Girón. Por Michel E. Torres Corona

 Y, como en Girón, sabremos defender nuestra tierra al precio que sea necesario. Por la libertad —por la digna condición de no arrodillarnos ante los poderosos, ante el vulgar «círculo de Epstein»—, ya lo dijo el poeta: habrá que darlo todo.


Los estadounidenses lo recuerdan como «Bahía de Cochinos» pero saben que fue una derrota. Les duele todavía, como una espina invisible. Nosotros recordamos esa gesta con el nombre de Girón, y nos sigue llenando de orgullo: es parte de la épica inmarcesible de la Revolución.
En menos de 72 horas se derrotó a los mercenarios entrenados y financiados por el imperio más poderoso de la historia. No fue un capricho ni un alarde de fuerza: más tiempo hubiera implicado la posibilidad de que el ejército invasor estableciera una «cabeza de playa», con un hipotético y caricaturesco gobierno provisional que solicitara la intervención de sus amos. No lo lograron.
Canjeados por compotas y medicinas, los hombres que intentaron asesinar a la Revolución en su cuna —como las sierpes a Heracles— protagonizaron la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina. Sus herederos, para siempre humillados por aquel fiasco reaccionario, hoy intentan lavar el hecho, reivindicarlo. Y, aupados por el auge fascistoide que sacude las tierras septentrionales, guiados por Mesías trumpistas y falsos ídolos del ciberespacio, sueñan con la revancha.
Hoy, como lo fue entonces, Cuba está amenazada con invasiones y bombardeos, con ataques quirúrgicos, secuestros y asesinatos que se venden como golpes «limitados»… pero ni sicarios ni mafiosos pueden ocultar el escabroso detalle de que acciones así nunca dejarán de tener daños colaterales. Gente que se identifica como cubanos piden muerte y destrucción para el país que los vio nacer, desde la segura y cínica distancia, y los medios hegemónicos se hacen eco de «filtraciones» y bravuconadas que parecen darse a diario. Mas Girón sigue en el mismo lugar, geográfica e históricamente hablando.
Si llegan a decidirse los cobardes y los prepotentes, los criminales que dirigen el «mundo libre» y sus patéticos lacayos, si en definitiva vierten sobre este archipiélago todo su odio y su rencor, sabemos que habrá sangre y sufrimiento. Sabemos que habrá dolor y lágrimas. Pero también tenemos la certeza de la resistencia y de la victoria. No es una abstracción: es nuestra herencia. Es el legado de los hombres que dieron su vida para rechazar la incursión mercenaria, hace décadas, que se conecta con la cercana pérdida de 32 cubanos que cayeron en combate asimétrico, por la dignidad de nuestra Patria y de la América toda.
Como dijo el presidente Díaz-Canel en entrevista a un medio estadounidense: con Cuba no valen comparaciones. Nuestra historia es única. Nuestro pueblo es único. Y, como en Girón, sabremos defender nuestra tierra al precio que sea necesario. Por la libertad —por la digna condición de no arrodillarnos ante los poderosos, ante el vulgar «círculo de Epstein»—, ya lo dijo el poeta: habrá que darlo todo. Se hizo en los 60 del siglo pasado y se hará en este complejo nuevo siglo, de ser menester.
Además… ¡qué bien nos vendría un lote fresco de medicinas y compotas!
Michel E. Torres Corona. Abogado. Escritor, conductor del programa de la televisión cubana, Con filo. Director Editorial Nuevo Milenio. Integrante de la Red en Defensa de la Humanidad, Capítulo cubano.