Fidel Castro Ruz a cien años: la soberanía como conciencia histórica de los pueblos. Por Cyrille Mwauka Masimango

«Los pueblos no entran en la Historia porque pase el tiempo. Entran en ella cuando deciden convertirse en los autores de su propio destino.»

El 13 de agosto de 2026 marca el centenario del nacimiento de Fidel Castro Ruz. Sin embargo, las grandes figuras revolucionarias no se miden por el número de años transcurridos desde su nacimiento. Se miden por la fuerza de las contradicciones que revelaron, por las relaciones de dominación que enfrentaron y por los horizontes de emancipación que continúan abriendo para los pueblos.

Fidel Castro pertenece a esa categoría de hombres para quienes la Historia nunca fue un escenario, sino un campo de batalla.

Su legado trasciende ampliamente las fronteras de Cuba. Sigue interpelando a nuestra época con una pregunta fundamental: ¿puede un pueblo ser verdaderamente libre mientras las condiciones de su producción, de su desarrollo y de su porvenir permanezcan sometidas a los intereses de las potencias dominantes?

Toda la trayectoria de la Revolución Cubana responde a esa interrogante.

El asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el *26 de julio de 1953*, fue presentado como un fracaso militar. Sin embargo, la Historia demuestra que las revoluciones no nacen de la victoria de las armas, sino de la maduración de las contradicciones sociales. Lo que fue derrotado aquel día fue una columna insurgente; lo que comenzaba a nacer era una conciencia revolucionaria destinada a transformar profundamente a Cuba e inspirar a los pueblos mucho más allá de sus fronteras.

Cuando Fidel Castro declaró ante sus jueces: «La Historia me absolverá», no oponía una esperanza abstracta al veredicto de un tribunal. Afirmaba que los pueblos terminan juzgando a las instituciones según su capacidad para servir a los intereses de las masas trabajadoras, y no a los de las clases dominantes.

Ahí reside la plena vigencia de su pensamiento.

La cuestión esencial no es únicamente la soberanía nacional. Es la soberanía popular sobre los medios de producción de la riqueza, sobre la organización del trabajo, sobre la distribución de los frutos de la economía y sobre la construcción de una sociedad liberada de la explotación del ser humano por el ser humano. Mientras las relaciones de producción permanezcan subordinadas a la acumulación privada del capital, la independencia política seguirá siendo incompleta y la libertad de los pueblos continuará siendo frágil.

El imperialismo contemporáneo ya no actúa principalmente mediante la ocupación militar. Opera a través del capital financiero, la deuda, las sanciones económicas, la dominación tecnológica, el control de los recursos estratégicos, la especulación sobre las materias primas, la apropiación del conocimiento y la hegemonía cultural. Detrás de la diversidad de sus instrumentos permanece una misma lógica: preservar un orden mundial basado en la explotación del trabajo, la concentración de la riqueza y la dependencia de las naciones periféricas.

En esta realidad, la lucha de clases conserva toda su vigencia. No se limita al ámbito nacional; atraviesa también las relaciones internacionales. Los pueblos que producen las riquezas del mundo siguen enfrentándose a un sistema en el que una minoría concentra el poder económico, financiero y tecnológico, mientras la mayoría soporta el peso de las crisis, las guerras, las desigualdades y las políticas de ajuste impuestas en beneficio de los intereses del capital.

Fidel Castro comprendió desde muy temprano que la liberación de un pueblo no podía ser duradera si permanecía aislada. Su compromiso con los movimientos de liberación de África, América Latina y Asia expresaba una convicción profundamente marxista-leninista: la emancipación de los trabajadores y de los pueblos oprimidos constituye una misma lucha histórica. El internacionalismo proletario no es una fórmula diplomática; expresa la solidaridad concreta entre quienes rechazan la explotación, el colonialismo, el neocolonialismo y todas las formas de dominación imperialista.

Para África, esta lección sigue siendo de una actualidad indiscutible. Nuestro continente no carece de recursos, de inteligencia ni de capacidad creadora. Lo que constantemente se le disputa es el derecho a controlar sus propias relaciones de producción, transformar por sí mismo sus riquezas, definir su propio modelo de desarrollo y construir una economía orientada a las necesidades de sus pueblos, y no a las exigencias de los mercados financieros internacionales.

Por ello, la batalla cultural reviste una importancia estratégica. Toda clase dominante procura primero imponer su relato antes de imponer su poder. La colonización de las conciencias precede con frecuencia a la dominación de los territorios. Una revolución que abandona la cultura renuncia progresivamente a su capacidad de forjar una conciencia de clase, una memoria histórica y un proyecto colectivo.

Es en esta batalla de las ideas donde Editorial Corporation asume su compromiso. Optamos por una producción intelectual que contribuya a la formación de la conciencia histórica de los pueblos, a la defensa de su soberanía y a la emancipación de los trabajadores. Consideramos el libro, la investigación, las artes y la creación como fuerzas materiales cuando se convierten en instrumentos de organización, formación política y liberación. Lejos de ser un simple espacio de difusión cultural, la edición constituye un terreno de lucha donde se enfrentan visiones del mundo, intereses de clase y proyectos de sociedad.

El centenario de Fidel Castro Ruz no invita, por tanto, ni a la nostalgia ni a la repetición mecánica de las experiencias del pasado. Nos invita a retomar un método: analizar las contradicciones concretas de nuestro tiempo, organizar las fuerzas populares, defender la soberanía de las naciones, combatir todas las formas de explotación y mantener vivo el internacionalismo entre los pueblos que rechazan la dominación.

Rendir homenaje a Fidel Castro es recordar que ninguna conquista social es irreversible, que ninguna soberanía está definitivamente asegurada y que ningún pueblo puede delegar en otros la responsabilidad de su propio futuro.

A cien años de su nacimiento, Fidel Castro Ruz pertenece ya al patrimonio revolucionario de la humanidad. Su legado no reside únicamente en la historia de Cuba, sino en la certeza que lega a los pueblos: mientras los trabajadores, los intelectuales comprometidos, los creadores y las naciones oprimidas unan sus fuerzas contra la explotación y el imperialismo, la Historia permanecerá abierta a la emancipación humana.

 

Cyrille Mwauka Masimango

Director General–CEO

Editorial Corporation

 

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