Opinión

Heroísmo. Por Enrique Moreno Gimeranez

Cuentan que las huestes fascistas llamaban en sus diarios de campaña a los soldados soviéticos «gente de hierro», yo los llamaría «héroes». Sepultureros del fascismo y libertadores de la humanidad. Capaces de proezas inimaginables en la defensa de su Patria frente al agresor y en la lucha por la paz en el mundo.

Creía aquel criminal de guerra, llamado Adolfo Hitler, que con la Operación Barbarroja podría dominar por la fuerza en pocos días a un pueblo invencible.

Subestimaba, como hicieron otros en la historia, el patriotismo soviético, que inmediatamente respondió con una Gran Guerra Patria, inmensa por su sacrifico homérico.

La abnegación del Ejército Rojo y de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial ahorró millones de vidas, sufrimiento y barbarie a nuestra civilización. En esos días fueron escritas hazañas imborrables por un pueblo entero.

Aleksandr Matrósov tapó con su cuerpo la aspillera de una ametralladora enemiga, en los combates por el pueblo de Chernushki, una acción que le causó la muerte, pero permitió el avance de su tropa contra la resistencia alemana.

Dmitri Románovich Ovcharenko, miembro de la compañía de ametralladoras del regimiento 389 del 9no. Ejército del Frente Sur, fue atacado y rodeado por dos vehículos con 50 soldados y tres oficiales alemanes. Ese día lo desarmaron, pero con su hacha y granadas, logró neutralizar a 21 soldados germanos y el resto huyó lleno de pánico.

El piloto de combate Alexéi Marésiev fue derribado en territorio ocupado por los nazis. Herido gravemente, logró regresar por sí mismo hasta la zona soviética, tras una travesía de 18 días. Debido a las lesiones sufridas, sus dos piernas fueron amputadas por debajo de las rodillas. Luego de un año de fuertes ejercicios para controlar sus prótesis, volvió a pilotar una aeronave. Fue un «hombre de verdad» que nunca se doblegó, ni ante los ocupantes ni ante la vida, completando en total 86 combates aéreos y derribando 11 aeroplanos alemanes.

El francotirador Vasili Záitsev, en la Batalla de Stalingrado, acabó con la vida de 225 nazis, 11 de ellos francotiradores. Solo mencionar su nombre atemorizaba a las tropas enemigas. Pero, más allá de estas proezas de esos Héroes de la Unión Soviética, numerosos actos anónimos o memorables quedan aún por contar.

¿Qué decir de la hidalguía colectiva de las ciudades de la urss? La invencible Fortaleza de Brest-Litovsk fue la primera gran batalla de la Operación Barbarroja. Un puñado de soldados defendieron, en épica resistencia, durante más de un mes, la fortaleza, atacada desde la tierra y el aire por una división entera del Ejército alemán. «¡Me muero, pero no me rindo! Adiós, Patria», escribió un soldado en una pared de Brest-Litovsk, que solo fue tomada por el enemigo cuando murieron o fueron capturados todos sus defensores.

A Leningrado los fascistas planearon destruirla por completo y erradicar a su población, pero no pudieron. Los ciudadanos resistieron el cerco nazi durante 900 días.

La ciudad de Stalingrado acogió la batalla más sangrienta de la historia de la humanidad. El pueblo combatió al invasor en cada rincón de la urbe, cuadra por cuadra, casa por casa, piso a piso, habitación por habitación.

Stalingrado inició el viraje de la guerra, aniquilando a la máquina bélica alemana. En la batalla del Arco de Kursk fue demostrada nuevamente la heroica resistencia de los soldados soviéticos.

«Y luego,  cuando el ejército soviético toma la ofensiva, cuando llegó la hora de ajustar cuentas definitivamente, se inicia el avance hacia el territorio de los fascistas. Y se escriben páginas inmortales y gloriosas en que sobresale el heroísmo del soldado, el patriotismo del pueblo, la superioridad de la técnica y, sobre todo, la superioridad de los principios revolucionarios. Las tropas soviéticas no se detuvieron hasta el mismo corazón de la Alemania fascista, ¡hasta el mismo día que en la cúspide del Reichstag pusieron la gloriosa y victoriosa bandera del pueblo soviético!», expresó el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, el 8 de mayo de 1975.

Algunos podrían no emocionarse con semejante epopeya, pero un hombre de bien no podría evitarlo. Allá aquellos que intenten disminuir el papel extraordinario de la Unión Soviética en este conflicto mundial, obviando que la urss defendió su libertad y la de otros pueblos como pocos en la historia, entregando la vida de alrededor de 27 millones de sus hijos.

Quienes no podían ir a la guerra, apoyaban en la producción, y cuando en el campo de batalla escasearon armas o municiones, solo había dos opciones para el Ejército Rojo: arrebatarlas al enemigo o resistir hasta las últimas consecuencias, junto al «general invierno».

Por eso, no podía ser otra que la bandera de la URSS, la de la hoz y el martillo, la que ondeara en la cima del Reichstag en la Batalla de Berlín. Porque fue aquel pueblo de obreros y campesinos el que hizo el aporte mayor, el verdadero vencedor el Día de la Victoria, aquel inolvidable 9 de mayo de 1945, cuando la humanidad derrotó a la Alemania nazi.

Porque frente a toda clase de tergiversaciones históricas o propaganda occidental, emergió para siempre una realidad indiscutible: fueron los soviéticos los verdaderos Héroes de esta contienda.

En Contexto:

Algunas batallas decisivas de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial

La Defensa de la Fortaleza de Brest-Litovsk, realizada por los soviéticos, fue un duro revés para la teoría de Guerra Relámpago de Hitler contra la urss.

La batalla de Moscú frustró la estrategia de Hitler de tomar la capital de la Unión Soviética y resultó otra derrota para la maquinaria nazi.

El sitio de Leningrado fue ordenado por Hitler para hacer morir a la población de esta ciudad por hambre y frío. Los ciudadanos resistieron el cerco nazi durante 900 días.

La batalla de Stalingrado cobró más de dos millones de víctimas y dejó en ruinas a la ciudad. Inició el viraje de la guerra y es considerada la batalla más sangrienta de la historia de la humanidad.

La batalla de Kursk fue la mayor batalla de tanques de la humanidad. Participaron alrededor de tres millones de soldados, más de 6 000 tanques y cerca de 5 000 aviones.

La batalla de Berlín resultó una de las últimas y más decisivas contiendas de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Los soldados soviéticos lograron entrar en el Edificio del Reichstag, hasta alcanzar posteriormente la rendición incondicional de la Alemania nazi.

Ciudades Heroicas de la Unión Soviética

El título de Ciudad Heroica se otorgó a 12 ciudades (Leningrado –actualmente San Petersburgo–, Stalingrado –actualmente Volgogrado–, Odesa, Sebastopol, Kiev, Moscú, Novorossiysk, Kerch, Minsk, Tula, Múrmansk y Smolensk) y a la Fortaleza de Brest-Litovsk, con el título equivalente de «Fortaleza Heroica».

Fuente: Granma

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