Cuando Shahzad Sharjeel escribió «Hey, Cuba» Dawn, uno de los diarios de mayor circulación en Pakistán, lo hizo como poeta y analista observador atento a la coherencia histórica de la nación caribeña, bloqueada y asediada por Estados Unidos.
Fuente: Prensa Latina

También, en reconocimiento a la resistencia y dignidad del pueblo cubano que trasciende fronteras y como alguien que no ha olvidado el gesto inmenso de un país bloqueado que, en el momento más oscuro de Pakistán, envió miles de médicos a sus montañas.
Con más de tres décadas de trayectoria en el periodismo y la comunicación estratégica —que lo han llevado a trabajar en Japón, Nigeria y Estados Unidos— Sharjeel es una voz respetada en el panorama intelectual de su país.
Editor asistente del diario Dawn durante años, autor del poemario Kiyun (2008) y de la colección de ensayos satíricos Rindana (2022), su formación en Relaciones Internacionales en la Universidad de Karachi y su paso por la Fletcher School de Harvard/Tufts University le han dado las herramientas para entender el tablero global.
Fue precisamente la mezcla de analista riguroso y de hombre que no olvida la generosidad de un pueblo asediado, lo que le llevó a escribir sobre Cuba con una calidez similar a un abrazo apretado en la prensa internacional.
“Los cubanos tienen un corazón del tamaño de América”, escribió. Y al decirlo evocó la capacidad inmensa y generosa de un pueblo que da mucho, aunque tiene poco.
Esa frase, que condensa toda la admiración de un paquistaní hacia un pueblo hermano en la resistencia, es el hilo conductor de la entrevista que con amabilidad accedió Shahzad Sharjeel para Prensa Latina.
Prensa Latina (PL): En su artículo Hey Cuba, usted no se limita a analizar acontecimientos políticos; transmite una calidez y una admiración que trascienden lo meramente informativo. Más allá de los hechos históricos que resume con tanta destreza, me pregunto si hay algo en la cultura, en la poesía o en el propio pueblo cubano que haya moldeado su perspectiva personal sobre la isla. ¿Qué fue lo que le cautivó inicialmente de Cuba, incluso antes de conocer su historia de resistencia?
Shahzad Sharjeel: Algunos movimientos de resistencia y lucha generan héroes e íconos populares que inspiran a personas de todas partes, independientemente de su ubicación geográfica. Las experiencias compartidas también fomentan la empatía. En el sur de Asia sufrimos la ocupación extranjera y el dominio colonial. Mi generación creció escuchando sobre el movimiento de liberación y cómo esta parte del mundo (Cuba) alcanzó su independencia. Por ello, es natural que nos identifiquemos con luchas similares en Sudáfrica, Palestina o América Latina.
Las personalidades carismáticas que lideraban la lucha cubana, así como las imágenes icónicas de Fidel Castro y el Che Guevara con sus uniformes de combate y boinas, seguramente captaron la atención de toda una generación. Y, por cierto, siguen haciéndolo. El interés histórico e ideológico surgió después. Cuanto más se estudia la firmeza con la que una nación insular relativamente pequeña ha mantenido su postura frente a una superpotencia, más se respetan y admiran a Cuba y a su pueblo.
PL: Usted menciona la ayuda cubana brindada durante el terremoto de 2005, destacando cómo ese pueblo —a pesar del bloqueo y la escasez de recursos materiales— logró enviar a miles de médicos y atender a millones de pacientes. ¿Cómo cree que se explica una generosidad tan inmensa en un país sometido a tal asedio? ¿Qué revela esto sobre el espíritu humano ante la adversidad?
Shahzad Sharjeel: A diferencia de muchos países, observamos que Cuba no dispone de abundantes recursos materiales, pero compensa con creces esa carencia mediante una generosidad arraigada en la humanidad y la dignidad. Resulta sorprendente que pocas personas en Pakistán sepan que, cada año, numerosos estudiantes de medicina paquistaníes reciben becas para formarse en Cuba; hasta la fecha, miles de médicos de Pakistán han recibido una educación excelente en la isla y ahora ejercen en hospitales de todo el mundo.
El devastador terremoto que sacudió Pakistán en 2005 causó más de 70 mil muertes e innumerables heridos y personas con secuelas físicas permanentes. La respuesta de Cuba ante esta calamidad fue, sencillamente, sin precedentes. Miles de médicos y paramédicos cubanos llegaron junto con aviones cargados de medicamentos y establecieron campamentos en las zonas más devastadas y bajo condiciones sumamente inhóspitas. Se realizaron cientos de miles de cirugías de emergencia y se atendió a millones de personas afectadas por el terremoto. No creo que Pakistán pueda jamás retribuir al pueblo cubano por su atención y asistencia.
PL: En su artículo, usted destaca que Cuba ha apoyado constantemente a los pueblos que enfrentan agresiones y ocupaciones, Dada esta coherencia histórica, ¿cree que la solidaridad internacional que Cuba necesita hoy —ante las recientes amenazas de «toma de control» y el endurecimiento del bloqueo por Estados Unidos— debería ser más activa por parte del resto de los países del mundo?
Shahzad Sharjeel: La alianza entre Estados Unidos e Israel ha creado una crisis de escala global y, aunque es totalmente humano dejarse absorber por los problemas propios e inmediatos —desde la escasez de combustible y las interrupciones comerciales hasta las guerras abiertas impuestas en Medio Oriente — es necesario solidarizarse con quienes sufren una situación similar a manos de los mismos villanos. Si el bloqueo naval de Ormuz perjudica a personas de todo el mundo, estas también deben reconocer el sufrimiento que los cubanos soportan desde décadas debido a bloqueos similares.
PL.- Al hablar de los intereses de Trump respecto a Cuba y compararlos con la mentalidad de un «magnate inmobiliario» que codicia playas vírgenes, usted traza un paralelismo inquietante. ¿Cree que la comunidad internacional comprende plenamente que lo que está en juego no es solo la soberanía de una isla, sino el modelo de dignidad y resistencia que Cuba representa para todo el Sur Global?
Shahzad Sharjeel: Lamentablemente, lo que denominamos «Sur Global» se ha reducido a una mera figura retórica. Un conjunto disperso y desorientado de gobiernos intenta salir adelante por sus propios medios. Sin embargo, se percibe una creciente toma de conciencia entre los ciudadanos del Norte Global de que sus gobiernos no han actuado más que como subordinados de Estados Unidos —país que los ha arrastrado a una guerra tras otra— y de que ha caído la hoja de parra que ocultaba la realidad tras la retórica de promover la democracia y liberar a las víctimas.
PL: Su artículo concluye con un guiño poético al «Che» y un «¡Che Pakistán!» que resuena como un llamamiento a la acción. A partir de esa conexión espiritual, qué podrían aprender los pueblos, en estos tiempos de incertidumbre global, más allá de los ámbitos político y económico?
Shahzad Sharjeel: Los países no son nada sin sus pueblos. Las personas de todas partes deben esforzarse en dos frentes: por un lado, en el ámbito interno, deben exigir gobiernos que respondan a sus necesidades y exigirles rendición de cuentas; por otro, en el frente externo, deben guiarse por los principios de no injerencia, el derecho internacional y la cooperación en cuestiones como el cambio climático y la regulación tecnológica. Solo eso podría garantizar un futuro pacífico para todos.
