Opinión

Argentina y Fidel, un amor que no muere. Por Héctor Bernardo

En 2019, a través de Acercándonos Ediciones, Julio Ferrer y yo (Héctor Bernardo) publicamos el libro Fidel Castro en la memoria argentina. La obra lleva el prólogo del ex ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, y reúne sesenta testimonios (entre entrevistas exclusivas y material de archivo) de destacadas personalidades argentinas. Entre esos testimonios se encuentran los de tres mujeres que, por su rol de liderezas sociales, han trascendido en Argentina y en el mundo: la actual vicepresidenta de la Nación Argentina, Cristina Fernández de Kirchner; el de la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini; y el de la presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto.

Los testimonios de estas tres destacadas mujeres sintetizan de manera clara el amor que ha unido a Fidel con Argentina.

Cristina Fernández de Kirchner

Fidel fue el último de los líderes modernos. Bueno es aclarar que esto tiene que ver con la conformación de una dirigencia o liderazgos globales de un mundo donde las ideas se presentaban estructuradas, en donde había proyectos políticos, donde la política era el eje transformador fundamental de la sociedad. La política fue el gran eje transformador y el gran motor de la historia, lo fue durante el siglo XX y lo va a ser durante el siglo XXI, no tengo dudas.

Fidel junto a los hombres y mujeres que hicieron la revolución cubana, alumbraron el siglo XX y se convirtieron casi en una leyenda a nivel global. Siempre dije que los pueblos tienen los líderes que se merecen. Lo de Fidel fue el encuentro de un gran líder con un gran pueblo, como es el pueblo cubano. Siempre he tenido una fuerte admiración por el espíritu de sacrificio y también por el orgullo de ese pueblo de su unidad, de su soberanía, de su independencia. A poco más de cien kilómetros de las costas del “gran país del norte” y con todo lo que ha significado la política criminal del bloqueo, que ha incidido en el atraso, los problemas de gobernanza, los problemas humanos de la sociedad cubana, realmente la fortaleza de ese pueblo es similar a la fortaleza de Fidel y los hombres que animaron la revolución. Yo siempre digo que todo hace juego con todo, y creo que Fidel hacía juego con su pueblo y su pueblo lo hacía con él.

[…] Mi recuerdo tiene que ver más con las vivencias que he tenido con él personalmente, que son vivencias de mucho afecto, de mucha calidez, de un mutuo descubrimiento personal que va mucho más allá de lo político y que ingresa en el camino de lo humano.

Fidel me abrió las puertas de su casa. Me cuenta la gente de la isla que no era común que lo hiciera. Y mucho menos en compañía de toda su familia. De Dalia, su mujer, de sus hijos, de sus nietos, hasta de su bisnieta, a la que tuve oportunidad de conocer. Esa casa llena de flores. Esa casa que Dalia cuida tanto, como lo cuidaba a él. Me sentí muy honrada de que me abrieran las puertas, porque es algo muy diferente cuando te abren las puertas de la casa de uno. Es una sensación de cercanía, de proximidad, de afecto, que es invalorable, y que además es intransferible.

Finalmente, Fidel es el recuerdo permanente y vivo de su militancia revolucionaria que se plasma en su pueblo que sigue construyendo, siempre, una sociedad digna e igualitaria.

Estela de Carlotto

Por la generación a la que pertenezco, nosotros éramos unos enamorados de esa revolución cubana triunfante en enero de 1959 que había liberado a su pueblo. La admiración no era solamente porque había un argentino, el Che Guevara, sino por Fidel y sus compañeros de lucha. Y después todo lo que construyó la revolución y el socialismo en el pueblo cubano. Era un lindo sueño conocer a ese líder y a su pueblo batallador.

Lógicamente, nunca me imaginé lo que me iba a tocar vivir a partir de la última dictadura cívico-militar que asoló mi país durante 1976-83. Primero la desaparición de mi marido Guido, quien pudo regresar después de ser liberado, tras haber sido torturado brutalmente, luego la desaparición de mi hija Laura y su hijito, y comenzar a juntarme con mujeres que habían sufrido lo mismo que mi familia, y al poco tiempo formar y fundar la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, cuyo objetivo era encontrar a los niños que habían sido secuestrados al nacer o siendo muy niños, en la mayoría de los casos con sus padres asesinados por el terrorismo de Estado.

Fuimos creciendo en la lucha y conocidas no solamente en la Argentina sino en el mundo. Y así fue como en 1984, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que lideraba Vilma Espín, la compañera de Raúl Castro (amiga entrañable que estuvo y visitó la Casa de las Abuelas) nos invitó a un Congreso de Mujeres en Cuba. En ese entonces, no todas las Abuelas comprendían la revolución cubana, así que yo en carácter de vicepresidenta de la Asociación y la otra abuela Rosa Roisinblit (actualmente vice de Abuelas) fuimos a la isla rebelde.

[…] Una experiencia inolvidable en Cuba fue cuando caminamos junto al pueblo, durante el conflicto diplomático que tenía la revolución cubana con los Estados Unidos por el justo retorno del niño Elián González a tierras cubanas junto a su padre. Era imponente ver a ese mar de gente luchando contra la injusticia de los Estados Unidos (de Argentina estaba Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, Diego Armando Maradona, entre otros referentes). Allí, habló Fidel a la multitud, luego se sacó los borceguíes y se puso las zapatillas, para poder caminar hasta el malecón.

Ya instaladas en el hotel, comenzamos nuestras reuniones con distintas mujeres de América Latina para programar viajes donde pudiéramos expresar nuestras experiencias por distintas partes del mundo. No imaginábamos que en ese primer encuentro conoceríamos al enorme Fidel. Recuerdo ese día, en donde había mucho murmullo y alegría entre nosotras y de repente aparece Fidel, imponente con su ropa de fajina, escapándoles a sus custodios y saludándonos a todas las mujeres presentes. Se preocupó por nuestra estadía y nos dio consejos. No puedo negar que era un sueño conocer a Fidel Castro, por su estatura moral y política. Y pudo ser posible.

[…] Durante años, nos vimos en reiteradas oportunidades, y siempre con el mismo amor por Abuelas. Nuestra Asociación le entregó nuestro símbolo más preciado, que es el pañuelo.

Conservo todas las tarjetas que me envió Fidel saludándome cada fin de año, y atesoro una cartera de cuero que considero un regalo especial del Comandante Eterno.

Los sentimientos son encontrados, la desaparición y asesinato de una hija es un dolor atroz para cualquier ser humano. Sin embargo ese dolor lo pudimos transformar en lucha, construir un mañana mejor, siguiendo los sueños de nuestros hijos, y dejar el camino sembrado para las generaciones venideras. También esta lucha me brindó el privilegio de conocer a uno de los hombres más extraordinarios de la historia: Fidel Castro.

Hebe de Bonafini

La primera vez que pude conversar con él, fue en un gran Encuentro de Solidaridad con Palestina. Allí pude conversar con él. Y también conocer a esa legendaria mujer, Vilma Espín.

Otro momento en el que pude conversar con él fue en el año 1996, donde me acompañó Lucía García Itzigsohn (hija de militantes detenidos-desaparecidos por el Terrorismo de Estado), en ese entonces una joven que militaba en la Agrupación HIJOS. En ese encuentro le pude entregar el pañuelo de las Madres. Fue pura emoción y alegría. Y siempre Fidel afectuoso.

A partir de ese momento se fue afianzando el vínculo, el respeto y el cariño entre nosotros.

[…] Cómo no recordar uno de las momentos más dolorosos de mi vida, cuando en el 2001 entraron “unos servicios” en mi casa y torturan a mi hija Alejandra hasta casi matarla. Cuyas secuelas fueron ataques de pánico. En ese entonces, Carlos Ruckauf era el gobernador de la provincia de Buenos Aires. En esa situación me llama Fidel y me sugiere traer a Alejandra a Cuba para ayudarla. Pedido que acepté y fue muy importante para mi hija. La salud en Cuba es una de las esencias de la Revolución.

También recuerdo con mucha emoción cuando nos reencontramos en la asunción presidencial de Lula en Brasil, en enero del 2003. Los invitados iban por un carril y los presidentes por otro, allí Fidel me ve y me viene a saludar y en ese momento me pregunta cómo andaba mi madre. Resulta que le había contado un tiempo atrás por teléfono que mi mamá había tenido una recaída de salud y estaba preocupada. Lo que demuestra es que además de ser un hombre político, un dirigente revolucionario, tenía esa sencillez y calidad humana que te sorprendía y te emocionaba.

[…] Adelantado siempre a los acontecimientos, recuerdo cuando Néstor Kirchner ganó las presidenciales del 2003, Fidel después me llamó y me dijo: “Es un gran hombre y de mucha inteligencia. Tenle paciencia”. Increíble Fidel, lo captó rapidísimo, como también lo hizo con Chávez, Evo y Correa, en ese nuevo amanecer de esos años que se despertaba en América Latina.

[…] Fidel es el dirigente revolucionario más importante del siglo veinte y veintiuno. Por su valentía, inteligencia, por su entrega a la revolución en toda Latinoamérica, su sabiduría, humildad y sus enseñanzas. Fidel es único.

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