El pasado sábado 5 de diciembre varias decenas de intelectuales y artistas nos reunimos en la sala Abelardo Estorino del Ministerio de Cultura. El objetivo era debatir en torno a los temas que preocupan sobre la cultura cubana contemporánea y que forzaron, en cierta forma, los hechos ocurridos la noche del 27 de noviembre.

Durante más de seis horas de intercambio se ventilaron sin medias tintas los temas más complejos, los que agobian a creadores de todas las generaciones. Se habló desde el respeto a la diferencia de posiciones y con la comprensión de que estábamos asistiendo a un proceso necesario, de esos que se han dado varias veces en la historia de la Revolución, en los cuales mediante el diálogo y el cambio de actitudes y mentalidades comienzan a sanar las heridas acumuladas por diversas razones en el cuerpo cultural de la nación.

Sin pretender agotar toda la riqueza de lo que se discutió en esas horas, quisiera apuntar algunos de los temas, como un primer paso necesario para convertir ese diálogo en un diálogo de toda la nación.

Una de las mayores preocupaciones que se manifestó en el encuentro es la del desfasaje que evidencian muchas de las instituciones de la cultura con respecto al panorama actual. La pérdida de reactividad y respuesta hace que muchas veces los artistas e intelectuales no vean en las instituciones los interlocutores que necesitan.

Este desfasaje institucional ya se ha mencionado en múltiples ocasiones. El Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez en el 9no. Congreso de la Uneac hacía referencia a la necesidad de reformar la institucionalidad para dar respuesta a muchos viejos problemas que se arrastran desde hace décadas y para asumir cabalmente las nuevas circunstancias de la vida cultural en la Cuba de hoy.

Aún comprendiendo que la realidad tiene sus tiempos y ritmos, es necesario agilizar algunos de estos, pues en tanto la institución no esté a la altura de lo que el arte y la cultura requieren, en tanto no pueda acompañar adecuadamente los cauces de su desarrollo, se irá profundizando el distanciamiento con amplios sectores de la creación, que comenzarán a percibir a la institución más como un estorbo que como un apoyo.

Otro de los temas que ocupó ampliamente la agenda del debate es el concerniente a nuestros medios de comunicación. Existe consenso en que es necesario reformar la manera en la cual se manejan muchas de las informaciones. En tiempos de conectividad, de 3G y 4G en los teléfonos, no hacerse eco de la noticia, no apresurarse a dar una visión de ella, implica una costosa omisión.

En la confrontación simbólica en la que estamos inmersos, donde existen numerosos medios financiados desde el exterior para dar perspectivas falseadas de la realidad cubana, resulta imprescindible defender nuestras verdades. La cobertura de nuestros medios a los acontecimientos ocurridos recientemente hubiera ayudado a darle más claridad a todo, a separar el trigo de la paja, se comentó en la reunión.

Otro tema recurrente fueron las redes sociales, Facebook fundamentalmente, pues están desempeñando un papel político importante en Cuba hoy. Son el espacio a través del cual se proyecta mucho del odio y la incomprensión que subyace en determinados
sectores de la sociedad, dando una falsa imagen de desunión y hostilidad entre los cubanos.

Ante estos escenarios virtuales, se insistió en la necesidad de defender los espacios de interacción real, como única vía cierta de tomarle el pulso a un país. Es preciso educar más a la población en el funcionamiento de las redes digitales, comprender su naturaleza de empresas privadas, norteamericanas en su mayor parte, y cómo esto incide en las lógicas hacia Cuba y la Revolución.

En el encuentro se hizo hincapié, además, en la necesidad de poner sobre la mesa temas complejos, como el trabajo con los símbolos, el papel de la crítica artístico-literaria, la censura… Se habló también del civismo en nuestra sociedad, de prejuicios en determinados sectores de la población y cómo estos se manifiestan en muchas de nuestras interacciones cotidianas.

El largo debate sostenido este 5 de diciembre en el Ministerio de Cultura y todos los que vendrán son la demostración de la voluntad de diálogo de todo el sistema de la cultura. En ellos se irá renegociando y reconstruyendo la hegemonía del proceso revolucionario, como se ha hecho en múltiples oportunidades del pasado.

Fidel comprendió siempre con claridad meridiana que solo del diálogo crítico, de la reflexión incómoda, de la honestidad profunda podía salir la respuesta para hacer cada vez más fuerte la Revolución en cada nueva etapa histórica que le tocaba enfrentar. Nos toca a los cubanos de hoy continuar ese legado, defendiendo y construyendo la Cuba mejor que, como pedía Martí, será con todos y para el bien de todos.

Por REDH-Cuba

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