Poesía

Mujer Negra. Por Nancy Morejón

Nancy Morejón. Poetisa, dramaturga, ensayista y traductora cubana que nació en La Habana en 1944. Cuenta con un fuerte pasado africano heredado de sus padres que tenían ascendencia y raíces africanas. A los 18 años publicó su primer libro de versos titulado “Mutismos”. En 1964 se le otorga el Premio Rubén Martínez Villena. Fue directora del Centro de Estudios del Caribe. Desde el 1991 se encuentra entre los miembros de la Academia de Ciencias de Cuba.

En 1974 realizó una Recopilación de textos sobre Nicolás Guillén, con el que Nancy Morejón aprende su amor por la lengua española y gracias a él también desarrolla su conciencia de la negritud. Desde esta clara influencia nacen poemas como “Mujer negra”, “Negro” y Amo a mi amo”.

En 1980 recibió el Premio Nacional de Ensayo Enrique José Varona por su libro “Nación y Mestizaje en Nicolás Guillén” otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. También obtuvo el Premio de la crítica en 1997 con su obra “Elogio y paisaje”.Su obra “La quinta de los molinos” recibió también unos años más tarde, en el año 2000, el Premio de la crítica.

Recibió el Premio Nacional de Literatura en el 2001. La Universidad de Nueva York en el año 2004 le otorgó el Premio Yari-Yari de poesía contemporánea por el conjunto de su obra. En el año 2006 le concedieron el Premio Corona de Oro de Struga, Macedonia. En 2007 recibió el Premio Rafael Alberti Merello y en 2008 fue premiada con el Premio Internacional de la Asociación de Escritores Gallegos.

Colaboró con revistas como Unión, Cultura’64, El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba y Casa de las Américas.

“Pienso que su poesía es negra como su piel cuando la tomamos en su esencia íntima y sonámbula. Es también cubana (por eso mismo) con la raíz enterrada muy hondo hasta salir por el otro lado del planeta, donde se le puede ver sólo en el instante en que la tierra se detiene para que la retraten los cosmonautas”.

                                                                                                                                                    Nicolás Guillén

Mujer Negra

 

Todavía huelo la espuma del mar que me hicieron
[atravesar.

La noche, no puedo recordarla.
Ni el océano podría recordarlo.
Pero no olvido al primer alcatraz que divisé.
Altas, las nubes, como inocentes testigos presenciales.
Acaso no he olvidado ni mi costa perdida, ni mi lengua
[ancestral.

Me dejaron aquí y aquí he vivido.

Y porque trabajé como una bestia,
aquí volví a nacer.
A cuánta epopeya mandinga intenté recurrir.

Me rebelé.

Su Merced me compró en una plaza.
Bordé la casaca de Su Merced y un hijo macho le parí.
Mi hijo no tuvo nombre.
Y Su Merced murió a manos de un impecable lord
[inglés.

Anduve.

Esta es la tierra donde padecí bocabajos y azotes.
Bogué a lo largo de todos sus ríos.
Bajo su sol sembré, recolecté y las cosechas no comí.

Por  casa tuve un barracón.
Yo misma traje piedras para edificarlo,
pero canté al natural compás de los pájaros nacionales.

Me sublevé.

En esta misma tierra toqué la sangre húmeda
y los huesos podridos de muchos otros,
traídos a ella, o no, igual que yo.
Ya nunca más imagine el camino a Guinea.
¿Era a Guinea? A Benín? ¿Era a Madagascar? ¿O a Cabo

[Verde?

Trabaje mucho más.

Fundé mejor mi canto milenario y mi esperanza.
Aquí construí mi mundo.

Me fui al monte.

Mi real independencia fue el palenque
y cabalgué entre las tropas de Maceo.

Solo un siglo más tarde,
junto a mis descendientes,
desde una montaña azul,

bajé de la Sierra

para acabar con capitales y usureros,
con generales y burgueses.

Ahora soy: Sólo hoy tenemos y creamos.
Nada nos es ajeno.
Nuestra la tierra.
Nuestro el mar y el cielo.
Nuestras la magia y la quimera.
Iguales míos, aquí los veo bailar
alrededor del árbol que plantamos para el comunismo.
Su prodiga madera ya resuena.

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