Déjame pelear con un brazo atado a la espalda
y perder, por mi estúpida manía
de fajarme solo con un brazo.

Déjame resistir la concepción liberticida de aquello que llamas libertad para vivir,
escuchando pájaros en las avenidas,
abuelos ejercitándose en los parques,
colegios llenos de niños.

Déjame en el lado incorrecto de la historia.

Pero déjame vivir al modo que viven aquellos que desprecias,
porque esa es la verdadera Libertad.

Déjame, inconforme, hablar con los que,
no están conmigo conforme,
pero hablar a nuestro modo.

No airees sueños, ni enarboles fantasmas,
no amenaces mi vista
con tus oscuros espectros de la muerte.

Cada vez que escucho la invitación a tu lado luminoso, me horrorizo.

Tú, escogiste a Richard Nixon por Henry Wallace,

Al LAPD por Christopher Dorner
y lo cazaste como a un esclavo sureño a la escapada.
Tú, que creaste COINTELPRO para liberarte de El Hajj El Shabazz, entre otros negros.

Tú que eres residual en hospitales y excedente en invasiones humanitarias.

Tú que eliges 1 tiroteo masivo cada 64 días, 12 en un fin de semana,
haciéndolos pasar por la naturaleza de la vida.

Tú que escogiste, escoges y escogerías
al fascismo,
cada vez que interesan menos tus intereses,

déjame en el lado incorrecto de la historia.

Déjame luchar en mi pobreza,
perfeccionar  el mecanismo para saciar mi hambre.

No me impongas tu miopía, tu mudez, tu propaganda,
tus opciones, tus sanciones.

Déjame en el lado incorrecto de la historia junto a Chico Mendes,
con los líderes sociales que asesinan cada noche en Colombia,
con los maricas de Stonewall y los favelados.

Déjame en el lado incorrecto de la historia
con los desaparecidos a la izquierda de la cifras macroeconómicas,
con los muertos de las dictaduras
que alegremente apoyas.

Déjame en el lado donde viven el millón y medio de comunistas muertos en Indonesia en el 65.

Déjame con los masacrados invisibles del Black Wall Street, en Tulsa.

Déjame con los filipinos enterrados por tus fuerzas ocupantes,
con la ceguera de Sandino y Benito Juárez.

Déjame sembrado en las cunetas
de cualquier camino, pueblo,
a la vera de los cementerios, en tierra sin consagrar.

Déjame con los nietos de cangaço, la milpa y las candongas.

Déjame en los palafitos, los manglares y los kilombos.

No me vendas tu libertad como un paradigma insustituible.

Déjame con los que no tienen nada
y quédate tú con los que quieren absolutamente todo.

Quédate con el buenismo y la corrección
que esconden las injusticias,
Quédate con los privilegios de unos cuantos tragándose la libertad de todos.

Quédate con el mercado donde
cada mañana
se venden al alza tus discursos de odio y beneficios,

Que yo me quedo en el lado incorrecto de la historia.
Pobre, pero contento.

 

JULIO HERNÁNDEZ. Cantautor y poeta. Perteneció a la Asociación Hermanos Saiz. En 1995 viaja a Brasil, presentándose en diversos espacios y programas televisivos, compartiendo escenarios con reconocidos intérpretes de la música brasileña como Chico César, Iván Lins, Beth Carvalho o Martininho da Vila. Realiza presentaciones en diversas ciudades de España y en Portugal, Alemania, Francia, Italia, Argentina, Chile y Uruguay. Coordinó durante 9 años la “Asociación Cultural Música por la Voluntad”, que desarrolla entre otras iniciativas el “Encuentro de Creadores”. Radica en España desde 1995

Por REDH-Cuba

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