Opinión

Cuba y Venezuela como estrategia electoral o “¡San Miguel bendito… venme a socorrer!”. Por Javier Larraín

Sí, cansa. Y un poquito con demasiado –agregaría–. Hay quienes me dicen que en campañas electorales “todo vale”: atacar al Papa, a Alá, a Chávez o a Fidel, a quién sea. Incluso resucitar a Lenin para tener chance de calumniarlo, si la ocasión lo amerita.

Un amigo me comentó que no había que fijar el dedo en esas estrategias ni apuntar responsables-expertos ahorita, que “después sí que sí”… aunque yo sé que sus “después” son eternos. De paso, me dijo, “a lo Vito Corleone”, que no me metiera a escribir columnitas que me iban a jugar chueco. Lo escuché, lo reconozco… pero, en serio, ¡basta! ¡Un respirito por favor! ¿Tan mal estamos en la otrora admirable izquierda nuestroamericana?

Las palabras del Sr. Teleférico fueron precisas, sin medias tintas: “Ayer me comentaba un economista que solo tres ciudades están por debajo de nosotros, Caracas, La Habana y Puerto Príncipe. Entonces La Paz está muy, muy mal”.

En consecuencia, ¿por qué callar?

Me invade la certeza, desconozco su raíz, de que al candidato no le suenan “ni en pelea de perros” –como decía mi abuelita María Angélica– nombres cubanos cubanísimos como el de Ignacio Agramonte, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras, Frank País, Celia Sánchez, Manuel Ascunce, Amalia Peláez, Servando Cabrera, Marcelo Pogolotti, José Lezama Lima, Tomás Gutiérrez Alea… La Mejorana, Dos Ríos, El Morrito, El hombrito, Cabinda… la “Casa”, “el Chaplin”, “23 y 12”, en fin…

Dudo además que sepa de las hazañas de Toussaint Louverture, de las consignas de Jean Jacques Dessalines y de las reuniones de Petion con Miranda y Bolívar. De que los negros libertos e independizados, en un acto de generosidad y hermandad sin ser esclarecido hasta hoy por historiadores, decidieron llamar a su patria Haití (del arahuaco Ayiti), para solidarizar con los primeros exterminados de la ínsula, los indios. ¿Sabrá de la guerra de los cacos? ¿Habrá hojeado, así por casualidad –digo yo–, Gobernadores del rocío de Jacques Roumain? ¿Le sonará Gerard-Pierre Charles? ¿Se maravillará con la arquitectura de la Citadelle Laferrière  o el Palacio Sans Souci? Más aún… ¿se habrá deleitado con las historias de Ti Noél en El reino de este mundo? O, igual por curiosidad, se habrá parado a revisar –aunque sea la primera página del Prólogo– (publicado en Bolivia por la Vicepresidencia y distribuido gratuitamente) el clásico de Juan Bosch –no le doy el título, ¡tarea para la casa!–.

Y de Venezuela… ¿qué se puede decir de la patria del Libertador, al cual Neruda inquirió recibiendo por respuesta: “Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”? ¡Cuánta historia condensada en el Cuartel de La Montaña…! ¡Cuánta deuda la utopía con Chávez! ¡Cuán esclarecedor, digno y justiciero el 4-F-92! Si la historia se repitiera dos veces… con la Revolución bolivariana sería como obra mayúscula.

Fue el también cubano Roberto Fernández Retamar quién esbozó un cuento nunca desarrollado: “Haipacu”. Hablaba de un país imaginario, donde los anhelos comunitarios e igualdad tenían un costo, sendos bloqueos económicos, financieros, comerciales, hostigamientos imperiales… En su poético acrónimo se refería a la Haití de Dessalines, la Paraguay de Francia y la Cuba socialista. Siempre quise creer que, si el confeso Hamlet de “la Casa”, hubiera actualizado su cuento, sería intitulado “Haypacuven”. Y el argumento no variaría una coma.

Difamar a Cuba y Venezuela –y ahora Haití– como estrategia electoral, para obtener… 50, 100, 1.000, 10.000 votos de la Zona Sur paceña –¡San Miguel bendito… venme a socorrer!–¿? es un crimen de lesa dignidad y vergüenza.

Mi abuelita María Angélica, que nunca tuvo el abultado CV de esos responsables-expertos electorales ni nada por el estilo, y que bien cristiana era, me repetía dos cosas: la primera, bíblica,  “por sus hechos los conoceréis”; la segunda, mundana pero fina, “no olvide y agradezca siempre a quien le tendió la mano”.

Respecto al último consejo… Cuba me brindó estudios, libros, ropa, alimentos, cultura, salud y educación… amigos-familias, me abrió su alma de pueblo noble, su calidez repleta de carencias –sí, tal cual– decorosas. Por eso, esta columnita no podía dejarse pasar; aunque los Corleone me prometieran que su después, “te lo juro que sí”, sería el lunes.

Y, bueno, espero que el Sr. Teleférico, en las próximas vacaciones, tome en sus manos un librito de historia de Nuestra América. Le recomiendo, para que no se duerma: El canto general.

¡Salú y éxitos el 7-M!

(Pd.: Los Corleone me llamaron antes: a) Trotskista; b) Fascista; c) Inoportuno; d) Extranjero metiche; e) Todas las anteriores. El lector y la lectora pueden seleccionar la alternativa que más le parezca)

Fuente: REDH-Argentina

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