
Ya lo tenemos ahí, a la vuelta de la esquina, viene a la velocidad de un rayo, rasgando el cielo con destellos que alertan a todos los astros. Avanza sobre los viejos mitos, los cuentos fosilizados, despejando las cortinas de dudas, miedos y espantos, fantasmas de lo imposible. A su paso derrumba las prisiones de talentos, enrejados por el persistente "no puedo", la apatía, el desaliento, la fe perdida en caminos sin salida, la falta de voluntad, la carencia de valor para saltar sobre abismos, que nadie se atrevió a cruzar. Muy pocos se lo imaginan, pero viene cabalgando brioso, convencido de triunfar, ahora que solo lo ven los partidarios del bien, los justos, los necesarios y los imprescindibles de siempre, los que entregaron sus vidas sin reparar en dolientes, madres, padres, hijos, hijas, nietos, ni siquiera las más queridas amantes. No hay quien detenga su avance de corcel encabritado, sin brida, freno, ni riendas. No hay planes de retirada, ni repliegues, mucho menos rendición. Es una fuerza telúrica, un volcán en plena erupción, y ya ven... su reaparición será un grito de alegría, un recuerdo para siempre de quienes lo vieron partir. Mucho más emocionante puede resultar verlo -por un instante- a quienes nunca lo vieron actuar en vida, siempre atento, incisivo en sus preguntas, respetuoso en su trato, listo a procurar soluciones o una promisoria respuesta. Todos los que miren esa noche al cielo, podrán ver el homenaje que le brindarán los astros. Algo único, increíble, asombroso, fuera de todo presagio. Solo los sabios, conocedores de los tiempos del espacio, lo anuncian con naturalidad: nada lo podrá impedir, es algo que está decidido por las leyes de verdad, las que valen por el mandato desconocido del movimiento, en el tiempo y el espacio, del ir y venir de los cuerpos siderales, los caprichosos cometas y las enloquecidas estrellas fugaces, que se lanzan al espacio, a perderse en el ardor de sus cuerpos gaseosos. Así dicen los que saben, los expertos: la luna, intrépida admiradora, se interpondrá en el camino del sol, y por un largo instante, para asombro de toda la humanidad, la víspera del Centenario del Comandante, a quien todo el que lo vio triunfante lo llamó sin titubear el Caballo, a solo unas horas de su recordado nacimiento, exactamente el 12 de agosto de 2026, la luna dueña y señora de la nocturnidad, transformará el día en noche, en un eclipse total de sol, para que brille mucho más su impredecible vigencia, la fuerza de la sorpresa, frente a la regularidad, una clave de su destreza para convertir en victorias estratégicas las adversidades, las derrotas transitorias por las que hasta el sol debe pasar. Esa misma noche, la lluvia de meteoros Perseidas llenará el espacio de estrellas fugaces. Y por si fuera poco, un insólito desfile de astros, desde Júpiter hasta el pequeño Plutón, alborotará al público que a medianoche saque los telescopios, los antiguos binoculares, las cámaras digitales de la mayor nitidez, y dejen un testimonio de irrebatible veracidad. A esas horas, el muy famoso cometa "Diez P Tempel Dos," un antiguo visitante de nuestra atmósfera, podrá verse desde la Tierra durante todo el mes de agosto, en su fugaz viaje espacial. No es poco lo que harán los astros este 12 de agosto de 2026, pero en toda Cuba y en los más recónditos rincones del planeta, la gente aguardará despierta hasta la medianoche, para con alegría y el mayor respeto, celebrar a escala planetaria el Centenario de "El Caballo", nuestro inmortal Fidel Castro. LN
