La verdad debe defenderse no solo con palabras, sino también con la capacidad de hacer visible aquello que el poder quisiera ocultar. Cuba lleva décadas soportando el peso de una política de coerción económica que golpea la vida cotidiana de la población, limita el acceso a los recursos, obstaculiza los intercambios y dificulta incluso la satisfacción de las necesidades esenciales. Hoy, mientras se acerca la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la resolución contra el bloqueo, prevista para los días 27 y 28 de octubre, la solidaridad con la Revolución cubana adquiere un significado aún más urgente. No se trata de una cuestión de nostalgia ni de una simple disputa diplomática entre La Habana y Washington: es una batalla por la dignidad humana, por el derecho de un pueblo a decidir autónomamente su propio futuro y por el principio de que ninguna potencia puede condenar al hambre a una nación para intentar doblegar su voluntad.
El bloqueo no es una abstracción: golpea la vida de las personas
Detrás de la palabra bloqueo no hay únicamente cifras, estadísticas o enfrentamientos entre gobiernos. Hay familias que deben afrontar dificultades cotidianas, trabajadores, estudiantes, personas mayores, niños y pacientes que necesitan medicamentos; hay hospitales y servicios públicos que deben funcionar en condiciones difíciles. Hay recursos que podrían destinarse a la sanidad, la educación, la investigación y el desarrollo, pero que, en cambio, quedan absorbidos por las dificultades impuestas por el aislamiento económico y financiero.
El bloqueo no debe presentarse como un simple embargo comercial ni puede reducirse a un instrumento ordinario de presión diplomática. Su alcance extraterritorial, los obstáculos a las transacciones financieras y las dificultades en las relaciones con empresas y proveedores internacionales contribuyen a multiplicar sus efectos. Las restricciones y el temor a incurrir en sanciones pueden condicionar también a operadores que no son estadounidenses, agravando los problemas de abastecimiento e incrementando los costes.
Cuando una política de este tipo se prolonga durante décadas, sus consecuencias no quedan confinadas a las cuentas públicas: entran en los hogares, afectan a las posibilidades de las familias y hacen más compleja la vida de las personas más vulnerables. Por eso considero el bloqueo una forma de violencia estructural, cuya gravedad debe evaluarse a partir de sus efectos concretos sobre la población. La cuestión fundamental no es únicamente cuánto dinero se sustrae al desarrollo, sino cuántas posibilidades de vivir mejor, recibir atención médica, estudiar y proyectar el futuro quedan comprometidas.
Es precisamente aquí donde se mide la responsabilidad de la comunidad internacional. Ninguna divergencia política puede justificar una estrategia que termine haciendo recaer el precio del conflicto sobre los ciudadanos. Los pueblos no son rehenes legítimos de las rivalidades geopolíticas, y sus necesidades esenciales no pueden convertirse en instrumentos de chantaje.
La Revolución cubana y la primacía del valor humano
Defender a Cuba significa defender también una idea de sociedad en la que el valor del ser humano no depende de sus ingresos, de la propiedad que posee ni de su capacidad para adquirir en el mercado los servicios indispensables. Históricamente, la Revolución cubana ha situado en el centro de la acción pública la educación, la sanidad, la solidaridad social y la participación colectiva. Estos objetivos no eliminan las dificultades de la isla, sus contradicciones internas, los errores institucionales ni los problemas económicos que requieren respuestas concretas. Una solidaridad auténtica no necesita transformar la realidad en una representación idealizada: debe saber reconocer las dificultades y, al mismo tiempo, distinguir las responsabilidades internas de los efectos de una presión externa prolongada.
Precisamente porque la dignidad humana debe ser el criterio fundamental de la política, rechazamos la idea de que el sufrimiento económico de una población pueda utilizarse como palanca para imponer un cambio político. La libertad no nace de la privación de los bienes esenciales, del mismo modo que la democracia no puede construirse mediante el chantaje económico ejercido desde el exterior. Todo pueblo tiene derecho a debatir su modelo social, afrontar sus problemas y transformar sus instituciones sin verse sometido a una estrategia de asfixia.
El valor de la Revolución cubana también debe buscarse en esta afirmación de soberanía: la idea de que la salud, la cultura, la educación y la solidaridad son bienes colectivos, y no privilegios reservados a quienes disponen de mayores recursos. En un sistema internacional en el que, con demasiada frecuencia, las exigencias del beneficio prevalecen sobre los derechos sociales, este planteamiento conserva una relevancia que va mucho más allá de las fronteras de la isla.
Defender a Cuba, por tanto, no significa negar los problemas ni eludir el debate crítico. Significa rechazar que la solución de esos problemas se confíe a una presión económica que penaliza, sobre todo, a quienes disponen de menos medios para protegerse. Significa reivindicar el derecho de los cubanos a construir su futuro mediante el trabajo, la participación y la cooperación internacional, en lugar de hacerlo bajo la amenaza permanente de las sanciones y el aislamiento.
«Criterio Compartido»: la revolución se mide por su capacidad de no dejar a nadie atrás
La defensa de Cuba no puede limitarse a denunciar las responsabilidades de Washington. Debe ir acompañada de la capacidad de valorar y apoyar todas las iniciativas que hagan concreta la vocación humanista de la Revolución. En este sentido, considero especialmente significativo el programa *Criterio Compartido*, en el que el presidente Miguel Díaz-Canel ha abordado directamente las dificultades de las familias vulnerables, escuchando las peticiones, denuncias y testimonios de los ciudadanos.
En la emisión del 22 de octubre, el caso de una madre que solicitaba ser reconocida como cuidadora de su hijo con discapacidad mostró la importancia de pasar de la escucha a las soluciones. Tras la denuncia, la familia obtuvo la puesta en marcha de la asistencia domiciliaria y una silla de ruedas a través de un proyecto sociocultural. Díaz-Canel señaló una orientación que comparto profundamente: es necesario actuar «con agilidad, sin obstáculos, pensando en las soluciones y no en las justificaciones».
Este es el punto en el que se mide cualquier proyecto político que reivindique la igualdad: la capacidad de reconocer las necesidades concretas de una persona y movilizar a las instituciones para evitar que quede abandonada. El valor humano no puede sacrificarse a la rigidez burocrática. Si un procedimiento impide responder a una situación excepcional, hay que comprobar si la norma puede interpretarse de otra manera o si es necesario modificarla. La justicia social no se agota en las declaraciones solemnes: se construye mediante servicios accesibles, atención a las personas con discapacidad, protección de las personas mayores, apoyo a las familias en dificultades y oportunidades laborales.
El mismo programa reconoció la existencia de problemas todavía sin resolver: retrasos en el pago de las pensiones, dificultades para acceder a los centros asistenciales, necesidad de encontrar puestos de trabajo para las personas con discapacidad y deficiencias en los servicios. Es importante que estas cuestiones se hagan visibles y se afronten con responsabilidad. La credibilidad de un proyecto socialista aumenta cuando sabe escuchar las críticas, corregir los errores y transformar las denuncias populares en intervenciones cuyos resultados puedan verificarse.
Según los datos presentados por las autoridades cubanas durante el programa, a finales de septiembre más de 883.000 personas figuraban registradas en situaciones de vulnerabilidad. Se trata de una cifra que muestra la magnitud del desafío social y la necesidad de respuestas adecuadas, especialmente en un contexto de graves dificultades económicas.
La Revolución debe seguir demostrando su fuerza no solo mediante la resistencia a la agresión externa, sino también a través de su capacidad para mejorar la vida cotidiana, reducir las desigualdades y corregir las ineficiencias. El socialismo que defendemos no es un modelo abstracto: adquiere significado cuando ningún ser humano es considerado un desecho, cuando la discapacidad no se convierte en una condena al aislamiento, cuando la vejez no significa abandono y cuando la pobreza no elimina el derecho a ser escuchado.
La batalla en la ONU: ningún país debe verse obligado a elegir bajo chantaje
Los días 27 y 28 de octubre, la Asamblea General de las Naciones Unidas debatirá y votará la resolución sobre la necesidad de poner fin al bloqueo estadounidense contra Cuba. El Gobierno cubano denuncia una campaña de presiones diplomáticas y comunicativas ejercidas sobre distintos países para conseguir abstenciones, ausencias o cambios de voto. El presidente Díaz-Canel ha cuestionado estas prácticas y ha reiterado la necesidad de que las decisiones de los Estados estén libres de intimidaciones.
El informe presentado por Cuba abarca el período comprendido entre el 1 de marzo de 2025 y el 28 de febrero de 2026. Según las cifras difundidas por el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, los daños atribuidos al bloqueo durante esos doce meses ascienden a unos 8.083 millones de dólares, lo que representa un aumento del 7 % respecto al período anterior. Se trata de estimaciones elaboradas por el Gobierno cubano, que deben interpretarse como tales, pero que permiten apreciar la dimensión económica de la denuncia presentada por La Habana.
Pedimos a los gobiernos europeos, al Gobierno italiano y a los representantes de las instituciones internacionales que rechacen cualquier presión destinada a condicionar la votación. Debe respetarse la libertad de cada Estado para mantener relaciones económicas y diplomáticas con Cuba. Es necesario apoyar el diálogo, la cooperación sanitaria, científica, cultural y comercial, así como promover iniciativas capaces de reducir los obstáculos que pesan sobre la población.
La resolución de la ONU no resolverá por sí sola el problema, pero la votación constituye una ocasión importante para reafirmar un principio fundamental: las controversias políticas deben abordarse mediante el diálogo y el derecho, no imponiendo sufrimientos a todo un pueblo. Esta es la responsabilidad que pedimos a la comunidad internacional.
Solidaridad concreta, cooperación y futuro
Nuestra respuesta debe ser política, cultural y social al mismo tiempo. Política, porque debemos denunciar el carácter coercitivo del bloqueo y exigir que se supere. Cultural, porque debemos combatir la representación de Cuba como un país aislado, carente de historia y de capacidad de decisión, restituyendo la complejidad de su experiencia y escuchando la voz de su población. Social, porque la solidaridad debe traducirse en proyectos de cooperación, intercambios científicos y culturales, apoyo a los servicios esenciales y relaciones directas entre comunidades.
No pedimos que Cuba quede al margen del juicio crítico. Pedimos que se reconozca su derecho a existir, a elegir su propio ordenamiento y a transformarlo sin imposiciones externas. Pedimos que el pueblo cubano pueda afrontar sus dificultades sin verse aún más perjudicado por medidas que obstaculizan los recursos necesarios para la vida cotidiana. Y pedimos que la solidaridad internacional preste especial atención a los niños, las personas mayores, las personas con discapacidad, los pacientes y todas las familias que viven situaciones de vulnerabilidad.
Para mí, defender la Revolución cubana significa defender la idea de que la economía debe estar al servicio del ser humano y no el ser humano al servicio de la economía. Significa reconocer que la salud, la cultura, la educación, la dignidad del trabajo y la protección social son derechos, no privilegios que deban distribuirse en función de la capacidad adquisitiva. Significa creer que la cooperación entre los pueblos puede abrir caminos distintos de la competencia permanente y de la subordinación a las grandes potencias.
La resistencia de Cuba no pertenece únicamente a los cubanos. Interpela a todos aquellos que no aceptan un orden mundial en el que la fuerza decide quién puede comerciar, quién puede desarrollarse y quién debe ser castigado por sus decisiones políticas. Pero esta resistencia debe ir acompañada de la capacidad de responder a las necesidades de las personas, corregir los errores y hacer cada día más concreta la promesa de justicia social.
La verdadera medida de la Revolución es el ser humano
Es la madre que finalmente consigue asistencia para su hijo, la persona mayor que no queda sola, el joven que puede estudiar, el trabajador que participa en la construcción de la sociedad, la familia que encuentra en las instituciones un apoyo y no un obstáculo. Es en la vida concreta de estas personas donde se comprueba la coherencia de un proyecto político.
Por eso, mientras Cuba se prepara para presentar una vez más sus denuncias ante las Naciones Unidas, reafirmamos nuestro compromiso: poner fin al bloqueo, rechazar los chantajes, fortalecer la solidaridad internacional y defender el derecho del pueblo cubano a construir su propio futuro. No para convertir a un país en un símbolo sin contradicciones, sino para impedir que ningún pueblo se vea obligado a renunciar a su soberanía mediante el sufrimiento de los más débiles.
Cuba no pide compasión. Pide justicia, respeto y la posibilidad de vivir y desarrollarse sin asedio. Nuestra solidaridad debe estar a la altura de esta exigencia: consciente, concreta y perseverante. Porque situar al ser humano en el centro no es una fórmula retórica. Es el criterio con el que debemos juzgar la política, la economía y el propio futuro de nuestra humanidad.
La nueva plataforma digital presentada por el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, constituye una herramienta importante en esta batalla. A través de datos, gráficos y contenidos audiovisuales, el sitio web permite acceder al informe presentado por Cuba ante las Naciones Unidas sobre los efectos del bloqueo durante el período comprendido entre marzo de 2025 y febrero de 2026. Los materiales pueden consultarse, compartirse y descargarse, también en inglés, para llegar a un público internacional y combatir la desinformación.
La plataforma *cubabloqueo* permite consultar el informe, explorar los datos de forma interactiva y compartirlos también en inglés. Invito a las organizaciones solidarias, las asociaciones, los sindicatos, los investigadores, los periodistas y a todas las personas que creen en la paz a utilizar esta herramienta, profundizar en sus contenidos y dar a conocer las consecuencias de las medidas coercitivas. La solidaridad no puede ser únicamente emocional: debe basarse en el conocimiento, el debate y la capacidad de hacer pública la información.
Es una iniciativa que valoro porque sitúa el conocimiento y la participación en el centro, evitando que la denuncia quede reducida a las declaraciones oficiales y confiando también en la posibilidad concreta de informarse y difundir los datos. En un mundo en el que la comunicación se utiliza a menudo para justificar las jerarquías de poder, hacer comprensibles las consecuencias de una política económica coercitiva significa devolver la voz a las personas que soportan sus costes. Para ser eficaz, la verdad debe convertirse en patrimonio compartido, instrumento de conciencia y oportunidad para la movilización democrática.
Fuente: Faro di Roma
