Los ángeles sagrados. Por Omar Olazábal Rodríguez

Gracias Silvio:

Desde los tiempos más remotos vuelan los ángeles guardianes siempre celosos de sus votos contra atropellos y desmanes
Junto a las cunas infantiles, junto a los tristes moribundos, cuentan que velan los gentiles seres con alas de otro mundo


Ayer, en esta cuarentena flagelante pero obligatoriamente necesaria, un reportaje de un canal de televisión foráneo me estremeció. Resulta que, en varios países latinoamericanos, el personal de la salud es agredido en las calles y se le impide la entrada a mercados a los que tienen que acudir para llevar comida a sus hogares. En una metrópolis de nuestra región, familiares de un fallecido llegaron a un hospital con armas de fuego en las manos con el objetivo de asesinar a los médicos, como si éstos fueran culpables de la pandemia que se llevó a su ser querido.

Duele ver el testimonio de una doctora colombiana a la cual se le impidió el paso a una tienda de víveres. O de otra boliviana que fue agredida en la calle. Hay países donde las denuncias de atropellos contra el personal sanitario alcanzan ya las dos decenas. Y de seguir esta línea ascendente, es posible que veamos noticias muy lamentables mientras nos azote esta epidemia mortal. La falta de información y el egoísmo imperante en muchas de estas sociedades son los caldos de cultivo primordiales de estos incidentes.

Mientras estos tristes acontecimientos nos laceran, en nuestro país cada noche salimos a nuestras ventanas y balcones a darle el más vigoroso aplauso a aquellos, que, alejados de sus seres queridos, batallan día y noche por hacer brillar la esperanza para cada hogar donde hay un familiar infectado por el virus. Hemos llevado el diapasón de nuestro reconocimiento no solo a los doctores, personal de enfermería y de apoyo, sino también a todos los que nos protegen de una manera o de otra desde su labor diaria. Todos, absolutamente todos son nuestros ángeles guardianes.

Y al mismo tiempo, hay ángeles nacidos en nuestra inmensa Isla que vuelan raudos a otros lares donde se hace necesaria su presencia. En momentos como éste, su fidelidad al juramento hipocrático y la nobleza acrecentada por vivir en un lugar donde cada vida humana cuenta, mueven a estos guardianes en el afán de preservar y salvar vidas. Donde quiera que llegan son aplaudidos por aquellos que ven en ellos la esperanza de que, aún en medio del egoísmo globalizante, existen seres que se arriesgan para cuidar de otros.

No importa que sean demonizados por los que, supuestamente, no necesitan de sus servicios, pues sus cuentas bancarias les permiten ser atendidos por ese sistema de medicina estrictamente comercial. O por quienes, incluso sin tener acceso a esos servicios de “lujo”, tratan de justificar sus fracasos en el modo de vida que eligieron atacando a los que no creen en ese “way of life”. Duele ver cómo se desgañitan contra Cuba para tratar de no ver las desgracias que les rodean en el lugar donde viven. Y a veces su impotencia da risa.

Desde altos funcionarios que, al no entender cómo es posible que se solicite nuestra ayuda por otros países, arremeten con amenazas contra éstos, hasta voceros de ínfima categoría moral que acusan a Cuba de todos los males del mundo para que no les critiquen su mal hacer en esta situación de crisis epidemiológica. Es una fauna de demonios que chocan con el escudo moral de nuestros ángeles guardianes. Porque lo que sí es cierto es que se están salvando vidas.  Y nadie podrá negar eso.

Nuestros ángeles son sagrados. Nadie les puede tocar con su odio. Seguirán recibiendo nuestra ovación cada noche, se mantendrán los honores en canciones y vídeos, en los dibujos de nuestros niños, en el saludo en las redes y en el orgullo de nuestros corazones cubanos. Porque esta Isla, pequeña en su tamaño pero grande de alma, sigue creyendo en un mundo que salva vidas y no mata, en un planeta de paz y justicia. Y qué mejores mensajeros que esos ángeles. Los cuidaremos con esmero como ellos nos cuidan a nosotros.

Cierro con ese verso de quién mejor ha definido a los ángeles en nuestro país. Gracias Silvio:

Desde los tiempos más remotos vuelan los ángeles guardianes siempre celosos de sus votos contra atropellos y desmanes
Junto a las cunas infantiles, junto a los tristes moribundos, cuentan que velan los gentiles seres con alas de otro mundo

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