Si hoy alguien puede invadir Venezuela para saquear sus recursos naturales e intentar cambiar su sistema político, en el futuro —si no se le pone freno— lo hará en cualquier lugar.
La dinámica agresiva del imperialismo y su terrorismo de Estado se dirigen contra todos los pueblos del mundo, y la acción militar contra un país libre e independiente crea un precedente que amenaza la soberanía de todos los Estados y pueblos. Si hoy alguien puede invadir Venezuela para saquear sus recursos naturales e intentar cambiar su sistema político, en el futuro —si no se le pone freno— lo hará en cualquier lugar.
Como dijo el heroico guerrillero Ernesto Che Guevara en un discurso el 30 de noviembre de 1964: «No se puede confiar en el imperialismo ni un tantito así, nada». Esto deberían tenerlo en cuenta también las potencias emergentes como Rusia y China, así como el conjunto de los socios de los BRICS. Donald Trump insiste en que busca la paz en la guerra entre Rusia y Ucrania, la cual —según esta visión— comenzó a raíz de acciones terroristas lanzadas por Kiev contra ciudadanos rusos en el Donbás y del acercamiento de la OTAN a las fronteras del gigante euroasiático.
Sin embargo, al mismo tiempo Trump ha presionado a los países europeos para que destinen el 5 % de su Producto Interno Bruto a la compra de sistemas armamentísticos estadounidenses de todo tipo, lo que reforzaría las fuerzas militares de la OTAN en un posible ataque contra la Federación Rusa.
La Historia recuerda
En lo que respecta a Pekín, Washington ha dejado de lado su anterior política de «una sola China», que es también la posición de la ONU, en relación con Taiwán y, por el contrario, acaba de aprobar un enorme paquete de armamento por valor de 11.100 millones de dólares para Taipéi. Asimismo, apoya al nuevo gobierno de extrema derecha de Japón en su rearme, por primera vez en tales dimensiones desde la Segunda Guerra Mundial.
El colapso de lo que queda del derecho internacional es vertiginoso tras el ataque de Estados Unidos contra Venezuela y el secuestro de su presidente legítimamente electo y de su esposa. La siempre muy «bien leída históricamente» Kaja Kallas, por parte de la Unión Europea, sostiene que no es el momento de detenerse en detalles del derecho internacional, sino de que se restablezca rápidamente la «democracia» en Venezuela.
Las recientes declaraciones de Mitsotakis sobre los acontecimientos en Venezuela coinciden con la misma incapacidad política para comprender la esencia del derecho internacional. Al igual que en el caso de Israel, que comete un genocidio contra el pueblo palestino, todo indica que el primer ministro y el gobierno de Nueva Democracia han perdido todo contacto con la rápida descomposición, a escala global, de la mínima «arquitectura de seguridad» que aún subsiste.
Hoy, cuando ha quedado absolutamente claro que no son ni el narcotráfico ni los migrantes los que impulsan la acción de Trump contra Venezuela, sino el deseo de apropiarse de su riqueza y exterminar el ejemplo de su soberanía, no queda más que la resistencia.
La historia recuerda a los pueblos y a los líderes que resistieron: Leningrado, y no a los nazis que la sitiaron infructuosamente durante 1.000 días, así como Cuba, que desde hace 67 años resiste la furia de 13 presidentes de los Estados Unidos. Por lo tanto, quienes se alinean con el imperio, apresuradamente, sin memoria histórica y de rodillas, no son recordados; son desacreditados y olvidados.
«El epitafio del imperialismo estadounidense se escribirá en Venezuela», escribió el sábado Abel Prieto, destacado intelectual y exministro de Cultura de Cuba. No sé si esto ocurrirá, pero en cualquier caso el mundo debe prepararse para enfrentar durante un período bastante largo los ataques de este presidente estadounidense.
Un «gracias» a Trump
Apenas ayer, en las redes sociales, la Casa Blanca publicó el mapa de Groenlandia con los colores de la bandera de Estados Unidos. No se detendrá si el experimento «Venezuela» tiene éxito.
Al mismo tiempo, nadie —ni siquiera Lenin, Trotsky, Stalin, Ho Chi Minh, Mao Zedong, Fidel Castro, el ayatolá Jomeini, Che Guevara o Hugo Chávez— ha hecho tanto como Donald Trump para destruir los ideales occidentales que quedaban como enfoque de la posguerra, y que aún en nuestro país tienen seguidores cada vez menos numerosos. Una hegemonía estadounidense que pierde estratégicamente terreno político, energético, cultural, económico, etc.
Si la coyuntura no fuera tan dramática, habría que pensar que quizá en algún momento del futuro deberíamos incluso «agradecerle», porque su lenguaje —por racista, hollywoodense y supuestamente antisistémico que sea, pero profundamente imperialista y belicista— crea nuevas contradicciones en el mundo capitalista. Contradicciones que no se resuelven fácilmente, sino que se amplifican con facetas y consecuencias imprevisibles.
Hoy secuestraron a Maduro, pero mañana, por cualquier motivo, intentarán hacer lo mismo con Claudia Sheinbaum de México, Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, Gustavo Petro de Colombia y con cualquiera que no obedezca la política depredadora de un régimen imperial en decadencia, pero extremadamente peligroso.
Con la ONU o sin ella, con un derecho internacional existente o casi debilitado, la defensa de Venezuela y la exigencia de la liberación del presidente Nicolás Maduro y de su esposa constituyen el deber fundamental de nuestros pueblos hoy.
Lo mismo ocurre con la defensa de la paz con justicia, que concierne a Palestina, Venezuela, Cuba, Yemen, Sudán, la Siria dividida o a las «víctimas dispuestas» Chipre y Grecia, que históricamente siempre se han demostrado como «aliados prescindibles» en el tablero diseñado de la nueva colonialidad de Estados Unidos.
Kostas Ísychos
Ministro alterno de Defensa Nacional y diputado en el primer gobierno de SYRIZA. Dimitió junto con decenas de ministros y diputados en protesta por la aprobación del tercer memorando. Actualmente es miembro del Comité Político de LAE–A.A.
