Don Pablo conoció las ideas de José Martí, el “autor intelectual de la revolución cubana”, por medio de su amigo Julio Le Riverend y su esposa Mercedes, de quienes tuvo otras lecciones: “De Julio aprendí algo notable, que a diferencia de los comunistas mexicanos a quienes había conocido, hablaba bien de quienes no pensaban como él y respetaba y cultivaba con afecto a ciertos conservadores y burgueses, como don Antonio Pompa y Pompa y don Silvio Zavala, y a muchos más a los que oía para buscar coincidencias y entender razones. Después descubrí que su actitud correspondía a cierto estilo de los comunistas martianos”.
Para 1959, González Casanova estaba completamente familiarizado con los movimientos revolucionarios de América, que habían sido marcados por el golpe de Estado contra Jacobo Árbenz en Guatemala. Con esos antecedentes, don Pablo viajó a la isla en 1960 al lado de otros intelectuales, como Fernando Benítez y Carlos Fuentes, para conocer en primera persona la revuelta que sacudía al mundo.
Pero don Pablo no sólo conoció de cerca la gesta del pueblo cubano y su apuesta por el socialismo; también desde el inicio supo reconocer los aportes intelectuales de Fidel Castro. En 1972, unas semanas después de haber renunciado a la rectoría de la UNAM, González Casanova escribió una carta al presidente de Chile, Salvador Allende, para plantearle la posibilidad de escribir “una historia de América Latina en varios volúmenes”, “que recogiera los documentos y las historias de las luchas obreras y campesinas, precisara con la mayor profundidad la estrategia y táctica de las oligarquías y del imperialismo, así como las experiencias más significativas de la estrategia y táctica de las luchas de clases y las luchas de liberación nacional en América Latina”. González Casanova planteaba también a Salvador Allende la intervención de Fidel Castro, para que el proyecto tuviera mayor alcance intelectual y político.
El autor de La democracia en México reconocía la labor de Cuba en materia educativa, un pueblo que con muy pocos recursos y con una guerra militar, económica y mediática en contra había logrado sacar a su población del analfabetismo y construir grandes centros científicos y universidades, que se combinaban con la formación deportiva y la artística. En cierto sentido, el proyecto educativo de don Pablo estaría fuertemente influido por el proyecto cubano de democratizar la educación y la cultura.
De igual forma, González Casanova reconocía que el socialismo cubano y la Chiapas zapatista representaban algo nuevo en la historia, pues habían logrado involucrar a todo el pueblo en la lucha y construir gobierno propio desde abajo, al tiempo que contribuían a formar conciencia revolucionaria, contagiando al mundo entero de esa esperanza; en el que la ética, la dignidad y la moral cobraban nuevos sentidos. Al preguntarse por qué resiste Cuba, don Pablo se contestará que es un proyecto que ha logrado organizar al pueblo en todos los niveles, en todos los frentes y con todos los sectores, construyendo un pueblo-gobierno y un pueblo-ejército. Al respecto escribirá: el “mito del foco guerrillero en que 20 jóvenes valientes pueden cambiar la historia, nada tiene que ver con el carácter de ‘organizadores incansables’ que tuvieron los dirigentes del ‘26 de julio’ con las organizaciones de base”.
El ex rector de la UNAM reconocía también el papel del comandante Fidel Castro como pedagogo que educaba con la palabra y con la práctica, un hombre que enseñaba con cada discurso, pero también con la acción, que estaba al frente al momento de las batallas decisivas, pero que también estaba en la zafra o informando a su pueblo.
Amigo y defensor de Cuba, don Pablo fue reconocido en cuatro ocasiones en la isla: la orden Félix Varela en 1983, la medalla Haydeé Santamaría en 1989, el doctorado honoris causa por la universidad de La Habana en 1995 y la orden José Martí en 2004. Sin embargo, el mayor reconocimiento de la isla que recibió González Casanova –dicho por él mismo– fue haber hablado en la Plaza de la Revolución el 1º de mayo de 2003 para defender a Cuba de las amenazas intervencionistas.
Raul Romero. Sociólogo
Fuente: La Jornada
