Opinión

Todavía quedan amaneceres. Por Marina Menéndez Quintero

El ALBA llegó para quedarse y sigue alumbrando, aunque por ahora veamos en Latinoamérica momentos sombríos que, no obstante, se dan la mano con otros de luz.

Tal convicción acerca de la pervivencia de ese esquema unitario no es resultado de un capricho; tampoco se trata de fidelidad a los fundadores; ni siquiera depende únicamente de la voluntad política de los encargados de seguir materializando la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América.

Se trata de la vigencia de los postulados que explicaron su aparición, que hoy siguen justificando la apuesta por ese sendero, y la certeza de que caminarlo es posible.

Quince años se han ido «como nada» y demuestran que permanecen intactos los razonamientos recogidos en la Declaración Conjunta que acompañó el bautismo, y explicó el nacimiento de la entonces llamada Alternativa, firmada por Fidel y Chávez en La Habana, otro 14 de diciembre plagado de esperanzas.

Había una impronta: amenazaba a Latinoamérica, en ese año fundacional de 2004, el engañoso convite de Washington al ALCA (la mal llamada y derrotada Área de Libre Comercio de las Américas, que no llegó a nacer), y del seno de lo más avanzado del progresismo y la soberanía latinoamericanas emergió esta otra invitación a la unidad —pero no como la otra, se trata de la real unidad— sustentada en principios no usados hasta entonces en las relaciones interamericanas. ¿Quién había escuchado hablar hasta ese momento en la región de complementariedad, cooperación y solidaridad?

Solo la genialidad y el profundo sentido humanista de dos líderes como Fidel y Chávez podían hacerles ver tan claro el modo de transitar el camino hacia la integración.

El ALBA trazó una nueva estrategia de unión; si se quiere, un nuevo modelo de integración. Y los años transcurridos han demostrado que es viable materializarlo, por más que el acoso a los proyectos revolucionarios o progresistas, que ha tomado cuerpo en golpes de Estado, enjuiciamiento de líderes izquierdistas o aplicación de sanciones económicas en busca de la asfixia, hayan desempeñado su rol en el deseo de Washington de retrotraer los tiempos de América Latina.

Así el Norte ha golpeado la integración: «sacando» eslabones de la cadena, y enflaqueciendo las economías de los países donde la «derechización» no ha podido instrumentarse, al tiempo que merma la posibilidad de las naciones miembro de compartir… es menos ahora lo que pueden poner a disposición de los demás.

Sin embargo, el ALBA tiene ya trecho andado en el intercambio justo materializado por sus componentes; en los proyectos llamados grannacionales que implicaron la colaboración de varios Estados; en los programas regionales de salud como la Misión Milagro, y en eficientes proyectos para suministrar a los vecinos productos tan necesarios como el combustible (no olvidar Petrocaribe). Ello demostró que la posibilidad de que cristalice la real integración, existe.

Por otra parte, subsisten las condiciones por las cuales Fidel y Chávez advertían que solo uniéndose, América Latina y el Caribe podrían avanzar hacia el desarrollo.

Entre otros análisis, el acta fundacional del ALBA razonaba que el proceso «de integración» puesto en práctica hasta entonces, «lejos de responder a los objetivos de desarrollo independiente y complementariedad económica regional, ha servido como un mecanismo para profundizar la dependencia y la dominación externa.

«Constatamos también que los beneficios obtenidos durante las últimas cinco décadas por las grandes empresas transnacionales, el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, la crisis de la deuda externa y, más recientemente, la difusión de las políticas neoliberales, con una mayor transnacionalización de las economías latinoamericanas y caribeñas (…) crean las bases que distinguen el panorama de subordinación y retraso que hoy sufre nuestra región.

«(…) Compartimos la convicción de que la llamada integración sobre bases neoliberales (…) no conduciría más que a la desunión aún mayor de los países latinoamericanos, a mayor pobreza y desesperación de los sectores mayoritarios de nuestros países, a la desnacionalización de las economías de la región y a una subordinación absoluta a los dictados desde el exterior».

Las amenazas vuelven a cobrar vida en el panorama actual latinoamericano. Y aquellas alertas de Fidel y Chávez se mantienen encendidas.

ALBA: su composición

Fundada el 14 de diciembre de 2004, el ALBA se enriquece en el año 2006 con la incorporación de Bolivia, la iniciativa propuesta por Evo Morales del Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP), instrumento de intercambio solidario y complementario.

El 11 de enero de 2007, con la presidencia de Daniel Ortega, Nicaragua se une  al ALBA como su cuarto miembro pleno. En 2008 se agregan Dominica y Honduras, pero el golpe de Estado en el país centroamericano frustra esa incorporación.

En el año 2009, el 24 de junio, entran en el mecanismo integrador San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda, y Ecuador. Santa Lucía ingresó en 2013. Más tarde, en 2014, se sumaron San Cristóbal y Nieves, y Granada.

Por decisión de las nuevas autoridades en Ecuador y Bolivia, ambas naciones salen del ALBA.

Fuente: Juventud Rebelde

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