Girón y la revolución democrática y socialista de los humildes. Por Alberni Poulot / KardioPensamiento

 “Porque lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba. Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos!”

¡Y que esa Revolución socialista la defendemos con esos fusiles! (Aplausos); ¡y que esa Revolución socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores!

(…)Compañeros obreros y campesinos, esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes (Aplausos).  Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”.

Obreros y campesinos, hombres y mujeres humildes de la patria ¿juran defender hasta la última gota de sangre esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes?”  (Exclamaciones de:  “¡Sí!”)

(…) Aquí, frente a la tumba de los compañeros caídos; aquí, junto a los restos de los jóvenes heroicos, hijos de obreros e hijos de familias humildes, reafirmemos nuestra decisión, de que al igual que ellos pusieron su pecho a las balas, al igual que ellos dieron su vida, vengan cuando vengan los mercenarios, todos nosotros, orgullosos de nuestra Revolución, orgullosos de defender esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, no vacilaremos, frente a quienes sean, en defenderla hasta nuestra última gota de sangre”.

¡Viva la Revolución socialista! 

Al combate… Vamos a cantar el Himno Nacional, compañeros.  

(…) Marchemos a las Casas de los Milicianos, formemos los batallones y dispongámonos a salirle al frente al enemigo, con el Himno Nacional, con las estrofas del himno patriótico, con el grito de “al combate”, con la convicción de que “morir por la patria es vivir” y que “en cadenas vivir es vivir en oprobios y afrentas sumidos”.[1]

Bajo ese fervor patriótico y antimperialista el pueblo cubano, con las armas en las manos, respaldó la proclamación socialista de la Revolución.

El Socialismo significaba la antípoda de la experiencia neocolonial del capitalismo entreguista de Cuba a Estados Unidos; del vasallaje y la corrupción, del latrocinio gubernamental de gobiernos tiránicos y dictatoriales al servicio de la potencia extranjera y de los súbditos domésticos. Y ese nuevo proyecto, que reforzaba la conquista de toda la justicia social y la dignidad human, en primer lugar de los humildes y desposeídos, ayer ignominiosamente vilipendiados, hoy dueños de su propio destino, era el proyecto que decidieron defender, hasta morir si fuera preciso, y que coincidieron con el joven líder revolucionario de reconocer, conscientemente, como socialismo.

Cinco hitos que demuestran la superioridad del socialismo cubano frente a las prácticas colonialistas e imperialistas en la historia cubana y que han sido suficientes razones para defenderlo, muy a pesar de carencias materiales inducidas por la genocida y despiadada guerra económica, financiera, comercial y energética de Estados Unidos hacia Cuba:

La reforma agraria, que entregó 30 caballerías de tierra al campesino, antes explotado, ultrajado y humillado. Alrededor del 80% de la tierra estaba en manos de monopolios yanquis y de la burguesía entreguista cubana.

La erradicación del analfabetismo (casi el 80% de la población cubana antes del triunfo revolucionario de 1959 era analfabeta y semi analfabeta, en apenas un año, precisamente en el mismo en que derrotamos al imperialismo en las arenas de Playa Girón.

El desarrollo de trece vacunas cuya eficacia es reconocida por la Organización Mundial de la Salud, particularmente contra la meningitis B y la leptospirosis, el cólera, la tosferina, la diabetes y la hepatitis B, las cuales se exportan a decenas de países, además de cinco logradas para el enfrentamiento a la Covid-19 .

Haber alcanzado índices de mortalidad infantil de 4 muertes por cada mil niños nacidos vivos menores de un año y varios municipios con 0 mortalidad infantil.

Tener el per cápita de médicos, profesionales de la educación, graduados universitarios y campeones olímpicos más alto del mundo.

Con Girón se defendió la obra que hizo al pueblo dueño de los destinos del país; dueño de la tierra, de las industrias, de las viviendas, de la electricidad, la telefonía, los centrales azucareros, de las minas, del cielo y del agua.

De prostíbulo, para la nauseabunda mafia norteamericana, el socialismo revolucionario cumplió la petición martiana de que la dignidad plena del ser humano sea la Ley más honrada de la Patria.

La Revolución socialista abrió las puertas de las playas, clubes, hoteles, centros de recreación a los negros, los campesinos, a las mujeres libres de la humillación de la prostitución y el menosprecio, a los desposeídos de antes y, edificó y multiplicó los museos, las casas de cultura, los grupos de teatro y danza, el cine, la radio, la televisión, los artistas e instructores de arte.

El Socialismo de la Revolución convirtió al país en una potencia científica en los campos de la biotecnología y la industria farmacéutica; protegió al trabajador, lo colmó de derechos humanos con igualdad y equidad.

La Revolución socialista ha defendido e impulsado la solidaridad internacional, la paz, la fraternidad, la cooperación económica, cultural, deportiva, científica, educacional; desde el principio de compartir lo que tiene y no dar de manera condicionada lo que le sobre.

Esos logros no hubiesen sido posible sin la victoria en Girón. La decisión de enfrentar al imperio con las armas en la mano, fue un segundo cruce del “Rubicón” revolucionario, (asumiendo que el primero fue la Ley de Reforma Agraria). Los cubanos fuimos y estamos conscientes de que sin el esfuerzo sostenido de nuestro pueblo para consolidar la capacidad defensiva del país y la convicción de no temerle al enemigo que nos haga la guerra, hace mucho tiempo que habríamos dejado de existir como nación independiente.

La agresión imperialista a Venezuela el pasado 3 de enero y a la República Islámica de Irán, refuerza el principio de que es preferible el exceso de alerta, antes que el exceso de confianza, y de que jamás se debe subestimar al enemigo, por muy charlatán o mentiroso sea.

La victoria de Playa Girón, fue la vitoria del Socialismo. Demostró que no hay fuerza en el mundo, por poderosa que sea, que pueda derrotar a un pueblo convencido de luchar por una causa justa, por sus conquistas, por no mancillar con la traición su pasado glorioso, a sus muertos heroicos. Todo depende de la entereza, las ideas, la conciencia, los valores patrióticos de los que defienden.

Hemos sabido levantarnos de los golpes y obstáculos enemigos, pero también de los propios. Batallamos como gigantes por superar esta difícil crisis económica y multidimensional impuesta a fuerza de crueles bloqueos e incapacidades para superarlo por parte de algunos compatriotas.

Nos enfrentamos a una poderosa y perversa maquinaria de guerra psicológica, cognitiva, cultural, ideológica y mediática, pero en las decisivas batallas de ideas también, como a lo largo de nuestra historia, les venceremos.

Nuestro Comandante en Jefe nos dejó claro que a esta generación y las inmediatas que la sucederán, mientras exista el imperialismo, “está llamada a rectificar y cambiar sin vacilación todo lo que debe ser rectificado y cambiado, y seguir demostrando que el socialismo es también el arte de realizar lo imposible: Construir y llevar a cabo la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, y defenderla durante medio siglo de la más poderosa potencia que jamás existió”.[2]

Notas:

[1] Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, el 16 de abril de 1961. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f160461e.htm

[2] Fidel Castro Ruz. Reflexiones del 17 de abril de 2011. Los debates del Congreso. https://www.granma.cu/reflexiones-fidel/2011-04-17/los-debates-del-congreso

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