Opinión

La nefasta herencia que recibió Kennedy junto con la Casa Blanca. Por Jorge Wejebe Cobo

Según fuentes de la época, el presidente estadounidense John F. Kennedy se lamentó de haber aprobado la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, y confesó a un editor The New York Times que deseó que ese medio hubiera publicado acerca de los preparativos que se realizaban para el ataque, lo que le habría salvado de ese costoso error.

También Arthur Schlesinger, quien fue su asesor especial, contó que el mandatario conoció los planes de la invasión solo un día antes de asumir la presidencia el 20 de enero de 1961, y hasta el último momento dudó en seguir adelante con esa operación.

Pero la historia fue muy diferente aquella mañana del 28 de enero de 1961, hace 60 años, cuando Kennedy a solo ocho días de asumir su cargo, y muy lejos de esa inseguridad de la que dan cuenta esos testimonios, dio luz verde para proseguir con los planes de la invasión a la Isla..

Poco menos de un año antes, el 17 de marzo de 1960, el anterior presidente Dwight Eisenhower le dejó una nefasta herencia a su joven sucesor: los planes de invasión a Cuba de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Pentágono ordenados por él para tomar una cabeza de playa en la ciudad de Trinidad y establecer un «gobierno provisional» con el fin de lanzar una ofensiva apoyada por EE.UU. que acabara con el Gobierno Revolucionario.

El mencionado 28 de enero de 1961, en la Casa Blanca se realizó lo que se considera el primer análisis de la nueva administración presidido por el mandatario en el que le presentaron el llamado Plan Trinidad, desarrollado por la anterior administración.

En dicha iniciativa se incluían bombardeos de las fuerzas aéreas estadounidenses en apoyo al desembarco de los mercenarios en la costa cercana a esa ciudad, la toma del aeropuerto de la localidad y el involucramiento temprano del ejército norteamericano en la agresión.

Según documentos desclasificados, estuvieron presentes el vicepresidente, los secretarios de Estado, Defensa, el director de la CIA y el jefe del Estado Mayor Conjunto, entre otros altos cargos del gobierno.

Los representantes del Departamento de Estado se mostraron preocupados por la participación directa de fuerzas norteamericanas y también se debatieron algunos aspectos tácticos de la acción. El presidente estuvo de acuerdo en líneas generales con las propuestas e indicó evaluar el llamado Plan Trinidad al Estado Mayor Conjunto.

Ese proceso conllevó a otros análisis al máximo nivel hasta que por último el presidente Kennedy aprobó la variante que no se apartaba de la propuesta inicial de establecer una cabeza de playa y un gobierno provisional, pero esta vez en Playa Girón y Playa Larga, asestar golpes aéreos previamente a los aeropuertos de Santiago de Cuba, Ciudad Libertad y San Antonio de los Baños para aniquilar la pequeña Fuerza Aérea Revolucionaria.

Aunque puso como condición a los militares y la CIA que no autorizaría participar en el conflicto a las fuerzas armadas, ya que el mandatario deseaba conservar su imagen de liberal y tomar distancia de la política intervencionista de su país en la región, lo que reflejó en su iniciativa de la llamada Alianza para el Progreso para la supuesta ayuda y colaboración con los países latinoamericanos destinada a paliar el subdesarrollo y la miseria.

Esa tesis fue un intento temprano de aplicar una especie de poder blando como se le diría en la actualidad, pero que se vio muy afectado y fracasaría totalmente por su decisión de invadir a Cuba y el magnicidio de Dallas en 1963, cuando su muerte acabaría por siempre con esa iniciativa.

El Comandante en Jefe Fidel Castro consideró que Kennedy «Fue comprometido por sus predecesores en la aventura de Girón por confiar demasiado, ya que no dudaba de la experiencia y capacidad profesional de aquellos. Fue amargo e inesperado su fracaso, apenas a tres meses de su investidura. Aunque estuvo a punto de atacar directamente la Isla con las poderosas y sofisticadas armas de su país, en esa ocasión no hizo lo que habría hecho Nixon: emplear los cazabombarderos y desembarcar los marines”.

«Ríos de sangre habrían corrido en nuestra Patria, donde cientos de miles de combatientes estaban dispuestos a morir», acotó Fidel.

Kennedy no pudo evitar su implicación en una cadena de errores de cálculos y de subestimación a la joven Revolución y la decisión de resistir del pueblo cubano, en especial no supo aquilatar la capacidad estratégica y el liderazgo político de su máximo líder, Fidel Castro, lo que contribuyó a la derrota de la invasión de Playa Girón en menos de 72 horas.

Fuente: ACN

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