
De los hechos de Girón, de los fieles actos de memoria que la Isla reproduce cada año sobre todas sus hazañas, tenemos una importante lección aprendida… Confirma que la rendición no es una opción, y que como dijera Fidel en 1961 alentando a los tanques, «…cada minuto que esos mercenarios estén sobre nuestro suelo, entraña una afrenta contra nuestra patria».
Cada año desde hace 65, la isla de Cuba conmemora con honores, a través de homenajes muy sentidos, la valentía del pueblo cubano, de sus héroes y heroínas que rechazaron con arrojo el primer ataque imperialista invasor de los Estados Unidos a la isla de Cuba. Muchos se ha escrito, mucho se ha estudiado, acerca de la acción militar, también acerca de los heroísmos personales, y acerca del carácter mercenario de la brigada terrorista 2506 que desembarcó en Bahía de Cochinos intentando establecer una cabecera de playa para instalar en Cuba un gobierno provisional que desestabilizara a la reciente triunfante revolución.
Es que la epopeya cubana es la saga apasionante de un pueblo heroico y consciente unido indisolublemente a un liderazgo modelo, Fidel Castro Ruz.
A 100 años del nacimiento del Comandante y a diez de su muerte, repasar la gesta de Playa Girón me obliga a evocarlo para destacar el papel de su extraordinaria conducción militar, política y moral en la concreción de la primera gran derrota del imperialismo en América y la victoria también militar, política y moral de un pequeño país isla desafiando al gigante anexionista, con su soberanía y espíritu de emancipación como bandera.
Nadie se atrevería a desmentir la responsabilidad del gobierno de Eisenhower en el financiamiento y organización de los exiliados cubanos para realizar la operación encubierta que salió desde Guatemala y que -afortunadamente- después de mucho tiempo de preparación y ataques previos, en tres días de combate se «auto provocara», como se lo conoce, un «fracaso perfecto» y, como lo dijera el Che Guevara, «Ese día la historia del imperialismo y imperialismo yanqui sufrió en América su primera gran derrota».
Los propósitos y los diferentes esquemas de intervención e invasión a la isla han sido tan estudiados como las consecuencias posteriores tanto para Cuba como para los Estados Unidos. También y es lo que me propongo brevemente recoger, son las diferencias políticas y éticas de las acciones, los contendientes y sus protagonistas principales.
Mientras el sucesor de Eisenhower, John F. Kennedy, heredaba el gobierno y se valía de la operación de falsa bandera también heredada y acentuaba su condición de «guerra sucia», el gobierno cubano a través de su canciller Raúl Roa, denunciaba en las Naciones Unidas los preparativos y la amenaza de invasión y el Comandante Fidel Castro tomaba una decisión trascendente. El primer día posterior a los bombardeos en La Habana, en las honras fúnebres a los héroes muertos, junto a su gobierno declaraba el carácter socialista de la revolución. Es que desde siempre Fidel consideró a la verdad como un principio inquebrantable, a la conciencia como rectora y a la valentía en la acción, como el arsenal más poderoso de un pueblo y una nación en armas.
Frente al carácter clasista de la invasión, integrada por esbirros batistianos e hijos de la burguesía y los terratenientes más ricos, un pueblo abrazaba con el compromiso de su vida, el difícil y arriesgado camino de una revolución social.
Los EEUU, un país que no respetaba el derecho internacional y tenía un único propósito explícito formulado en palabras del propio presidente Kennedy «detener al comunismo en el hemisferio occidental», Enfrente una pequeña isla incómoda geográfica y geopolíticamente hablando, rebelde a los intereses imperiales, dispuesta a defender su soberanía, su ideal de justicia y su destino de faro ideológico para el mundo.
Como dijera Fidel en relación a la invasión «…la idea desde el punto de vista estratégico y táctico del enemigo estaba bien concebido (—) les faltó la razón, la justicia de la causa que defendían.»
Vale la pena reproducir la valoración del asesor presidencial estadounidense Arthur M. Schlesinger cuando escribió lo que la prensa internacional no quería reconocer: «La realidad es que Fidel Castro resultó ser un enemigo mucho más formidable y estar al mando de un régimen mucho mejor organizado de lo que nadie había supuesto. Sus patrullas localizaron la invasión casi en el primer momento. Sus aviones reaccionaron con rapidez y vigor. Su policía eliminó cualquier posibilidad de rebelión detrás de las líneas. Sus soldados permanecieron leales y combatieron bravamente.»
Proclamar el carácter socialista de la revolución no constituía una mera provocación, sellaba un pacto indestructible entre el líder, la revolución y su pueblo con un ideal compartido y así marcharon hacia la Ciénaga de Zapata que Fidel conocía tan bien y el pueblo lo fue viendo pasar hasta que un grito de victoria se escuchó en el pueblo de Jaguey: «Ahora si se acabó, llegó Fidel» y en tres días el primer gran ataque imperialista en América Latina fracasaba vergonzosamente a pesar del apoyo de la fuerza naval y aérea de los Estados Unidos y su superioridad militar. No hay pueblo que se acobarde cuando su líder encabeza la línea del frente de combate.
De este lado estaban la verdad, la rebeldía y la dignidad. Y estaba la fuerza moral de una causa y la de un hombre que, como dijera en su inolvidable discurso en la escalinata de la Facultad de Derecho de Buenos Aires «solo concibo ideas justas».
Otro tema pero del mismo orden ético tiene que ver con la bien conocida integridad moral y el humanismo de Fidel que siempre propuso a su pueblo el trato humanitario de los prisioneros. La estatura de su liderazgo y su inteligencia se demostraron también cuando dispuso el intercambio de más de mil prisioneros por alimentos y medicamentos para los niños cubanos, así como el trato humanitario brindado, característico de los históricos combates en la Sierra Maestra. La decisión fue muy práctica, muy clara, devolver a los traidores para no convertirlos en mártires y exponer ante el mundo la vileza del gran país del Norte y su descomunal derrota. «»Lo que nosotros queríamos era el pago de una indemnización, no por necesidad de dinero sino porque era un reconocimiento del gobierno de Estados Unidos a la victoria revolucionaria, Se trataba más bien de un castigo moral.»
Como argentina siento además un gran orgullo cuando leo a través de los relatos de Gabriel García Márquez el papel que le cupo a nuestro Rodolfo Walsh, periodista de investigación, extraordinario escritor y militante comprometido, desaparecido por la dictadura civico militar de Argentina. Como Jefe de Servicios Especiales de Prensa Latina interceptó y decodificó mensajes de un cable de la CIA sobre los preparativos de la invasión y su ingreso por el sur de la Isla, información que fue crucial en relación al esquema de defensa.
También como argentina solidaria frente al bloqueo interminable agravado por el salvaje bloqueo energético y de alguna manera representando el sentir de mi pueblo, quiero hacer llegar con estas líneas la convicción que tenemos acerca del inmenso mensaje de liberación con el que acontecimientos iluminó el mundo y el extraordinario ejemplo que la sociedad cubana nos ofrece cada minuto de cada día resistiendo el acoso y hostigamiento nunca cesado del mismo país, del mismo imperialismo.
De los hechos de Girón, de los fieles actos de memoria que la Isla reproduce cada año sobre todas sus hazañas, tenemos una importante lección aprendida. Del conocimiento de la propia historia, de la lucha contra el olvido de sus mártires, de la búsqueda permanente actualizando datos e investigando una y cien veces sus razones y consecuencias, el pueblo cubano ha alimentado su capacidad de resistencia y de humanismo, que hoy una vez más, frente a la última crueldad imperial, nos inspira y da esperanzas . Confirma que la rendición no es una opción, y que como dijera Fidel en 1961 alentando a los tanques, «…cada minuto que esos mercenarios estén sobre nuestro suelo, entraña una afrenta contra nuestra patria».
Juliana Marino. Activa militante en el Movimiento de Mujeres. Ex diputada nacional. Ex embajadora de Argentina en Cuba e integrante de la Red en Defensa de la Humanidad, capítulo argentino
