Opinión

Pensar la contrahegemonía. Por Karima Oliva

Cuando decimos que la industria biotecnológica cubana es un éxito, estamos hablando del éxito de un modelo de empresa socialista, estamos hablando de un logro económico. Pero también estamos hablando del éxito del sistema educativo que formó a esos investigadores y del sistema de Salud que se beneficia de las innovaciones tecnológicas que se producen.

Ahora bien, estamos hablando de un sector empresarial en el que están garantizados los derechos laborales para todas las personas que trabajan en él.

Estamos hablando, además, del derecho a la vida de quien finalmente se sana, se cura, etc. Y todo eso ocurre dentro de una lógica general de justicia y equidad y no de búsqueda de lucro.

Cuando tú ves que lo que caracteriza hoy la dinámica de la industria biotecnológica, en un mundo atravesando por una situación de crisis sanitaria grave, está siendo la socialización de las inversiones en innovación a cuenta del gasto público y la privatización de los resultados con costos para la vida humana a través de un sistema de patentes cuestionable éticamente, te das cuenta de hasta qué punto nuestro sistema, el socialismo, es una alternativa que sienten la necesidad de bloquear. Claro, eso no hace más que convencernos a muchos de nosotros de la necesidad de seguir levantando nuestras voces contra todo lo injusto, aunque la indignación no dejará espacio para el desánimo ni la desesperanza.

Fuente: Granma

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