«En homenaje al centenario de Fidel, a la oceánica y sideral presencia de aquel «Ardiente profeta de la aurora» como lo consignara el inolvidable Comandante Ernesto Che Guevara, desde Nuestra América nos permitimos convocar a la militante Solidaridad Internacionalista con Cuba. Seamos dignos de nuestra condición humana: defendamos la libertad y la soberanía de Cuba».

Palabras del poeta peruano, Hildebrando Pérez Grande, fundador de la Red en Defensa de la Humanidad, en la apertura del Encuentro de Poetas por la Paz y la Vida en la Tierra, efectuado en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, el viernes 29 de mayo de 2026


Cuenta Martí, en una de sus páginas más entrañables, la historia de aquel viajero que sin sacudirse el polvo de los caminos que había transitado con ansiedad, no preguntó dónde podría merendar y beber un poco de agua para saciar su hambre terrenal. Lo único que indagó fue cómo llegar a la estatua que perennizaba la imagen del Libertador. Deseaba contarle a Bolívar sobre sus recientes batallas y anhelos y darle cuenta de sus derrotas transitorias y sus futuros planes promisorios por una patria digna y soberana. Afirma Martí que hizo bien este viajero, pues, todos los americanos debemos honrar la memoria del padre de nuestra Patria Grande.

Cuando un viajero llega a La Habana, en estos días duros de resistencia y vigilia permanente, no pregunta dónde está la estatua de Fidel para contarle sus furias y sus penas, porque, vanitas vanitatum, bien sabe que Fidel era reacio a las glorias y lisonjas pasajeras y que eso del culto a la personalidad era un buchipluma nomá. A Fidel hay que saberlo encontrar en el corazón de su pueblo, en los huesos fidedignos de sus heroicos combatientes, en el aire de las calles con aroma sublevante, en las olas encrespadas del mar que murmuran con inocultable complicidad, patria o muerte, en el malecón donde los amantes renuevan el esplendor de sus promesas ardientes, en el verdor de las palmas que generosamente alivian el descanso de los ancianos y en la página en blanco en donde un pionerito, con una estrella en la frente, dibuja el mapa de Cuba, su patria amada, nuestra patria compartida. Es verdad que vivimos tiempos sombríos, de tensiones y tentaciones guerreristas propiciadas por el imperio; tiempos de penumbras donde reinan los drones y dragones hegemonistas; tiempos en donde con malas artes abren un infame expediente contra Raúl, símbolo viviente de la gloriosa gesta cubana; tiempos en donde Trump y sus secuaces persisten en el bloqueo cruel, en la crisis energética y en los nefastos apagones.

«Cuba no amenaza, no desafía, pero tampoco teme», ha declarado recientemente, con resonancias martianas, el gobierno cubano. Y Cuba no teme a las circunstanciales oscuranas, porque, para decirlo con palabras de José Lezama Lima, a quien recordamos en este Festival de Poesía de La Habana: «mostramos la mayor cantidad de luz que puede, hoy por hoy, mostrar un pueblo en la tierra» (A partir de la poesía. La Habana, 22 de mayo, 1960).

Compañeras y compañeros y amigos del Festival de Poesía de La Habana, en homenaje al centenario de Fidel, a la oceánica y sideral presencia de aquel «Ardiente profeta de la aurora» como lo consignara el inolvidable Comandante Ernesto Che Guevara, desde Nuestra América nos permitimos convocar a la militante Solidaridad Internacionalista con Cuba. Seamos dignos de nuestra condición humana: defendamos la libertad y la soberanía de Cuba.

 Viva Cuba, Viva Fidel, Viva la Poesía.

                        Hildebrando Pérez Grande – PERÚ.

                                        La Habana, 26 de mayo, 2026

Por REDH-Cuba

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Shares