Me toca, hablar de Fidel me toca.


Hablo como actor, como dramaturgo, como director de escena. Hablo como comunista, como marxista-leninista. Como parte de un partido internacional que el comandante en jefe, junto con tantos hombres y mujeres valiosas, conduce.

Fidel cumple 90 años.

Podemos hablar de una dramática y de una épica, que lo tienen como protagonista de una historia monumental como es la Revolución Cubana. Revolución insólita de una pequeña y enorme isla, que cruza, parte y tiñe la mitad del siglo XX hasta nuestros días.

La gesta de esa revolución está construida afectivamente, con protagonistas con nombre y apellido; quiero decir, es un relato con sujeto. Una historia que reconstruye día a día, dialécticamente, el sentido utópico de un mundo más justo.

Sabemos del asalto al cuartel Moncada, del desembarco en el Granma, de Alegría de Pío y de la fe en el triunfo iniciado en la Sierra Maestra. Sabemos del Movimiento 26 de Julio, de la entrada en La Habana (Habana con b larga), de su Primera y Segunda Declaración. Sabemos de Playa Girón, Fidel con boina y en un tanque, primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina. Crisis de los misiles mediante. Sabemos del bloqueo económico de las potencias imperialistas, que es la demostración más cabal de la infamia que representan las democracias modernas, con sus puestas en escena en foros internacionales que solo son organismos encargados de administrar los intereses de las clases dominantes del mundo. ONU y OTAN… Resuenan las retóricas del odio y la muerte. De la OEA en Punta del Este, you remember.

Sabemos de las campañas de alfabetización en las primeras horas, de la reforma agraria, del trabajo voluntario, de la fragua de los 10 millones. De la creación de las organizaciones de masas. Del Partido. De los errores y las rectificaciones del rumbo. De los esfuerzos de superación de un pueblo bravo. Sabemos, porque los cubanos saben, de la solidaridad y del internacionalismo. De los contingentes de médicos cubanos que se aprestan a ir y van, donde la gran mayoría mira a un costado, “Cuba importa médicos donde otros envían armas”. Sabemos de Angola y la liberación del pueblo africano, con cuerpos y sangre cubana, de la Operación Carlota, de Cuito Cuanavale. Sabemos del sabotaje, de la gusanera, de Miami, de los terroristas como Posada Carriles, protegido por los Estados Unidos. De la tragedia de Barbados. Sabemos de Guantánamo. Sabemos de los cinco héroes cubanos, “en silencio ha tenido que ser”, dirá Martí. Y Fidel sentenciará: “Volverán”. Y volvieron, carajo.

Sabemos, sí sabemos, claro que sabemos: sabemos de la caída del Muro, de la Perestroika y las traiciones. Disolución de la Unión Soviética y el bloque del socialismo real.

Inicio de una larga década de dificultades, del período especial. De Elián. De los balseros. Del dolor padecido, de la desazón, de la escasez. De la resistencia abnegada de todo el pueblo cubano sabemos. De las horas dramáticas, de las horas de épica y heroísmo. Sabemos, y lo sabemos porque ahí parado, erguido aun en la tormenta, en la tempestad, iluminando, sufriendo, combatiendo y luchando con y junto a su pueblo… está Fidel. Lo sabemos, porque está Fidel.

Escena:

Llueve, en 1989 llueve. Viene Maceo, en palabras y a caballo, Fidel lo mira, se conocen, se prestan las palabras. Fidel dice: “Quien intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo, anegado en sangre, si no perece en la contienda”. Maceo, el Titán de Bronce, con un brazalete rojo y negro del 26, dice: “Las ideas son nuestras armas”. Cuba y la Revolución Cubana seguirán luchando y resistiendo. Patria o muerte, venceremos.

Se encuentran con Martí, ya es otro tiempo. Allí los tres esperan los restos del amigo. En la espera, Martí cita a Maceo: “La libertad no se mendiga, sino que se conquista con el filo del machete”, hace una pausa solemne, espera a quien nunca mendigó.

Está Aleida allí, como hija impaciente por la emoción que la embarga, sigue firme, se ha endurecido con el tiempo, pero no perdió la ternura. Cita a Martí y se prestan las palabras, “ser cultos para ser libres”… Y repite: “Ser cultos, para ser libres”… pensó un segundo en Colmillo Blanco.

Por último, es Fidel. Fidel ante los restos de su amigo: recita y como recita, de memoria… “como si San Martín la mano pura, a Martí familiar tendido hubiera…”.

Podríamos continuar la escena, cruzando palabras y frases, de personas y personajes que han acompañado con su cuerpo y con su acción esas palabras. O sea, les han dado veracidad y carnadura a las ideas. Uniéndose en tiempos y espacios distintos, pero acercándose y fundiéndose en el imaginario.

Aquí, los especialistas hablarán también de Shakespeare y de las representaciones y, justamente, de los imaginarios. Hablarán de Calibán seguramente, inspirados en los textos de Fernando Retamar. Uno de los protagonistas de Casa de las Américas, junto a Haydée Santamaría.

Casualmente, hoy en la prensa cubana, Raúl saludó a Miguel Barnet y a la Unión de Escritores por el aniversario de su creación. Y recordó la importancia del texto de Fidel “Palabras a los intelectuales” del año 61. A eso me referiré. Aun así, Raúl en un pasaje de su saludo dice: “Hoy estamos doblemente amenazados en el campo de la cultura: por los proyectos subversivos que pretenden dividirnos y la oleada colonizadora global”. Este es un contexto y un marco de lectura. Incluso, un marco de lectura para leer a Shakespeare. Si jugamos a las representaciones y a las transpolaciones literarias y artísticas, lo haremos desde una, digo alguna, posición. No apelando a la libertad creadora de artistas individualistas y a cierta bohemia profesional que tanto abundan en este mundillo para deslindar responsabilidades sobre lo que se expresa. Sin contexto, es obsoleto cualquier análisis.

Fidel, en “Palabras a los intelectuales” afirma: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”. Es una frase potente, crítica, conflictiva, pero dentro de un entramado y un desarrollo de ideas, en un tiempo histórico preciso. Sin el contexto, reito, comienza, como dicen los cubanos. El “zunzuneo”. Y de eso los contrarrevolucionarios saben mucho.

Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie –por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera–, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella.

Y más adelante:

Cuanto que una revolución no es ni puede ser obra del capricho o de la voluntad de ningún hombre, cuanto que una revolución solo puede ser obra de la necesidad y de la voluntad de un pueblo. Y frente a los derechos de todo un pueblo, los derechos de los enemigos de ese pueblo no cuentan.

Por último, es necesidad de los artistas y los intelectuales contextualizar los fenómenos y los acontecimientos, ya que estos pueden leerse desde cualquier punto de vista, y eso está bien. De allí que puedan venir y construirse las nuevas obras. Pero esos variados puntos de vista que disparan múltiples lecturas no se paran en el aire, representan ideas estéticas, poéticas, ideológicas, filosóficas, sociales y políticas.

“Palabras, palabras, palabras” […] “lo demás es silencio”, dirá Shakespeare.

“Un hombre armado vale tanto o más que otro hombre armado, de acuerdo con la ideología que porte su arma”, dirá el Che.

¿Y Fidel? Fidel es Fidel.

 

Por REDH-Cuba

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