La Plaza de la Revolución Antonio Maceo de Santiago de Cuba, se alista para la celebración mañana 1 de mayo, del Día Internacional de los Trabajadores. 30 de abril de 2014. Rin FOTO/Miguel RUBIERA JUSTIZ

 

¿Cuántas Cubas, por así decirlo, caben en la humanidad? Si lo que queremos es una respuesta cuantitativa, podríamos sacar rápidamente un cálculo numérico con base al número de pobladores. 10.500.000 habitantes son los que tiene Cuba. Comparándolo con la población humana actual, estimada en unos 8.300 millones de personas, nos daría una respuesta rápida bastante precisa: en la humanidad caben unas 790 Cubas. De hecho, hay alrededor de treinta y seis ciudades cuya mancha urbana supera el número de habitantes de Cuba. Por poner un ejemplo, en Yakarta, con sus 41,9 millones cabría cuatro veces la población cubana.

Ah, pero la pregunta, correctamente formulada desde la inteligencia y el corazón, debería remitirnos a un escenario cualitativo, por el peso que Cuba tiene en nuestra existencia y en la existencia de muchos. Por lo que significa en términos de inteligencia política, originalidad, coraje, resistencia, desprendimiento y, sobre todo, dignidad en la historia contemporánea. O por expresarlo de otro modo, como referencia indispensable en las luchas emancipadoras de los pueblos del mundo. Y allí, entonces, sin despreciar a nadie, a ningún país, a ninguna cultura, y sin caer en un juego de comparaciones, tendríamos que llegar a la conclusión de que Cuba es única. Y, para nosotros, además de única, también, por ello mismo, entrañablemente querida e insustituible.

No es por casualidad que el Imperio norteamericano la haya tenido siempre en la mira. No tan sólo por ser una vecina incómoda para sus intereses y su discurso hegemónico, sino sobre todo por el ejemplo que Cuba significa.

Así la bloqueó de todas formas con inusitada perversidad. Un bloqueo cruel por su permanencia en el tiempo, que suma ya más de sesenta años, e inmensamente cruel, además, ahora, por el agravamiento que tuvo en los últimos años y, aún más, en los últimos meses.

Todo indica que los Estados Unidos quieren el aniquilamiento de Cuba por un proceso de asfixia en un grado tal que se haga inviable la vida colectiva. El Imperio norteamericano parece considerar entre sus planes la posibilidad de provocar un levantamiento interno que haga caer desde dentro la revolución cubana, cosa a todas luces imposible. En otro sentido y en segunda instancia, pudieran recurrir al recurso de la agresión directa, amenaza que fue proferida varias veces por el propio Trump, bien sea a través de una operación militar puntual de gran intensidad o bien sea con características de invasión masiva en toda regla, lo cual implicaría un desastre humanitario con múltiples bajas, no solo para Cuba sino también para el ejército invasor. Hay que recordar que la doctrina militar cubana para ese caso se basa en la guerra prolongada de todo el pueblo, con un lema universalmente conocido: ¡Patria o muerte, venceremos!

Pero los tiempos complejos en que se mueve la geopolítica hacen que sea difícil predecir lo que va a suceder.

Lo que sí, es cierto, es que Cuba, como decimos, única e insustituible, está lista para seguir viviendo a pesar de la asfixia y de las amenazas. Trabaja sin descanso en resolver los problemas cotidianos y en abrirse camino en el mar de dificultades a que se ve condenada, demostrando una gran osadía y fuerza moral.

Hay que decir, con todo, que Cuba cuenta con un apoyo total de los pueblos del mundo en su derecho a existir tal como es y como quiere ser. Pueblos que en su mayor parte la vieron siempre como ejemplo y de los cuáles, una parte importante, conocen de su extrema generosidad y solidaridad, bajo la bandera de la causa humana.

También con el apoyo formal de los gobiernos en una votación que ya es histórica, todos los años en las Naciones Unidas, en la que por avasallante mayoría se condena el bloqueo a Cuba y se pide el cese de las sanciones, incluyendo en esa mayoría el voto de los países de Occidente que, en muchos casos, seguramente alivian con eso una parte de su mala conciencia.

Nosotros por nuestra parte, y aunque hablo en términos personales me atrevo a hacerlo también a nombre del pueblo de Venezuela, estamos firmemente posicionados con Cuba. Nos unen a ella, ya no solo lazos históricos de gran valor, sino infinidad de experiencias fraternales compartidas, que están grabadas en el corazón de las generaciones actuales.

Nunca olvidaremos la amistad profunda de Fidel Castro y Hugo Chávez, también como símbolo del cariño de nuestros pueblos. Nunca olvidaremos a los miles de médicos y médicas que nos acompañaron en Barrio Adentro y en otras misiones. Ni mucho menos a los 32 militares cubanos que dieron su vida defendiéndonos en los terribles sucesos del 3 de enero. Héroes que por siempre estarán presentes.

 

farrucosesto@gmail.com

Publicado en NÓS diario, originalmente en gallego

 

Por REDH-Cuba

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