
En este 65 aniversario, coincidente en año con el centenario del natalicio de Fidel, afirmamos con más vehemencia que la derrota de la invasión mercenaria en Cuba no pertenece solo a la memoria de una nación; forma parte del patrimonio político de todas las luchas antiimperialistas.
Frente a la agresión externa, Cuba se convirtió en el laboratorio de la dignidad; su revolución es la
respuesta histórica de los pueblos que deciden
dejar de ser meros suministradores de materias
primas.
Rodolfo Quintero
19 de abril. Desde una u otra orilla del mar de los caribes una coincidencia, nos permite elaborar una personal aproximación a un proceso complejo y denso, que de 1810 a 1961, de Caracas a la Ciénaga de Zapata, convirtieron una fecha en sinónimo de dignidad para millones de personas en el Sur global.
La Venezuela colonial, en pleno jueves santo de 1810, echa de su cargo al capitán general Vicente Emparan. Inicia entonces un largo, doloroso y terco empeño por la libertad, la independencia y la soberanía. En 1961, setenta y dos horas bastaron para que una fuerza invasora armada, entrenada y financiada por Estados Unidos fuese derrotada por un pueblo que apenas estrenaba su revolución, pero que había decidido no ser colonia nunca más. Girón dejó de ser un punto en el mapa para transformarse en un símbolo, en una bandera, en una causa, quizá el más potente de la épica antiimperialista nuestramericana del siglo XX, que, además de la victoria militar, trastocó el sentido común impuesto por Estados Unidos en la guerra fría.
La narrativa oficial de Washington chocó con la realidad: el fulano “mundo libre” se reservaba, otra vez, el derecho a decidir el destino de un pequeño país que había osado alfabetizar, redistribuir la propiedad y controlar los medios de producción. Más que un episodio militar, Girón desnudó al imperialismo y su vulnerabilidad en pleno escenario continental, por eso no quedó registrada en la memoria colectiva únicamente como una operación exitosa, sino como un punto de inflexión político. El 16 de abril de 1961, Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la revolución Cubana, vinculando de manera inequívoca la defensa armada de la isla con un proyecto social y económico de transición al socialismo. La declaración no fue un gesto retórico, sino la respuesta ideológica a un bombardeo y a una invasión: lejos de retroceder, la revolución se abría paso en medio del fuego.
A partir de los sesenta, la derrota de la brigada mercenaria fue narrada como la primera del imperialismo estadounidense en América Latina, convicción y sentimiento que se expresará en canciones, poemas, libros de texto, discursos, medios y actos de masas. Esa insistencia no debe leerse como panfleto, sino como expresión de una certeza: un país pequeño, aislado y bloqueado podía frenar a la principal potencia militar del planeta si lograba articular liderazgo político, organización popular y claridad estratégica.
En esa construcción simbólica, Girón cumplió varias funciones simultáneas: certificó ante el propio pueblo cubano que la revolución era capaz de defenderse y vencer; envió al continente el mensaje de que era posible resistir a Estados Unidos y ganar y proporcionó un relato fundacional para la épica antiimperialista, sobre el cual se articularon la política exterior, la solidaridad internacionalista y la pedagogía política. No es casual que, décadas después, las luchas humanistas de las izquierdas del Sur global sigan apelando a Girón cuando se discuten golpes de Estado, bloqueos económicos o campañas de desestabilización. El recuerdo de la invasión de 1961 funciona como marco de interpretación: lo que está en juego no son solamente cambios de gobierno, sino el derecho de los pueblos a autodeterminarse; el antiimperialismo no es meramente defensivo sino, también, un horizonte de transformación interna.
En el 65 aniversario de aquellos acontecimientos, el símbolo de Playa Girón sigue activo, pero también se encuentra en disputa. Para Cuba, es la prueba histórica de que la soberanía no se negocia y de que el imperialismo persiste bajo nuevas formas: sanciones, bloqueos financieros, guerras mediáticas, genocidio en cámara lenta. Para los Estados Unidos, la gusanera y el MAGA es una herida narcisista que exige ser restañada a través de la asfixia renovada, el endurecimiento del bloqueo económico, los intentos de aislamiento diplomático, alimentando la idea de continuidad histórica entre la invasión de 1961 y las presiones contemporáneas.
La propia fuerza del mito abre interrogantes para las nuevas generaciones. ¿Cómo actualizar el sentido antiimperialista de Girón en un mundo marcado por fondos buitres, plataformas digitales, guerras híbridas y “operaciones quirúrgicas”? ¿De qué manera se vence hoy?, ¿cómo se resiste?, ¿cómo se sostiene la dignidad? En Venezuela nos lo estamos preguntando a diario desde el 3 de enero de 2026, cuestionamientos duros, incómodos y dolorosos. No hay respuestas unívocas pero que nadie se llame a engaño: el espíritu del 19 de abril, uno y otro, está intacto.
Estas cuestiones nos llevan a otro abril, el de 2002, cuando un pueblo y su fuerza armada hicieron frente a otra alianza oligárquica bajo dirección imperial para acabar con la revolución Bolivariana. Recordamos las palabras de Fidel a Chávez la madrugada del 12 de abril: “No renuncies, exige condiciones honorables y garantizadas para que no seas víctima de una felonía, porque pienso que debes preservarte. Además, tienes un deber con tus compañeros. ¡No te inmoles”![1]
Las múltiples formas de agresión demandan claridad estratégica y precisión táctica. Girón nos recuerda que nada está perdido ni ganado de antemano. En esa lucidez de Fidel, en esa inteligencia y entereza debemos realizar los movimientos en los planos éticos, simbólicos, culturales que la contemporaneidad exige.
En estos días de ignominia para la humanidad, el imperialismo que vemos desplegado en Palestina, Cuba, Venezuela, Irán, o Líbano es distinto al despliegue en Argentina, Ecuador o Paraguay, pero no nos llamemos a engaño: actúa en todas partes. Estos escenarios nos invitan a leer Girón no como un punto de llegada, sino como un punto de partida. El antiimperialismo que allí se forjó no puede limitarse a la memoria heroica, sino que dialoga con las luchas actuales contra el extractivismo, la desigualdad, el racismo estructural y las nuevas formas de subordinación tecnológica que atraviesan a toda América Latina.
Playa Girón fue, ante todo, una batalla concreta: con muertos, heridos, errores, improvisaciones y decisiones dramáticas tomadas en cuestión de horas. Pero la historia la ha elevado a otro plano: el de los símbolos que actúan como brújulas morales y políticas para los pueblos y aunque se intenta hoy naturalizar la injerencia externa como algo inevitable, recordar Girón es recordar que la dominación no es un destino escrito, sino una relación de fuerza que puede ser revertida.
En este 65 aniversario, coincidente en año con el centenario del natalicio de Fidel, afirmamos con más vehemencia que la derrota de la invasión mercenaria en Cuba no pertenece solo a la memoria de una nación; forma parte del patrimonio político de todas las luchas antiimperialistas. El Girón del que hablamos nos recuerda que la soberanía no se declama, se practica; y que, de vez en cuando, la historia concede a los pueblos la posibilidad de escribir en tres días lo que luego tardará décadas en ser plenamente comprendido.
Hugo Chávez lo retoma en el Comunicado Oficial del 16 de abril de 2011, con motivo del 50 aniversario de la proclama del carácter socialista de la revolución Cubana, «Este evento histórico que marcó el rumbo del siglo XX latinoamericano… ocurrió en medio de una concentración del pueblo organizado en milicias… Se cumplía lo que había previsto Mariátegui, que el socialismo en nuestra América aparecería como un acto de creación heroica…», reafirmando, como siempre, que en nuestros pueblos la heroicidad común puede tener génesis distintas, pero voluntades históricas irrenunciables.
Por eso junto a Fidel está Chávez, inmortales ambos, para recordarnos a diario que nosotras y nosotros venceremos.
Nota:
[1] Recuperable en: https://www.cubadebate.cu/especiales/2012/04/11/la-llamada-de-fidel-a-chavez-el-12-de-abril-de-2002/
Christiane Vallés. Antropóloga. Coordinadora de Gestión Estratégica de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG). Integrante de la Red en Defensa de la Humanidad.
