Opinión

La calle es de los revolucionarios: ¿por qué no de todos los cubanos? Por Alberni Poulot Cumbá

¡Presidente Díaz-Canel, usted no se equivocó! Los revolucionarios cubanos y me atrevo a decir que los del mundo, junto a las personas de buena voluntad, nos sentimos y nos sentiremos convocados siempre.


La editorial latinoamericana “Ocean Sur”, nos regaló con la urgencia del momento un excelente material en el cual “a propósito de los incidentes ocurridos (el 11 y 12 de julio de 2012), este libro[i] recoge análisis, opiniones y valoraciones diversas de jóvenes cubanos que viven en la Isla. Los autores no solo se refieren a los hechos, causas o consecuencias, sino que comparten su más sincera reflexión acerca del presente que se vive hoy en Cuba y de su futuro inmediato”[ii].

Uno de los jóvenes que expone de manera valiente, profunda y sincera su visión de los acontecimientos, posibles causas y modo de intervenir en esas y otras posibles, es Salam Mousa Reyes[iii]. De lo acertado y polémico de lo publicado extraigo unos fragmentos que me conduzcan a la idea central de esta publicación:

  • “El presidente cubano es la figura que más ha sufrido ataques, desde su llegada al poder. Pocos mandatarios asumen las olas de descrédito que se han lanzado sobre él, su gestión, su cargo, su compromiso. El efecto de estas campañas es similar a lo ocurrido con Obama en 2016, cuando incluso algunos llegaron a tenerle cariño y aprecio, a pesar de ser el gobernante estadounidense que más guerras libró, el que más multas puso a los bancos que tenían relación con Cuba, el que más manipuló la opinión pública mundial. La diferencia es que la campaña a favor de Obama tenía un marketing dirigido a posicionar la tan ansiada «prosperidad» como factor principal y la campaña con tra Díaz-Canel quiere posicionar la «miseria» que nos lleva, por defecto, al fracaso del sistema”[iv].
  • “Sin embargo, quedaba el malestar de lo que dijo (el Presidente Díaz-Canel: “Las calles son de los revolucionarios”), aunque no condujera a nada. Inconforme con lo que he leído y visto hasta el momento, tuve que sentarme con Hubert, un hombre que a sus 50 años lleva la vida más común del mundo, con una lucidez estratégica de qué hacer y cuándo, aunque el cómo a veces le falle. Partí de un postulado negativo: no estoy de acuerdo con lo que dijo. Su respuesta fue simple: «… no puedes estarlo, ese discurso no fue contigo…»[v].
  • “Según Hubert, durante muchos años el discurso de plaza sitiada fue lo único que existió en Cuba. Las agresiones reales y tangibles hacían que los llamados, cada vez más nacionalistas, tuvieran otro significado. El discurso de la Revolución homologó durante mucho tiempo a cubano y revolucionario”[vi].
  • “Por tanto, decir que la calle es del pueblo o la calle es de los revolucionarios, eran sinónimos. El discurso y la política de la Revolución nunca asumió la agresión como fórmula de dirimir conflictos. La defensa, legítima y necesaria, fue siempre el leit motiv de la famosa «orden de combate»”[vii].
  • “En síntesis, según Hubert, el discurso del presidente llegó a un segmento poblacional de una forma y para otro segmento con una construcción muy diferente. Para unos era ir a la guerra, mientras que para otros era ir a defender lo que quedaba. En definitiva, no era lo mismo, como no lo es salir a cazar y cuidar la cueva”[viii].
  • “La deficiencia en esa intervención estuvo en la comunicación estratégica de esa idea meridiana. Una asignatura pendiente que no lleva grandes gurúes por medio, sino mucho sentido común. No hay mejores expertos en comunicación que los ciudadanos más simples. Escucharlos, conocerlos, que te cuenten”[ix].
  • “Eso es lo que construye los discursos desde la retórica revolucionaria. Bajo esta óptica alcanza a tener más sentido el cambio en el discurso oficial que no es entonces una corrección del paradigma, sino de la forma en que este se expresa: «Cuba es de todos los cubanos»[x].

Las categorías General, Particular e Individual, tienen en común, que cada una coexiste dentro de sí mismas; sin embargo, cada una conserva su propio espacio de exclusividad. Es lo que las hace únicas y diferentes, de lo contario perderían su identidad.

Así sucede con el concepto martiano CON TODOS y PARA EL BIEN DE TODOS, que expresa una generalidad, pero mirado el contexto, los objetivos y los intereses de los que participen como TODOS, define el BIEN de esos TODOS. El propio Martí, en ese discurso, que cumplirá este 26 de noviembre 130 años, definió bien claro quiénes formaban parte del TODOS, y aún dejó más claro, quiénes se excluyen del mismo y su beneficio: los que desconfían de la Nación y la reniegan, de la Revolución y el triunfo de esta; los que no abrazaban la línea del independentismo, los odiadores (el bando de los que odian y deshacen), los racistas y prejuiciosos, los que rechazaban a los españoles de bien, a los emigrados y a los veteranos de las gestas independentistas (Guerra 10 años y la Chiquita). Con su sentencia “¡MIENTEN!”, fue delineando ese concepto; por tanto es un error de lectura, interpretación y una manipulación del texto martiano suponer que en la futura República, la “fórmula de amor triunfante” incluyera a los que adversan y se oponen al BIEN DE TODOS.

En la teoría marxista-leninista, obcecada en su vigencia histórica, hay dos lecciones irrefutables: la primera, que en unidad y lucha permanente se encuentran los contrarios, los opuestos. Por tanto, como mismo no hay positivo sin negativo, ni luz sin sombra, ni amargo sin dulce; tampoco existe la Revolución sin la contrarrevolución, están unidas como par dialéctico y a la vez en perpetua contienda. Y la segunda lección (de muchas), es que con relación a la lucha por el poder político (o su conservación) y sus intereses ideológicos, estas dos fuerzas (con sus clases sociales representativas: de una parte el proletariado y el “pobretariado”, como define Frei Beto a los oprimidos y excluidos, y de la otra parte la Burguesía opulenta) son ANTAGÓNICAS e IRRECONCILIABLES. No existe una tercera posición que las compatibilice, solo el respeto, la decencia y la convivencia civilizada puede hacerlas coexistir.

Siempre habrá cubanos tibios y espectadores de gradas; a esos no se les priva de la “propiedad” y disfrute de las calles; pero conociendo sus posiciones de indiferencia y desidia ante los combates que allí se pueden generar, sencillamente no se les convoca. En su llamamiento posiblemente el Presidente tuvo en cuenta:

  1. Que todos los cubanos no son revolucionarios. Un ejemplo incuestionable es el último Referéndum Constitucional, de 8 millones 705 mil 723 ciudadanos con derecho electoral, lo ejercieron, 7 millones 848 mil 343, para un 90,15% de participación. Votaron afirmativamente 6 millones 816 mil 169 ciudadanos, que representa el 78,30% del total de personas con derecho a ejercer el voto, y el 86,85% de los que lo ejercieron. Estuvieron en contra 706 mil 400 ciudadanos, que representan el 8,11% de los que debían ejercer su derecho al voto, y el 9% de los que votaron[xi]. La conclusión es simple e irrebatible: la Constitución se declara revolucionaria[xii] y socialista[xiii] y los cubanos que votamos en ese Referéndum dejamos claro nuestras posiciones ideológicas y políticas con respecto a ella y al sistema político, económico, social y cultural que se refrenda.
  2. La Nación no hizo a la Revolución, sino que la Revolución acrisoló a esta. Fue la Revolución la que nos dio la identidad como cubanos, fundamentalmente la corriente ideológica independentista-abolicionista, nos dio una bandera, un himno y un escudo; fue la que sangró y sufrió por la independencia del colonialismo español, la que puso los héroes y mártires por la soberanía nacional. La Revolución la creó una vanguardia intelectual, cultural y popular que radicalizó en un proceso de más de 150 años, todas las aspiraciones libertarias, los derechos verdaderamente humanos y toda la democracia y justicia social posibles.
  3. Lo más notable, glorioso y reconocido en la Historia y el Mundo, es la parte revolucionaria de Cuba. Fueron revolucionarios los que protagonizaron las gestas independentistas, revolucionarios fueron los que enfrentaron la ingnominiosa intervención yanqui en la guerra hispano-cubana, los que se opusieron al apéndice constitucional de la “Enmienda Platt”, los que fraguaron el ideal antimperialista de Martí y Maceo contra los gobiernos neocoloniales de las tres primeras décadas del siglo XX, fueron ellos y los comunistas los que derrocaron a la tiranía de Machado.
  4. Fue el ala revolucionaria que lideró el comunista Guiteras la que aplicó leyes de beneficio popular de la electricidad, la vivienda y el trabajo.
  5. Fueron los revolucionarios, los excluidos, los desposeídos y oprimidos, los que alrededor de Jesús Menéndez, Aracelio Iglesias, Sabino Pupo, Lázaro Peña, y otros líderes obreros y campesinos, los que se “fajaron” contra los gobiernos oligarcas, corruptos y pro yanquis de las décadas del 30 y el 40 del siglo pasado.
  6. Fue el pueblo revolucionario de Santiago de Cuba, con los jóvenes Frank País y Vilma Espín a la cabeza los que vistieron por primera vez de verde olivo a su pueblo y sus esperanzas emancipatorias; fue en las calles santiagueras, que se convirtieron en revolucionarias por el tableteo de los pasos, el ejemplo, el coraje, los fusiles y la sangre generosa de Pepito Tey, Tony Alomá y Otto Parellada; entre muchos otros revolucionarios.
  7. Fueron los jóvenes y estudiantes revolucionarios los protagonistas de tánganas, huelgas, ardientes manifestaciones a favor de derechos estudiantiles y populares; en contra del ignominioso capitalismo neocolonial; del entreguismo yanqui de la República. Son sus héroes y mártires los que asaltaron el Moncada, el Palacio Presidencial, la emisora Radio Reloj; los que acompañaron al pueblo de Cienfuegos y los marinos y militares dignos, en su glorioso alzamiento el 5 de septiembre de 1957.
  8. Fueron revolucionarios los expedicionarios del Granma, los combatientes de la Sierra, los frentes guerrilleros y la invasión nacional.
  9. Fueron los revolucionarios cubanos los que hicieron, aseguraron y apoyaron con entusiasmo y compromiso, los sueños y martirios de Céspedes, Agramonte, los Maceo Grajales, Martí, Gómez, Calixto García, Serafín Sánchez, Vicente García, Pedro A. Pérez, Mella, Villena, Guiteras, Abel Santamaría, René Ramos Latourt y de los 20 mil cubanos arrancados de la plena vida por la dictadura de Fulgencio Batista y de los Estados Unidos, para que triunfara la Revolución que beneficiaría a TODOS, incluso a los que nada hicieron por ella o se deslindan de sus propósitos y luchas.
  10. Revolucionario fue el pueblo que con su sangre y valor salió a defender el Socialismo de su Patria en Girón… ¡¡¡ Y VENCIÓ AL MERCENARISMO Y AL IMPERIALISMO!!!
  11. Fue la Revolución la que convocó, entusiasmó, organizó y movilizó a sus jóvenes y estudiantes para que vencieran a la ignorancia, los obstáculos imperiales y culturales, que no impidieron que un año fuera alfabetizada TODA su población.
  12. Revolucionarios fueron los que no claudicaron ante el probable holocausto nuclear, durante la Crisis de Octubre, y que prefirieron hundirse en el mar antes que traicionar los principios revolucionarios que defendía la nación socialista.
  13. Fueron los revolucionarios los que limpiaron la Sierra de los Órganos, El Escambray, las lomas de Baracoa y otras del territorio nacional infestadas de bandidos terroristas, formados y amamantados por la CIA y los gobiernos norteamericanos de turno.
  14. Fue la parte revolucionaria del pueblo la que organizó las cuadras en Comités de Defensa de la Revolución, para vigilar y enfrentar popular y revolucionariamente las acciones del imperialismo y la contrarrevolución; para ayudar en todas las campañas de vacunación, higiene, limpieza y sanidad y así coadyuvar en la erradicación de enfermedades prevenibles y mortales que pudieran afectar a nuestros niños y niñas; contribuir al desarrollo económico con la recogida de materias primas y a consolidar la unidad, participación y solidaridad popular, sobre todo con las masivas y nobles iniciativas de donaciones de sangre.
  15. Fue la Revolución la que nucleó al pueblo alrededor de decenas de organizaciones de masas, sociales y fraternales para que desarrollen libremente y defiendan sus intereses particulares, los de la nación y la Revolución, en franco y verdadero ejercicio de democracia.
  16. Fueron y son verdaderos e incuestionablemente revolucionarios los que abrazaron y llevaron de manera voluntaria e incondicional, como ningún otro pueblo, las banderas del internacionalismo y la solidaridad a otras tierras y “oscuros rincones” del mundo. Miles de ellos ofrendando lo más valioso: la salud y la vida.
  17. Gracias a los revolucionarios la nación no se perdió ni se esclavizó nuevamente, cuando cayó estrepitosamente el Socialismo europeo ni cuando se desintegró la URSS.
  18. Gracias a la resistencia heroica y asombrosa del pueblo revolucionario es que no hemos claudicado, no nos hemos rendido y no nos doblegarán jamás, ni las agresiones militares, económicas, biológicas, diplomáticas, digitales, ni el terrorismo de Estado, ni las calumnias, difamaciones y mentiras que sostiene la guerra subversiva y no convencional que se nos hace. No nos sometemos ni nos someteremos jamás ante el cruel y criminal bloqueo económico, financiero y comercial; oportunista y cobardemente endurecido con 243 medidas que buscan destruirnos.

Por estas y otras razones fue por lo que el Presidente cubano convocó a la parte revolucionaria del pueblo a defender “sus calles”, las mismas que “otros cubanos” indignos las llenaron de actos vandálicos, desórdenes públicos, acciones terroristas, como lanzar cocteles molotov, intimidar a niños, sus madres y personal de salud en un hospital materno-infantil.

Fueron cubanos no revolucionarios los que apedrearon a otros cubanos “pacíficos” y revolucionarios, los que saquearon establecimientos comerciales, robaron, rompieron vidrieras de entidades, propiedad del pueblo cubano, socavaron la autoridad policial, generaron caos y desorden.

Sin menoscabar ni un ápice la esencia de la unidad nacional; la que únicamente Martí, Fidel y la Revolución, pudieron lograr, y que se erige como “arma estratégica” para preservar a la Nación, les pregunto a los cubanos que no están en los bandos revolucionario, contrarrevolucionario y no revolucionario: ¿por qué no se sintieron convocados por el Presidente?, ¿Por qué cuestionar el derecho constitucional de defender la Revolución y el Socialismo?, ¿qué fue mejor, salir a defender “nuestras calles”, las de TODOS, o quedarse expectantes y pasivos, objetando el justo y decisivo llamamiento del Presidente de la República?

A la luz de lo acontecido, de lo valorado y analizado hasta hoy, la Historia se ha puesto, una vez más, del lado de la Revolución y su actual Presidente.

La Revolución ha sido el único proceso histórico que ha asegurado que sea de verdad de TODOS y PARA el BIEN de TODOS sus beneficios. 400 años de colonialismo y 60 años de capitalismo neocolonial en nuestro país no aseguraron PARA TODOS ningún BIEN, sino para una minoría privilegiada de cubanos e imperialistas.

El bien llamado tercer descubridor de Cuba, don Fernando Ortiz, dejó sentado en su ensayo sobre Cubanía y Cubanidad, que haber nacido (la cubanidad) en el país no garantiza el SER cubano (la cunbanía). Es ella (la cubanía), la que expresa el sentir a Cuba como esencia, es sembrar dentro de sí mismo la identidad nacional, es la distinción dentro del concierto universal, como individuos específicos de esta tierra y que bellamente el músico Eduardo Saborit, (como igual hiciera Perucho Figueredo, autor del himno nacional) ubica el concepto de lo cubano en el sitio más alto de distinción patriótica, al declarar, que el sentimiento más genuino, legítimo e incuestionable de querer, pertenecer o trascender en la relación con la Nación, es defendiéndola: dicho de manera más sencilla, como mejor se expresa que verdaderamente se quiere algo o a alguien, es defendiéndola. Quítesele ese “valor agregado” a cualquier sentimiento afectivo y se vaciará de contenido.

El TODOS y para el BIEN DE TODOS de Martí solo puede ser cubana y revolucionariamente comprensible cuando se complementa con las definiciones fidelistas de REVOLUCIÓN y UNIDAD, esta última, para el líder revolucionario “…significa compartir el combate, los riesgos, los sacrificios, los objetivos, ideas, conceptos y estrategias, a los que se llega mediante debates y análisis… significa la lucha común contra anexionistas, vendepatrias y corruptos que no tienen nada que ver con un militante revolucionario”.[xiv] En torno a esos tres conceptos está nucleada la revolucionaria mayoría de los cubanos. Otra visión, aunque respetable, es incoherente, porque, incluso, el argumento de haber nacido en esta tierra, no es suficiente frente a la Historia, el presente y el futuro, huérfana de  propuesta de país superior a la que se ha ofrecido a sí mismo este pueblo con su Revolución.

¡Presidente Díaz-Canel, usted no se equivocó! Los revolucionarios cubanos y me atrevo a decir que los del mundo, junto a las personas de buena voluntad, nos sentimos y nos sentiremos convocados siempre.

Notas:

[i]¿Qué ha pasado en Cuba? Jóvenes en la Isla opinan a partir de los sucesos del 11 y 12 de julio  de 2021”. PUBLICADO POR OCEAN SUR. OCEAN SUR ES UN PROYECTO DE OCEAN PRESS.

[ii] Ídem. Nota Editorial. p.9.

[iii] Salam Mousa Reyes (La Habana, 1987) Licenciado en Derecho (2010). Máster en Relaciones Internacionales (2018). Director de Análisis del Instituto Cubano de Radio y Televisión.

[iv] Salam Mousa Reyes. “Revolución y poder: consensos y disensos en Cuba”. ¿Qué ha pasado en Cuba? Jóvenes en la Isla opinan a partir de los sucesos del 11 y 12 de julio  de 2021. PUBLICADO POR OCEAN SUROCEAN SUR ES UN PROYECTO DE OCEAN PRESS. p.60.

[v] Ídem.

[vi] Ídem.

[vii] Ídem. P. 61

[viii] Ídem

[ix] Ídem.

[x]Ídem. P. 62.

[xi] Nota de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Constitución de la República de Cuba. Editora Política. La Habana. 2019. Pp. 79-80.

[xii] En el PREÁMBULO de la Constitución de la República se señala: “DECIDIDOS a llevar adelante la Revolución del Moncada…estableció el poder revolucionario, e inició la construcción del socialismo”. Constitución de la República de Cuba. Editora Política. La Habana. 2019. p. XII.

[xiii] El Artículo 1 de la Constitución de la República expresa: “Cuba es un Estado socialista…” (p.1). El Artículo 4 señala: “La defensa de la patria socialista… El sistema socialista que refrenda esta constitución es irrevocable.”(p. 2). Constitución de la República de Cuba. Editora Política. La Habana. 2019.

[xiv] Fidel Castro Ruz. Reflexiones: “Lula (Primera parte)”. Pp. 42-43. Enero 22 de 2008.  Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana. 2008.

 

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