más altos ideales humanos.

 

 

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