Crónicas desde Turín

#CubaSalva: Crónicas desde Turín. Por Enrique Ubieta

La zona roja está casi vacía. En uno de los cubículos se amontonan ahora las camas sin ocupantes. Quedan siete pacientes. Subrepticiamente, Martina ha pasado a formar parte del equipo. Cuando llega en la mañana el doctor, le da el parte: ha estado atenta durante la noche al desenvolvimiento de las compañeras de infortunio, sobre todo de las de más edad. Como es enfermera de un centro que atiende a pacientes muy graves, ha desarrollado un instinto especial para acompañar a las personas necesitadas. Y aunque ella misma es tercamente positiva de la COVID, se mantiene alerta. También por eso puede calificar a nuestros galenos, a quienes considera excepcionales: “la relación que establecen con los pacientes es única –dice Martina–, ahora mismo sentimos que el hospital está siendo desmantelado y nosotras seguimos aquí, pero ellos no nos abandonan”. De pronto, se acerca a la cama de la paciente Giovanna Butti, de 94 años, la misma que saliera con ella, María y el doctor Miguel a tomar el sol, y empieza a cantar una canción, y la anciana la secunda y luego, otra anciana, Antonia Orlando, de 80 años, completa el trío, y el espectáculo es conmovedor. Pero luego la canción se convierte en un juego infantil: Martina menciona (canta) el nombre de un animal, y Giovanna hace el sonido que le corresponde: como una vaca, como un perrito, como un gato, como un caballo, y arruga aún más su arrugada nariz, para hacer de conejo. Es tan precisa e inmediata su respuesta, tan pícaros, tan jóvenes sus ojos, que la escena irradia una ternura indescriptible. Está completamente lúcida: no es que regrese a la infancia debido a su edad, es que nunca la extravió, es una niña adulta aún en sus días finales. A los 94 años, enferma de COVID, y con otras afecciones crónicas, conserva el asombro primigenio. No tengo que mirar a mis compañeros para saber lo que sienten. Todavía turbados, nos retratamos con ellas, con los doctores Julio, Miguel y la joven italiana Nasim Taheri –a Miguel lo esperan cada mañana, intranquilas hasta verlo aparecer (es su doctor)–, con el enfermero Ricardo y con Michele. Es mi despedida. Martina irá el lunes al apartamento de unas amigas que le reservaron un cuarto aislado. A María, que después del tampón negativo, volvió a dar positivo, se le busca un lugar. Giovanna quizás termine en un asilo, no tiene familiares que puedan encargarse de ella. Y Julio y yo salimos pensativos, silenciosos. Miguel y Ricardo todavía estarán con ellas unas horas. Y mañana, y el lunes, cuando todos las veamos subir, una a una, a la ambulancia, que las llevará hasta el destino previsto.

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