Raúl Castro, a quien el Papa Francisco había llamado públicamente “su amigo más querido”, se enfrenta hoy a una acusación formal en Estados Unidos tan grave en sus alegatos como infame y políticamente reveladora de las intenciones criminales de Donald Trump.


Fuente: Faro di Roma

 

El pretexto es verdaderamente absurdo: quieren condenarlos por defender la soberanía de su país, como era su deber y derecho. De hecho, Washington ha presentado una acusación complementaria contra Raúl Castro y otros líderes cubanos por el derribo en 1996 de los aviones de la organización anticastrista “Hermanos al Rescate”. Estados Unidos habla de “asesinato”, “conspiración” y “violencia contra ciudadanos estadounidenses”. El fiscal general interino de la administración Trump declaró: “Por primera vez en casi 70 años, altos funcionarios del régimen cubano han sido acusados ​​en Estados Unidos por presuntos actos de violencia que resultaron en la muerte de ciudadanos estadounidenses. El presidente Trump y el Departamento de Justicia están decididos a restablecer un principio simple: si matas a estadounidenses, te procesaremos. No importa quién seas. No importa qué cargo ocupes”.

Retórica repugnante. Y preocupante. Esta iniciativa judicial no parece ser simplemente un trámite procesal, sino más bien el primer paso de una estrategia integral contra la soberanía cubana y contra todos los gobiernos latinoamericanos que siguen abogando por la independencia nacional, la autodeterminación y modelos alternativos a la hegemonía norteamericana.

No es casualidad que todo esto ocurra tras el incidente del 3 de enero contra Venezuela, una escalada que muchos observadores latinoamericanos consideran un salto cualitativo en la presión política, económica y judicial de Washington sobre la región bolivariana. La impresión es la de una nueva fase de la guerra híbrida: sanciones, aislamiento financiero, criminalización internacional y el uso extraterritorial de la justicia estadounidense.

La acusación contra Raúl Castro adquiere, por tanto, un profundo significado simbólico. Atacar a uno de los protagonistas históricos de la revolución cubana equivale a atacar la memoria misma de la revolución, su legitimidad histórica y su capacidad de resistencia.

Sin embargo, Cuba continúa resistiendo.

Las primeras manifestaciones internacionales de solidaridad ya están llegando desde Roma, con una protesta frente al Parlamento italiano en la Piazza Montecitorio, seguida de otras iniciativas en varias ciudades italianas “en defensa de Raúl”.

Detrás de esta historia, resurge todo el historial sin resolver de las relaciones entre Washington y Cuba. Desde el bloqueo económico y las sanciones hasta la constante presión diplomática y mediática, la isla sigue siendo tratada como una anomalía geopolítica que debe ser sometida o normalizada.

Ahora, la administración Trump parece querer cerrar el caso cubano mediante una política de “máxima presión”, justo cuando la isla atraviesa una de las crisis económicas más difíciles de las últimas décadas.

Pero el riesgo es enorme. Porque transformar el conflicto político en persecución judicial internacional avivaría nuevas tensiones continentales y reabriría escenarios de la Guerra Fría que parecían pertenecer al siglo XX.

Por eso, el caso de Raúl Castro no se limita a Cuba. Se trata de derecho internacional, de la soberanía de los pueblos y del futuro mismo de América Latina. Luciano Vasapoll. Y es precisamente por eso que hoy, ante esta escalada, crece una red internacional de solidaridad que ve en Cuba no solo a un gobierno que debe ser defendido, sino también a un símbolo histórico de resistencia contra toda forma de subordinación geopolítica.

 

 

La acusación contra Raúl Castro en Estados Unidos se asemeja mucho a las mentiras hábilmente construidas por el imperialismo estadounidense para preparar el terreno para el secuestro de Nicolás Maduro y la operación militar llevada a cabo en Venezuela.

Tras más de sesenta años de embargo y meses de asedio total a la isla, la escalada de violencia estadounidense contra el pueblo cubano y su heroica revolución parece no tener fin.

En estos momentos difíciles, debemos construir las manifestaciones de solidaridad más amplias, unidas y participativas en apoyo a Cuba, junto con todos los defensores de la paz y la autodeterminación de los pueblos, contra las amenazas de agresión militar llevadas a cabo por Estados Unidos.

Cuba no está sola
Con Fidel, Raúl Castro y Díaz-Canel
¡Preparemos las movilizaciones, hasta la victoria!

@embacubaitalia

 

Por REDH-Cuba

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