Lun. May 16th, 2022

A los revolucionarios infantiles no los ataco, señalo con noble empeño sus faltas, consciente, como aprendí de Martí, de que hay que dar ocasión a lo mejor, para que se rebele y prevalezca sobre lo peor, confiando siempre en lo mejor de su espíritu y desconfiando en su antípoda.  Conservo en ello una lección aprendida con Frei Beto[xxxv]: “…y por tener la libertad de señalarle todo lo que me ha parecido erróneo en la sociedad y la política cubanas, dejé de hacerlo en público, siguiendo el principio de que a los amigos se les hacen críticas, denuncias, a los enemigos”.

Hay que tener probados méritos en la construcción y defensa de la revolución socialista cubana, para tener algún “derecho” de criticarla; y nunca habrá suficiente autoridad para satanizarla. Eso no es revolucionario.


La vida de los seres “vivos” en el planeta Tierra (pues están por descubrir los orígenes y evidencias de otras vidas en otros mundos), no fue obra de milagro divino alguno ni fruto de un “accidente” natural, fue el resultado de un complejo proceso de millonarias interacciones y combinaciones de compuestos físicos y químicos, que “parirían” compuestos biológicos.

“La composición de la atmósfera, el clima, la propia vida se desarrolló a través de un proceso de cambios convulsivos, saltos bruscos y todo tipo de transformaciones, incluyendo retrogresiones… Al principio la atmósfera estaba compuesta principalmente de dióxido de carbono, amoníaco, agua y nitrógeno, pero no había oxígeno libre. ¿Cómo surgieron las primeras células vivas de la sopa primordial de aminoácidos y otras moléculas simples hace unos cuatro mil millones de años? La teoría estándar, expresada en 1953 por el premio Nóbel de química Harold Urey y su estudiante Stanley Miller, era que la vida surgió espontáneamente en una atmósfera primitiva de metano, amoníaco y otras sustancias químicas, activada por relámpagos. Más reacciones químicas hubieran permitido el desarrollo de los simples compuestos vivientes en moléculas más complejas, llegando a producir una moléculas de doble hélice de ADN, o la de ARN de un sólo ramal que tienen, las dos, la capacidad de reproducirse”.[i]

Por el número importante de factores que influyen en el surgimiento, mantenimiento y éxito de una vida, es que todo nacimiento está signado por muchos peligros.

La Naturaleza dotó a todos los elementos vivos de su creación, excepto al ser humano, con capacidad para nacer en condiciones ambientales específicas, pero hostiles para el ser humano, en el que su proceso de socialización y culturización han mediatizado su existencia, alejándolo cada vez, -infinitamente más-, de las condiciones “salvajes” de vida y aproximándolos, -exponencialmente más-, a las condiciones sociales y humanas: hospitales (viviendas), personal especializado de asistencia médica (cada vez menos de las “comadronas”), instrumental y equipos de asistencia a los partos y sus seguimientos y un largo etcétera.

Un animal salvaje (e incluso doméstico) está dotado (las hembras) para parir en condiciones agrestes para cualquier ser humano. Quien haya visto a una cierva “alumbrar” a un cervatillo en plena pradera africana, podrá observar que esta lo hace sin ayuda de otros congéneres y después de pasado unos “minutos”, el cervatillo, se levanta sobre sus propios “pies” y continúa tras el rastro de los otros integrantes. Eso no lo puede hacer ningún humano, además de que requeriría de la ayuda, guía, apoyo y entusiasmo de otros para que, entre  9 y 12 meses, pueda dar sus primeros pasos por sí mismo: la naturaleza y la sociedad crearon condiciones para reducir vulnerabilidades frente a peligros.

Así ha sucedido desde el nacimiento de la Revolución Cubana, de no haberlos enfrentado resueltamente, hoy no existiría.

El primer gran peligro fue encontrar los modos de vencer la fuerza imperial del colonialismo español, donde en el orden militar, llegó un momento en que la correlación de fuerzas fue de un combatiente cubano, en ocasiones semidesnudo, sin artes de guerra y formando su conciencia nacional; contra 25 soldados españoles, con oficiales curtidos en experiencias militares en América Latina, África y en la propia España, enfrentando la invasión napoleónica.

El segundo gran peligro fue la estrategia pacificadora[ii] desplegada por el Capitán General español Arsenio Martínez Campos[iii], entre 1877 y 1878, que condujo a la derrota política de la Revolución, aprovechando oportunistamente las debilidades de los revolucionarios, lógica en el rápido y ríspido proceso de formación de la conciencia nacional, de la identidad revolucionaria y de la voluntad emancipadora y abolicionista; por tanto era “natural”, que afloraran la contradicciones de clases y culturales: regionalismo, caudillismo, racismo, indisciplinas militares (sediciones, incumplimiento de órdenes), una forma de gobierno (en Armas) inadecuada para la dirección de la guerra y la conducción de las operaciones militares con constantes intromisiones en las estrategias militares y en los movimientos de mandos (jefes y cargos), graves manifestaciones de discrepancias y fricciones entre la Cámara de Representantes y el Gobierno de la República, en las que sobresale la deposición del presidente Carlos Manuel de Céspedes, el 27 de octubre de 1873.

El tercer gran peligro fue la “guerra de pensamiento” desplegada por el partido autonomista.

“Llegar, ordenar, empujar, deshacer a habilidad enérgica y con encabezamiento respetable y amable, los pocos obstáculos que nos presenten los nuestros mismos,… por la malignidad autonomista y la benevolencia española… De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento…A lengua sinuosa nos están batiendo: cerrémosles el camino a mejor lengua”…[iv]

Después de la Guerra de los 10 Años “florecieron” los primeros partidos políticos,  sobresaliendo el Partido Liberal (conocido luego como Autonomista), que agrupaba los intereses de la burguesía criolla y el partido Unión Constitucional, que reflejaba los intereses de la poderosa burguesía española y otros sectores dominantes del país.

El papel de ambos partidos fue contrarrevolucionario, sus órganos de prensa mantuvieron una campaña permanente para denigrar a los jefes revolucionarios, tergiversar los objetivos de la lucha libertaria y confundir a la opinión nacional.

Algunos representantes (criollos) de estos partidos fueron desplegados como emisarios del Gobierno colonial hacia las zonas insurrectas, durante la llamada “Guerra Chiquita” (1879-1880) en Cuba, con propósitos de desalentar, desmoralizar y convencer a las fuerzas revolucionarias de lo inútil, inconveniente y desfavorable de sus acciones contra España.

Al respecto, sobre la efectividad de estas maniobras subversivas, el Capitán General Blanco[v], declaró públicamente: “(…) que la actitud del Partido Liberal había valido para España y para la paz mucho más que veinte batallones”[vi]

Las muertes de Martí[vii] y Maceo[viii], devinieron en un duro y decisivo golpe para el destino de la nación. No solo caían combatiendo los dos más preclaros líderes del movimiento político, militar, revolucionario cubano de la época (siglo XIX); sino que se perdían los ejes aglutinadores y canalizadores de las profundas discrepancias que todavía persistían entre los revolucionarios cubanos. Ello posibilitó que se consumara lo que Martí denominó el “peligro mayor” y que en Maceo, creó tanto resentimiento: la intromisión yanqui en los destinos de Cuba.

Otros peligros identificó el Apóstol de la independencia cubana para la futura Cuba (la que se erigiría en la república libre de colonialismo), ante la inevitable tendencia a introducirse dentro de la Isla las corrientes ideológicas, políticas y filosóficas del ideal socialista. En carta[ix] a su entrañable amigo, Fermín Valdés Domínguez[x], le comenta:

 

“Dos peligros tiene la idea socialista como tantas otras:–el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas:–y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados. Unos van, de pedigüeños de la reina,–como fue Marat[xi],-cuando el libro que le dedicó con pasta verde -a lisonja sangrienta, con su huevo de justicia, de Marat. Otros pasan de energúmenos a chambelanes, como aquellos de que cuenta Chateaubriand[xii] en sus “Memorias”[xiii].

 

En esos “dos peligros” se encierra el infantilismo revolucionario, con que algunos compatriotas expresan de manera “noble”, y otros de manera “oportunista”, sus modos de solucionar el histórico dilema de la existencia de la nación cubana: “¡O Yara o Madrid!”, fue el pronunciamiento martiano, o sea, o la independencia nacida en Yara[xiv] o aceptar una sempiterna sumisión a España.

Hoy el dilema de la emancipación nacional, y el de la conquista de toda la justicia social, se expresa simbólica y orgánicamente en la consigna: ¡Patria, Socialismo o Muerte!, que de no superarse el infantilismo revolucionario, en algunos compatriotas, nos conducirá a cometer los mismos errores que conllevaron a la derrota político-ideológica de la Revolución: (1878[xv], 1898[xvi] y 1933[xvii]).

Es infantilismo revolucionario creer, pretender, sugerir, proponer, defender e intentar aplicar; por creerla o considerarla novedosa, moderna, aplicable, factible, recomendable, pertinente, pragmática y hasta “diferente”, las fórmulas capitalistas (neoliberales), para “ayudar” a “resolver” la problemática cubana, que se resume en la “prosperidad individual” como consecuencia del “desarrollo económico”, y el otro problema es el secular diferendo Estados Unidos-Cuba, iniciado, agravado y apáticamente asumida su solución por los vecinos “del norte revuelto y brutal que nos desprecia.

Lo que Martí alerta como “lectura extranjeriza”, tiene dos maneras de entenderse; la primera es el riesgo de copiar acríticamente todo lo que viene de “afuera”, sin tener en cuenta las realidades nacionales, históricas y culturales, así como los intereses y objetivos alimentan y proyectan las generaciones encargadas de materializar la “lectura”.

Al respecto el Maestro denunció: “La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se ve para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo… El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.[xviii]

La segunda manera de entender la “lectura extranjeriza”, es intentar convencernos de que es revolucionario volver a aplicar el capitalismo en Cuba, porque este es exitoso y el Socialismo es un sistema fallido y la Revolución un proyecto anticuado y descontextualizado. Lo que se esconde detrás de esa lectura, es la ingenuidad e infantilismo político de unos pocos y el hábil y oportunista aprovechamiento que hacen de esa lectura y de sus defensores los ambiciosos, resentidos, corruptos, intrigantes y egoístas de siempre; antípodas del proyecto emancipador y de justicia social que defiende el pueblo cubano, para Cuba y para el Mundo.

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz criticó, denunció y alertó sobre esa tendencia ideológica en algunos militantes comunistas, funcionarios del Estado y el Gobierno cubanos, en algunos compatriotas y en supuestos “amigos” (superrevolucionarios) del proceso nacional cubano:

“¿Qué ocurre con los súperrevolucionarios de la llamada extrema izquierda? Algunos lo son por falta de realismo y el agradable placer de soñar cosas dulces. Otros no tienen nada de soñadores, son expertos en la materia, saben lo que dicen y para qué lo dicen. Es una trampa bien armada en la que no debe caerse. Reconocen nuestros avances como quienes conceden limosnas…

¿Qué aconsejan a la Revolución? Veneno puro. Las fórmulas más típicas del neoliberalismo… Los súperrevolucionarios que recetan tales medicamentos ignoran de forma deliberada otros recursos verdaderamente decisivos para la economía… Se estimula el instinto egoísta de los seres humanos, mientras los precios de los alimentos se duplican y triplican. Nadie ha sido más crítico que yo de nuestra propia obra revolucionaria, pero jamás me verán esperar favores o perdones del peor de los imperios.”[xix]

Y hacia lo interno criticó duramente a “…quienes creyeron que con métodos capitalistas iban a construir el socialismo…[xx]  Señalando a continuación que “… es uno de los grandes errores históricos… tengo infinidad de ejemplos de que no se dio pie con bola en muchas cosas que se hicieron, quienes se suponían teóricos, que se habían empanfletado hasta el tuétano de los huesos en los libros de Marx, Engels, Lenin y todos los demás”. [xxi]

Para en otro diálogo exponer: “… Entonces andamos haciendo socialismo muchas veces con aquellas categorías adoptadas del capitalismo, lo cual es una de las grandes preocupaciones que tenemos. Porque si uno utiliza las categorías del capitalismo como instrumento en la construcción del socialismo, obliga a todas las empresas a competir unas contra otras, surgen empresas ladronas, piratas que se dedican a comprar aquí y a comprar allá. Habría que hacer un estudio bien profundo.”[xxii]

Concluyendo que las causas de esos errores (de mantenerse, se convierten en peligros potenciales y mortales del Socialismo en Cuba) están en “…la interpretación de las doctrinas, y se han hecho muchas. Por eso estuvieron divididos los progresistas durante tanto tiempo, y las polémicas  entre anarquistas y socialistas, los problemas después de la revolución bolchevique de 1917 entre trotskistas y stalinistas, o, digamos, para los partidarios de aquellas grandes polémicas que se produjeron, la división ideológica entre dos grandes dirigentes, de los cuales el más intelectual de los dos era, sin duda, Trotski…[xxiii] Y que: “… entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo…”[xxiv]

 

Lenin enfrentó “la enfermedad infantil del izquierdismo”[xxv] y el “infantilismo izquierdista”[xxvi], señalando de este último que: “sin embargo, nuestros comunistas «de izquierda» -a quienes gusta también denominarse comunistas «proletarios», pues tienen muy poco de proletario y mucho de pequeñoburgués…”[xxvii], para legarnos el antecedente histórico del “infantilismo revolucionario” que hoy prevalece en el pensar y actuar de algunos compatriotas.

No por gusto el general de Ejército Raúl Castro Ruz, en discurso correspondiente al tercer periodo ordinario de sesiones de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en agosto de 2009, en clara respuesta a solicitudes externas, de mayores “gestos unilaterales en la dirección de desmontar nuestro régimen político y social”[xxviii], y que tiene entusiasta calor en el infantilismo revolucionario, señaló: A mí no me eligieron presidente para restaurar el capitalismo en Cuba ni para entregar la Revolución. Fui elegido para defender, mantener y continuar perfeccionando el socialismo, no para destruirlo.[xxix]

 

Siendo coherente con este principio, el 1 de enero de 2009, cuando se cumplieron los primeros 50 años de la Revolución triunfante en Cuba, previsoramente alertó: “…los dirigentes del mañana… no olviden nunca que esta es la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes; que no se reblandezcan con los cantos de sirena del enemigo y tengan conciencia de que por su esencia, nunca dejará de ser agresivo, dominante y traicionero; que no se aparten jamás de nuestros obreros, campesinos y el resto del pueblo; que la militancia impida que destruyan al Partido. Aprendamos de la historia. Si actúan así, contarán siempre con el apoyo del pueblo, incluso cuando se equivoquen en cuestiones que no violen principios esenciales. Pero si sus actos no estuvieran en consonancia con esa conducta, no contarán siquiera con la fuerza necesaria ni la oportunidad para rectificar, pues les faltará la autoridad moral que sólo otorgan las masas a quienes no ceden en la lucha. Pudieran terminar siendo impotentes ante los peligros externos e internos, e incapaces de preservar la obra fruto de la sangre y el sacrificio de muchas generaciones de cubanos”.[xxx]

 

Una reflexión, contextualizada en los afanes del imperio norteamericano de desmembrar la unidad del pueblo, en torno al Partido Único y al proyecto socialista, democrático, humano y de justicia social, realizó cinco años después, ante la misma conmemoración y en el mismo lugar: “En nuestro caso, como sucede en varias regiones del mundo, se perciben intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial, enfiladas contra las esencias mismas de la Revolución Socialista a partir de una manipulación premeditada de la historia y de la situación actual de crisis general del sistema capitalista, en menoscabo de los valores, la identidad y la cultura nacionales, favoreciendo el individualismo, el egoísmo y el interés mercantilista por encima de la moral.

En resumen, se afanan engañosamente en vender a los más jóvenes las supuestas ventajas de prescindir de ideologías y conciencia social, como si esos preceptos no representaran cabalmente los intereses de la clase dominante en el mundo capitalista.[xxxi]

El infantilismo revolucionario parte de la ingenuidad (por ignorancia, pobre conocimiento y apatía hacia el saber de la Historia Universal, Regional y Cubana), de creer que la buena voluntad y simpatías hacia el proceso revolucionario siempre conduce a toda la justicia, la razón y la verdad.

Los practicantes de ese infantilismo revolucionario, sin estudios profundos ni conocimientos sólidos sobre la complejidad de las realidades humanas y sociales, sin el hábito de ejercer con paciencia e integralidad el importante método de pensar, que exige sentido objetivo, realista y crítico; creen saber y poseer “todas” las respuestas y fórmulas para construir el socialismo en Cuba; a ello se suman los que teniendo alguna noción con la doctrina, cometen los mismos errores de interpretación del Marxismo-Leninismo, su aplicación dogmática e idealista porque la desconocen, subestiman y hay quienes la aborrecen.

El destino de todo “revolucionario infantil” es desconocer y abdicar de las “utopías”, corriéndose del rojo comunista al azul “reconciliador” y oportunista de la “tercera vía” socialdemocrática.

Como todo proceso objetivo estas manifestaciones del infantilismo revolucionario se han trasladado a los espacios virtuales de las redes sociodigitales. En un reciente artículo periodístico el destacado especialista en medios audiovisuales, Javier Gómez Sánchez[xxxii], contextualizó ese espacio y las formas en las que se expresan algunas de estos infantilismos:

“El crecimiento y la consolidación del escenario digital de lucha ideológica, en su combinación con el escenario real, ha ido llevando a una maduración de todos los actores en la defensa de la Revolución, los tradicionales y los surgidos en este tiempo, cuyo éxito se mide por la capacidad de integrarse, asimilarse y funcionar como uno solo. Siempre una constante será el cuestionamiento al inmovilismo y a la burocratización de la militancia, ante una contrarrevolución que constantemente trata de renovar su discurso y a sus actores

 

… ¿En ese escenario deberíamos ponernos a discutir de dogmas, sectas, marxismos, guiones por el medio, leninismos, grupismos? Estaríamos malgastando la energía que necesitamos para producir la teoría realmente necesaria, para reunirnos y debatir sobre todo lo que necesitamos, para movilizarnos y mantener activas las fuerzas emotivas e intelectuales que pueden y deben defender en tiempos difíciles las ideas del socialismo y de la Revolución. Ni las discusiones bizantinas, ni los “grupismos”, ni los egos individuales y colectivos, ni las identidades artificiales como marcas registradas, nos darán lo que necesitamos. Solo nos quitarán y nos dividirán. Se le estaría haciendo un flaco favor a la Revolución, y dando una placentera satisfacción a la contrarrevolución y a sus patrocinadores siempre observantes”.[xxxiii]

Otro ejemplo fue a raíz de la oportuna, clara y profunda intervención del vice primer ministro y ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández, en el programa televisivo “Mesa Redonda”, del pasado 9 de febrero de 2022; en un muro de Facebook, un usuario arremetió contra el ministro, otros dirigentes de la Revolución y la política que sustenta muchas medidas económicas aplicadas en el país, en donde una de las polémicas es la presencia de tiendas que operan con monedas libremente convertibles (MLC).

Allí el usuario comentó irrespetuosamente: “Mi sugerencia del día para usted y (el) resto de dirigentes enfermos con la Ceguera Blanca, de Saramago… Firma: Un cubano patriota, socialista, pero más que todo REVOLUCIONARIO” (sic)

Dentro de las respuestas a los comentarios que suscitó su publicación señaló:

  • “Siempre dispuesto al debate y al aprendizaje de quienes difieren de mi pensamiento, aunque haya quiénes estén aferrados a discursos del año 60”.
  • “Yo conozco la importancia de la MLC para el país…pero la medida de la MLC ha tenido una aplicación totalmente distinta de la que se planteó al inicio, cuando todos confiamos en la máxima dirección del país…”
  • “Se ha hablado también que con ese dinero se abastece el mercado en MN (moneda nacional), pero nunca se ha dicho en qué proporción, y en la práctica no se ve”.
  • Hay una dolarización brutal, que para colmo se ha sumado a la inflación…”
  • “Entonces, mi querido amigo (respondiendo a un comentarista de su publicación), las soluciones tienen que aparecer, porque de discurso no se vive”.
  • “Si Cuba tiene que renunciar a la economía planificada, y entrar en la economía de mercado, pues que se haga”.
  • Ya la desigualdad está creada, y ni pasando cientos de años ello se va a arreglar…”
  • Tengo fe y sé que saldremos adelante, pero no es yendo a la Mesa Redonda, a decir lo que ya sabemos…”
  • “Te aprecio, te saludo y te abrazo, aunque somos generaciones distintas de revolucionarios”.

De más está decir que la publicación “unió” a algunos resentidos, con otros cansados de “hacer revolución” en un socialismo “fracasado y pasado de moda”; además que sintonizó con apáticos, hipercríticos y con personas llenas de una ingenua “buena fe” hacia alguna “solución capitalista” al problema: nada, que debemos solucionar la “desigualdad” con más desigualdad y la “injusticia” con la más cruel de las injusticas. Creen más en el capitalismo que Adam Smith y David Ricardo; que en Donald Trump y George Soros. Ni los más fervientes defensores del sistema del capital, creen ni se toman el tiempo de argumentar que el Capitalismo es humano, igualitario y justo. Dos días después de estos comentarios, el autor posteó la opinión de “una experta” en economía, porque: “…si lo digo yo es intrusionismo (neologismo relativo a intruso) profesional o la Coca-Cola que me hace daño”-dijo-

Es indiscutible su infantilismo revolucionario.

Confunde la crítica constructiva, útil, sanadora, con el hipercriticismo lacerante y conducente al escarnio de la víctima. No se tomó ni la más ligera molestia para criticar la condición causante del giro al objetivo inicial de la medida.

La culpa es del “gobierno ineficaz” cubano y no del bloqueo genocida yanqui, reforzado oportunistamente en tiempo de pandemia, con 243 medidas, que permanecen intactas y que limitan la entrada de divisas convertibles al país y restringen a límites inimaginables cualquier operación financiera con ellas en el mundo. (No existen para estas “damas y caballeros” la cancelación de los cruceros, de las remesas, de la Western Union, de la persecución brutal y con saña a los bancos que realicen transacciones financieras con Cuba, de la prohibición a los viajeros norteamericanos a visitar Cuba, que no tenemos derechos a recibir préstamos de ninguna institución financiera y bancaria internacional dominada por los Estados Unidos, entre otras).

Se autotitula “revolucionario”, pero no pasa de ser un rebelde que acompaña (sin intenciones, según él), en el fondo, las esencias de la “causa” del imperialismo norteamericano contra Cuba y de la contrarrevolución; pues sus críticas y comentarios ni van a la raíz del fenómeno, desconoce contextos y causas, subestima con agotamiento ideológico y psicológico la pelea de la Economía cubana por mantenerse a flote, en medio del mar tormentoso de la Crisis Sistémica e Integral del Capitalismo, acrecentada por la pandemia de Covid-19 y las otras “pandemias endémicas” de ese sistema: hambrunas, subdesarrollo, saqueos, colonización, migración galopante y descontrolada, insalubridad, analfabetismo, desigualdad, injusticias, despojos y destrucción del medio ambiente…

Si bien nuestra economía no es de las de mayor rédito del mundo, es la única en la historia humana capaz de mantener un proyecto socialista, democrático, independiente, soberano, humano y con mayor suma de justicia social conocida, depositada en un pueblo entero, en las condiciones anteriormente descritas; y cuyo mayor mérito histórico, es no haber sido derrotada ni devorada por la potencia económica, militar, cultural y tecnológica más poderosa y jamás existida en el planeta Tierra. Esa economía “maltrecha” ha obrado ese “milagro”.

“En este mundo real, que debe ser cambiado, todo estratega y táctico revolucionario tiene el deber de concebir una estrategia y una táctica que conduzcan al objetivo fundamental de cambiar ese mundo real.  Ninguna táctica o estrategia que desuna sería buena”.[xxxiv] Ni es bueno (nunca lo sería), ante el cansancio y la vergüenza de dejar de pelear, aceptar volver al pasado neocolonial “reconstruyendo” el capitalismo en Cuba.

A los revolucionarios infantiles no los ataco, señalo con noble empeño sus faltas, consciente, como aprendí de Martí, de que hay que dar ocasión a lo mejor, para que se rebele y prevalezca sobre lo peor, confiando siempre en lo mejor de su espíritu y desconfiando en su antípoda.  Conservo en ello una lección aprendida con Frei Beto[xxxv]: “…y por tener la libertad de señalarle todo lo que me ha parecido erróneo en la sociedad y la política cubanas, dejé de hacerlo en público, siguiendo el principio de que a los amigos se les hacen críticas, denuncias, a los enemigos”.

Hay que tener probados méritos en la construcción y defensa de la revolución socialista cubana, para tener algún “derecho” de criticarla; y nunca habrá suficiente autoridad para satanizarla. Eso no es revolucionario.

El infantilismo revolucionario deberá tener presente que ser revolucionarios, como la Unidad, en cualquier época y de cualquier generación “…significa compartir el combate, los riesgos, los sacrificios, los objetivos, ideas, conceptos y estrategias, a los que se llega mediante debates y análisis… significa la lucha común contra anexionistas, vendepatrias y corruptos que no tienen nada que ver con un militante revolucionario[xxxvi] y “…que las maravillas vendrán algo lentas/ porque el mundo tiene aún muy corta edad…”[xxxvii]

Notas:

[i] Alan Woods y Ted Grant. “Razón y Revolución”. Filosofía marxista y ciencia moderna. P. 204. ISBN: 5485747485745 Generado con: QualityEbook v0.37

[ii] Este militar (Arsenio Martínez Campos), conocido en España como el Pacificador, por haber acabado con los alzamientos carlistas y cantonalistas, comenzó rápidamente a implantar un nuevo estilo de guerra, y sustituyó a los oficiales sanguinarios que anteriormente dirigían las demarcaciones cubanas. El sobreseimiento de los bienes embargados; el respeto a la vida de los mambises que se presentases a los españoles; la entrega de un poco de dinero a los que así lo quisiesen; la eliminación de las deportaciones; el reparto de raciones a mambises famélicos, y, sobre todo, «peinar» exhaustivamente cada zona villareña para reducir al máximo la existencia de insurrectos, un excelente resultado, en momento en que la Revolución atravesaba un período de gran inestabilidad, reconoció la libertad de los esclavos y colonos chinos presentes en las filas mambisas. (EcuRed)

[iii] Arsenio Martínez Campos y Antón. Militar y político español. Jefe de operaciones militares en Cuba (1869-1870 y 1876-1878). Gobernador y Capitán General de Cuba (1878-1879 y 1895-1896). Presidente del Consejo de Ministros de España y Ministro de la Guerra en 1879. Capitán General de Cataluña (1873; 1874-1876; 1890; 1893). Su estancia en Cuba en la primera etapa se caracterizó por una política conciliadora que culminó en el Pacto del Zanjón. En su segundo período sufrió grandes descalabros militares. (EcuRed)

[iv] José Martí. “Carta a  Benjamín Guerra y Gonzalo de Quesada”. Nueva  York,  10 de abril, 1895. P. 121. Obras Completas.   Tomo 4.  Versión Digital. Centro de Estudios Martianos. 2001.

[v] Ramón Blanco y Erenas, marqués de Peña Plata. Militar y noble español. Gobernador de Cuba (1879-1881 y 1897-1898). Capitán General de Navarra (1876), Filipinas (1893-1896) y Cataluña. Su primer mandato en Cuba se caracterizó por la destrucción que sufría la isla tras la contienda de la Guerra de los Diez Años y el desarrollo de la Guerra Chiquita. En su segundo mandato trató de implantar la autonomía en la isla para frenar la revolución independentista, concluyendo con la intervención norteamericana. (EcuRed)

[vi] “Nuestros reveses y victorias: causas y experiencias. (1868-1958)”.  Casa Editorial Verde Olivo. La Habana. 2014. P. 69.

[vii] José Julián Martí Pérez (La Habana, 28 de enero de 1853Dos Ríos, 19 de mayo de 1895). Héroe Nacional de Cuba. Fue un hombre de elevados principios, vocación latinoamericana e internacionalista; intachable conducta personal, tanto pública como privada y con cualidades humanas que en ocasiones parecen insuperables. Un cubano de proyección universal que rebasó las fronteras de la época en que vivió para convertirse en el más grande pensador político hispanoamericano del siglo XIX. (EcuRed)

[viii] Antonio Maceo Grajales. Mayor General del Ejército Libertador. Considerado todo un maestro en el empleo de la táctica militar fue combatiente por excelencia y jefe de elevado prestigio. Como guerrero incansable, se calcula que intervino en más de 600 acciones combativas, entre las que se cuentan alrededor de 200 combates de gran significado. Su cuerpo estaba marcado por 26 cicatrices de guerra, de las cuales recibió 21 en la contienda del 68.  Por el ímpetu y bravura con que enfrentó al enemigo, y por su talla como hombre integral, pasó a la historia como el Titán de Bronce. En febrero de 1878 dio respuesta contundente a quienes gestaban el Pacto del Zanjón al librar los victoriosos combates de Llanada de Juan Mulato y San Ulpiano. El 15 de marzo de 1878 se entrevistó con el general español Arsenio Martínez Campos, en Mangos de Baraguá, hecho recogido en la historia como la Protesta de Baraguá. Cae en combate el 7 de diciembre de 1896 en San Pedro, provincia de La Habana. (EcuRed)

[ix] José Martí. “Carta a  Fermín  Valdés  Domínguez. Nueva  York,  mayo, 1894. P. 168. Obras Completas. Tomo 3.  Versión Digital. Centro de Estudios Martianos. 2001.

[x] Fermín Valdés – Domínguez y Quintanó. Coronel del Ejército Libertador. Médico-cirujano y periodista.  Amigo y colaborador de José Martí. (EcuRed)

[xi] Jean Paul Marat. Médico, periodista y político. Apasionado de la filosofía. Nació el 24 de mayo de 1743, en Boudry, Neuchâte, Francia. El 10 de agosto de 1792, participó en el asalto al Palacio de las Tullerías, donde residía la familia real. Fue asesinado por una joven el 13 de julio de 1793. (EcuRed)

[xii] François René, vizconde de Chateaubriand (17681848) proporcionó, con su azarosa vida, material para una novela a más de un escritor. Ingresó como oficial en el ejército francés, vivió durante más de un año entre los indios americanos y entró en el Servicio diplomático, que abandonó al poco tiempo por discrepancias con Napoleón Bonaparte. Caído este, llegó a ser embajador, representando a su país en Berlín y Londres, y organizó la expedición a España de los Cien mil hijos de San Luís. Tres cosas hicieron famoso a Chateaubriand: sus avatares políticos, su fiel amor a Madame Récamier y el chateaubriand inventado por su jefe de cocina, Montmiriel. (EcuRed)

[xiii] Epopeya extraordinaria de unos tiempos convulsos que François de Chateaubriand vivió como testigo y protagonista, las Memorias de ultratumba son un documento literario atemporal. Melancólico y desengañado, aristócrata que presenció la Revolución Francesa, que viajó a la joven República americana y conoció el esplendor y la falsía del Imperio napoleónico, así como la Restauración, Chateaubriand fue un hombre polifacético, hábil y vehemente, cuyas Memorias—«un templo de la muerte erigido a la luz de mis recuerdos»—nacieron como confrontación personal con la Historia, como revancha contra el tiempo. Un escritor maravilloso y de culto capaz de construir, como el profesor Fumaroli dice en el prólogo redactado para esta edición, «una reflexión profunda, de una actualidad sobrecogedora y de un alcance universal, sobre la era democrática inaugurada por la Revolución Americana y por la Revolución Francesa, sobre las grandes esperanzas que ella hizo nacer, sobre los peligros que llevaba en germen, y sobre las pruebas insólitas a las que exponía, en su expansión mundial, la libertad y la humanidad misma del hombre.» Introducción de Jean-Claude Berchet. (Wikipedia)

[xiv] El pronunciamiento de independencia en Cuba se produjo el 10 de octubre de 1868, en la finca “La Demajagua”, en Manzanillo,  región oriental de Cuba, hoy municipio de la provincia “Granma” y propiedad del iniciador y primer presidente cubano Carlos Manuel de Céspedes. Yara fue el escenario del primer combate de esa gesta libertaria, ocurrido al día siguiente de proclamado el grito independentista. Esa acción combativa fue la primera victoria española y con entusiasmo fue dada a conocer a las Cortes españolas, de ahí, que durante años, por la propaganda triunfalista desplegada, se asociara el inicio de las epopeyas emancipatorias en Cuba con Yara, para dejar fijada la idea de una gesta fracasada y condenada a la derrota, sin embargo en Cuba y el mundo, es sinónimo de decisión de lucha, de espíritu irredento, de inicio de la Revolución cubana. Por eso se asienta en mucha literatura histórica como el “Grito de Yara”.

[xv] Fin de la Guerra de los Diez Años con el pacto del Zanjón y el triunfo del “pacifismo” español. Paz sin independencia y sin abolición de la esclavitud, los dos objetivos políticos más importantes a alcanzar con la “Guerra Grande”.

[xvi] El oportunismo e intervencionismo yanqui en la guerra independentista aprovechó “la corta edad” política y revolucionaria de los líderes del proceso emancipador cubano de ese año y los subsiguientes.

[xvii] Fracasan los procesos revolucionarios de los años 30, por la muerte prematuras de Julio Antonio Mella (asesinado), Rubén Martínez Villena (tuberculosis) y Antonio Guiteras (asesinado); unido a la falta de unidad entre los obreros, estudiantes, ausente presencia del campesinado, inexperiencia e inmadurez del Partido Comunista (clandestino y perseguido) y la labor combinada de la Reacción (la Embajada yanqui en Cuba, la caterva de politiqueros pro estadounidenses y el “nacimiento” de una figura nefasta para la nación y los líderes revolucionarios: Fulgencio Batista.

[xviii] José Martí. “Nuestra América”. Obras Completas. Tomo 6. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1991. Edición Digital. Pp. 16-17.

[xix] Fidel Castro Ruz. Reflexiones “Los súperrevolucionarios”. 3 de septiembre del 2007.  Reflexiones de Fidel. Tomo 3. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana. Pp. 92-94.

[xx] Fidel Castro Ruz. “Discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana”. 17 de noviembre de 2005. Sitio “Fidel Soldado de las Ideas”. Cubadebate. www.fidelcastro.cu

[xxi] Ídem

[xxii] Fidel castro Ruz. “CIEN HORAS CON FIDEL. Conversaciones con Ignacio Ramonet”. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado La Habana, 2006. P. 182.

[xxiii] Ídem. Pp. 182-183.

[xxiv] Fidel Castro Ruz. “Discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana”. 17 de noviembre de 2005. Sitio “Fidel Soldado de las Ideas”. Cubadebate. www.fidelcastro.cu

[xxv] OBRAS ESCOGIDAS TOMOS III. V. I. Lenin. Edición: Progreso, Moscú 1961. P. 190

Lenin escribió este texto en 1920, con el objetivo de dar a conocer en mayor detalle cuál había sido el método y la táctica seguida durante décadas por los marxistas rusos para ganar el apoyo mayoritario de los trabajadores y del campesinado pobre y lograr que la revolución finalmente triunfase en 1917.

Debido a la falta de experiencia muchos de los nuevos y jóvenes dirigentes comunistas en todo el mundo abrazaban, sin ser conscientes, una política en ocasiones sectaria y ultraizquierdista, alejándose tanto de las masas a las que apelaban, como de las tradiciones bolcheviques que decían defender. Para tratar de corregir esta situación y contribuir a la generalización de toda la experiencia bolchevique, Lenin elaboró esta obra.

[xxvi] OBRAS ESCOGIDAS TOMOS II. V. I. Lenin. Edición: Progreso, Moscú 1961. P. 380.

[xxvii] Ídem. P. 381.

[xxviii] Raúl Castro Ruz. “Revolución. La Obra más hermosa”. Discursos, entrevistas, declaraciones. 14 de junio de 2006-23 de diciembre de 2011. Tomo 1. Ediciones Celia. La Habana. 2021. P. 330.

[xxix]. Ídem. P. 331.

[xxx] Ídem. Pp. 258-259.

[xxxi] Ídem. Tomo II. P. 112.

[xxxii] Licenciado en Medios de Comunicación Audiovisual. Productor, Director y Guionista de Cine y Televisión. Egresado del Instituto Superior de Arte, ISA (hoy Universidad de las Artes), de la cual es uno de sus decanos.

[xxxiii] Javier Gómez Sánchez. “La única discusión revolucionaria es la que beneficia a la Revolución”. 13 de enero de 2022. http://www.cubadebate.cu/opinion/2022/01/13/la-unica-discusion-revolucionaria-es-la-que-beneficia-a-la-revolucion/

[xxxiv] Fidel Castro Ruz. “Discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana”. 17 de noviembre de 2005. Sitio “Fidel Soldado de las Ideas”. Cubadebate. www.fidelcastro.cu

[xxxv]  Frei Beto le señala una contradicción a Fidel sobre un hecho determinado. Fidel reconoce su error: “-Tienes toda la razón, –reconoció Fidel- … quiero pedirte una cosa: siéntete siempre cómodo para hacerme cualquier crítica. No solo es un derecho, es un deber”. “A partir de entonces, cuando he tenido la oportunidad de quedarme a solas con Fidel he cumplido rigurosamente mi deber…”. Frei Beto. “Paraíso perdido. Viajes por el mundo socialista”. P. 95.

[xxxvi] Fidel Castro Ruz. Reflexiones: “Lula (Primera parte)”. Pp. 42-43. Enero 22 de 2008.  Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana. 2008.

[xxxvii]Silvio Rodríguez. Fragmento de canción “Venga la esperanza”. https://www.google.com/search?channel=crow5&client=firefox-b-d&q=letra+de+la+cancion+venga+la+esperanza

Por REDH-Cuba

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