Opinión

Filosofía del botín. Por Luis Britto García

1
Según relata el cirujano de los piratas Alexander Exmelin, San Pedro enfrenta a dos filibusteros que reclaman entrada esgrimiendo sendas patentes de corso. Agotados los argumentos, el celeste portero grita: “¡Nave a la vista!” “¿Cuál rumbo?” claman los aspirantes. “¡Suroeste cuarta al Este!”; responde el recepcionista. Y antes de que termine de decirlo ya zarpan los amigos de lo ajeno, sin meditar que por la codicia de un reparto de despojos pierden el Paraíso.

2
El fanático puritano Jacques Sore asalta Margarita, Borburata, Santa Marta. Mientras el exaltado reformador religioso incendia iglesias, desgarra misales y profana imágenes, su lugarteniente el renegado Diego Pérez se apropia objetos sagrados de valor y pertenencias de los saqueados. En Santa Marta abandona a su jefe con la esperanza de obtener el perdón del ladrón que roba al ladrón. En cuanto el justicia Francisco de Lerma lo atrapa agobiado de obras de arte y galas ajenas, según testimonia Juan de Castellanos, “éste, por la traición y alevosía/ mandólo colgar luego de un madero/ aunque más crüel muerte merecía”. La firma con la que el pillo apropia la obra material o intelectual ajena deviene sello de infamia en su frente.

3
Cortés roba el tesoro de Moctezuma para que el pirata Verrazzano se apodere de él en alta mar y lo comparta con el Rey de Francia. Pizarro arrebata cinco toneladas de oro a Atahualpa antes de estrangularlo para ser luego liquidado por sus colegas conquistadores. Earl Hamilton calcula que entre 1503 y 1660 llegan a San Lúcar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata. Céspedes del Castillo estima que entre 1531 y 1660 arriban a Sevilla 155.000 kilos de oro y 16.985.000 kilos de plata. Los botines de los piratas no son más que migajas de este colosal latrocinio, que opera en primer lugar contra los productores de bienes materiales e intelectuales. Todo derroche se hace a costa de un despojo. Todo exceso es expoliado. Nadie sabe para quien saquea.

4
El piromaníaco corsario Amyas Preston trata de invadir Caracas, se desalienta ante los vecinos que lo esperan atrincherados en el Camino de los Españoles, y consigue que el traidor Villalpando le enseñe el atajo desviado por Caraballeda. En cuanto los pillos avistan la indefensa ciudad y Villalpando reclama su recompensa, Preston le pone una soga al cuello y, según Oviedo y Baños “lo dejó ahorcado de un árbol, para que supiese el mundo que aún han quedado saúcos en los montes para castigo digno del iscariotismo”. No hay peor cuña que la del mismo pillo.

5
Francis Drake emprende una correría de pillaje tan larga que da la vuelta al globo y al regresar distribuye la piñata. Para los marinos que arrebataron el guiso a los españoles hay pagas miserables. para su almirante, un título de Sir, para su socia y cómplice la reina Isabel I de Inglaterra una mascada tan cuantiosa que, según apunta John Maynard Keynes, dicho botín puede bien ser considerado el origen y la fuente de las inversiones extranjeras británicas. Con él la reina pagó el total de su deuda externa e invirtió una parte del balance en la Compañía de Oriente, y con gran parte de los beneficios de la Compañía de Oriente se formó la Compañía de las Indias Occidentales cuyos beneficios fueron la base de las conexiones de Inglaterra en el exterior, o sea, del Imperio. El capital, que según Marx desde sus primeros pasos expele barro y sangre por todos sus poros, a la primera blanqueada es inodoro, a la segunda perfuma, a la tercera incensa. La dulzura del aroma y la magnitud del crimen son directamente proporcionales a la cuantía. Sin esta capacidad de enmascarar el dolor y la muerte que costó acumularlo, el dinero sería insoportable. El botín no huele.

6

El fastuoso sir Walter Ralegh disculpa su ilegal invasión de Guayana alegando su título de sir, su elegancia, su antigua condición de favorito de la Reina, su lanzamiento de la moda de zapatos enjoyados de quinientas libras por unidad, sus fórmulas alquímicas, su pierna coja, sus versos cojitrancos, sus relaciones entre las altas esferas. Al verificar que no trae botín, el desinteresado Jacobo I manda que le corten la cabeza. Aunque el pirata se vista de seda, pirata se queda.

7
Nombrado por el Rey Sol para el importante cargo de lieutenant du Roi, el filibustero Francois Grammont, saqueador de Trujillo, cede al instinto del salteador que a tantos impide pasar a mejor destino, leva anclas para una última correría de pillaje, y jamás se vuelve a saber de él. El botín, cielo en la tierra del pillo, le veta hacer de su tierra un cielo. La avaricia rompe el cofre.

8
El principista fraile Thomas Gage abandona a sus educadores jesuitas para meterse a dominico y abjura de los dominicos para convertirse al protestantismo, tras lo cual redacta un voluminoso libro exhortando a los ingleses a saquear un Nuevo Mundo que representa como enteramente indefenso y repleto de riquezas. Con tal vividez describe calles inundadas de lingotes de plata en Portobelo e iglesias atestadas de oro en Petapa, que el Lord Protector Oliverio Cromwell lo designa capellán de una expedición de conquista de América que es derrotada en Santo Domingo y diezmada en Jamaica, donde el codicioso Thomas Gage muere de la peste. No hay que contar el botín antes de romper el arcón.

9
El pirata y naturalista William Dampier calcula las porciones legales de reparto del pillaje de acuerdo con la carta de marca que se ha jurado respetar mano sobre la Biblia y labios sobre la botella de ron. Reglamentariamente se separan la media parte del grumete, la parte entera del marino, la parte y cuarta para los oficiales y los músicos, la parte y media para el cirujano y el segundo contramaestre y el artillero y las dos partes para el capitán y contramaestre. El desprejuiciado Alexander Selkirk exige pasar por encima de legalismos y echar garfio de una vez al botín. De acuerdo con los rigurosos estatutos del capitán Roberts, es abandonado durante cuatro años en la desierta isla de Juan Fernández con una pistola, una botella de pólvora y otra de agua, a fin de que aprenda que, por lo mismo que el pillaje se obtiene fuera de la ley, nada requiere más legalidad que su reparto. Mientras más dudoso el guiso, más escrupuloso el formalismo para legitimarlo.

10
Henry Morgan invita a los oficiales de la fragata Cerf Volant a un banquete, los secuestra durante el aperitivo y disminuye el número de aspirantes al reparto de la nave capturada gracias a una misteriosa explosión que antes de los postres hace volar por los aires 350 captores junto con sus prisioneros. A fin de contentar a los sobrevivientes, les permite pescar a sus fragmentados colegas para arrancarles anillos, zarcillos, alhajas. Quien va por reparto, sale repartido.

11
Henry Morgan, primer y último filibustero que se atreve a exigir la quinta parte del botín como si fuera un rey, arregla el problema de distribuir las prestaciones sociales del pillaje de Panamá levando anclas con ellas y robándoselas a sus compinches, como si fuera un dirigente sindical. Después de tal descrédito, no le queda más recurso que meterse a funcionario público en Jamaica.

12
El reverendo padre Labat, capellán de los filibusteros, les trueca tajadas de la rebatiña a cambio de bendiciones que abrirán los arcones del Paraíso. A los africanos secuestrados por los esclavistas les predica que si se matan trabajando se convertirán en blancos. El mismo había sido negro, les jura, y gracias a su intensivo trabajo se le había blanqueado todo, salvo el alma. La principal industria del poder es cambiar el botín actual por el diferido.

13

Con el contingente de riquezas que nos saquearon se hubiera podido construir un mundo nuevo, una utopía, un Paraíso Terrenal. El drenaje de ese botín planetario arruina a América, paraliza el aparato productivo de la Madre Patria y desata sobre el mundo esa maquinaria de pillaje global que es el capitalismo. Un sólo Siglo de Oro cuesta a España tres centurias de decadencia. Lo que alguna vez fuera Imperio Británico queda reducido a la ratería de robarle a Venezuela 31 toneladas de oro depositadas en el Bank of London, sin riesgo de abordaje ni amenaza de garfio y pata de palo. Mediante los Infames Tratados contra la Doble Tributación, Venezuela premia exonerando de impuestos a empresas y ciudadanos de tres decenas de países que la agreden, entre ellos el Reino Unido que saquea nuestro oro. Mediante la Ley de Promoción y Protección de Inversiones Extranjeras de 28 de diciembre de 2018 autorizamos a jueces extranjeros a anular y enmendar las sentencias de nuestro Tribunal Supremo de Justicia. Las ocasiones hacen los ladrones. Nosotros mismos les entregamos el oro y ponemos mansamente la cabeza en el tajo de sus tribunales para que nos la corten. El botín, única industria del estéril, esteriliza económica y culturalmente.

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