
Cada tantos años, emerge del seno de los pueblos una persona que se destaca por algunas condiciones innatas como el carisma, el magnetismo de su personalidad y que a medida que crece, va incorporando un conjunto de características que lo hacen casi único o única, para convertirse en un líder de multitudes, casi una síntesis del pensamiento y la conducta ética de su sociedad.
En definitiva, un dirigente, un conductor, que no se fabrica por decreto ni se impone, y que asume el privilegiado sitio de ser en parte, portavoz de las ansias y deseos de la gente común.
Hace 100 años, un 13 de agosto de 1926, de las entrañas de Lina, nació Fidel; un ser humano que se convertiría como líder de la revolución cubana, en un punto de inflexión en la historia de Cuba, pero también en la historia de la humanidad, ocupando los mejores anales del pensamiento.
Fidel ocupa la fila de seres humanos que adquirieron una estatura ética y política ante la cuál es imposible pasar indiferente, y anhelar, estar a su sombra.
Su sola presencia, bastaba para que incluso los sensatos adversarios políticos de la revolución, (no la irracional gusanera), abdicaran de aventuras contra revolucionarias.
En las miles de anécdotas para ilustrar lo anteriormente dicho, destaca su presencia ante una manifestación opositora en el Malecón, convocada el 5 de agosto de 1994.
“Con Fidel allí, dando el pecho en la caliente, sucede lo que todos conocen, los alborotadores, los que estaban tirando piedras, y hasta los que se manifestaban en contra, empezaron: “Ahí llegó Fidel, el Fifo, el Caballo, etc.”, y nada, que la situación dio un vuelco. Al momento cesaron los tiros, las piedras, el vandalismo. Ahora las consignas eran a favor”. (relato recogido en Ale JC Boyeros).
“Menos mal que existen, para hacernos”[i]
En la concepción militar de Fidel, destaca un legado de las luchas revolucionarias por la liberación nacional y por el socialismo, que tenían como premisa principal siempre que las condiciones lo permitieran, el respeto por la vida y la integridad humana.
Combatir la tortura física y psicológica como un método de obtención de información, o utilizar ese pretexto para permitir la saña de seres enfermos de resentimiento y odio, que, en otra expresión de la concepción fascista de aniquilar al enemigo, llevan adelante ejecuciones sumarias, o el remate del combatiente ya herido, o dispuesto a rendirse.
Escrito como un legado para la posteridad, declara Fidel ante un tribunal luego del Asalto al cuartel Moncada y el cuartel Carlos Manuel de Céspedes y cuyo relato inmortaliza en “La Historia me absolverá”: «Todo el mundo tenía instrucciones muy precisas de ser, ante todo, humano en la lucha (…) Se hicieron desde los primeros momentos numerosos prisioneros ( …) Estos prisioneros declararon ante el tribunal que se les trató con absoluto respeto(…) y reconoce el Fiscal: “el altísimo espíritu de caballerosidad que mantuvimos en la lucha”[ii]
Luego, pasa a denunciar los vejámenes y asesinatos cometidos por el ejército batistiano, contrastando así, las dos concepciones militares en pugna, durante los enfrentamientos, y después de los mismos.
En su manual Guerra de guerrillas, Ernesto «Che» Guevara estableció como norma tratar con absoluta clemencia a los soldados enemigos heridos o capturados, argumentando que estos combatían usualmente cumpliendo un deber militar por ignorancia o necesidad, lo que demostraba la superioridad moral de la guerrilla.
Desde el punto de vista de la Estrategia Militar, el aporte fundamental de Fidel es sin dudas la definición de Guerra de Todo el Pueblo.
Para José E. Sánchez, en su trabajo: “EL PENSAMIENTO MILITAR DE FIDEL. MAGISTERIO DE
UN JEFE GUERRILLERO”, “El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz es el más alto exponente del pensamiento militar cubano. En este reconocimiento se tiene en cuenta que sus ideas tuvieron el extraordinario mérito de conjugar, en la previsión teórica y de manera brillante en la práctica, las mejores concepciones acerca de la guerra popular y revolucionaria, en nuestro país y en el mundo”.
Tomadas las experiencias de luchas militares por la Independencia cubana, de la revolución mexicana y sandinista, de la revolución española, de la soviética y otras, dice Sánchez: “Después de la victoria de la Revolución Cubana, el pensamiento militar del Comandante en Jefe ha presidido el desarrollo de la Doctrina militar de la Revolución durante la lucha de nuestro pueblo contra las agresiones imperialistas en el transcurso de casi seis décadas, en el cumplimiento de las misiones internacionalistas para ayudar a otros pueblos a liberarse de la opresión, el saqueo del imperialismo y el neocolonialismo, y en la concepción de Guerra de Todo el Pueblo (GTP)”.
Recuerda el autor citado que “En 1980 se crearon las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), como herederas y continuadoras, a un nivel conceptual a tono con las nuevas exigencias defensivas, de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), que en la década de los años 60 del mismo siglo XX tuvieron una participación muy destacada en la Lucha contra Bandidos, la Batalla de Girón, la Crisis de Octubre, y otros momentos de especial significación en la lucha contra el imperialismo y la reacción internacional. Tanto la concepción de GTP, como en sus momentos respectivos la creación y empleo de las MNR y las MTT, fueron frutos en primer lugar del pensamiento militar de Fidel”.
Guerra de todo el pueblo fue la estrategia llevada adelante por el heroico pueblo de Vietnam y la estrategia preventiva del pueblo venezolano, movilizado a partir de octubre del 2025.
“La palabra es un ladrillo”[iii]
La palabra, escrita o hablada por Fidel, es construcción, ladrillo por ladrillo.
Construyó praxis, una manera de la cubanidad, reflexión, pensamiento, certidumbre, espíritu y su palabra, también es una forma de arte.
Un relato que bucea en temas profundos, sin renunciar al manejo del humor como un eficaz método tanto para graficar una idea, o ser una sutil arma en el debate o la exposición ante tímpanos adversos.
Ante aquellos magistrados del régimen de Batista al que espetó sus fundamentos recogidos en la Historia me absolverá, denunciando las condiciones de aislamiento al que era sometido previo al juicio, expresó: “Esta decisión, oída y transmitida por el sargento del SIM (servicio inteligencia militar), provocó inusitados temores; parece que algún duendecillo burlón se complacía diciéndoles que por culpa mía los planes iban a salir muy mal”.
Para tener apenas una idea de la dimensión del don de la palabra de Fidel, citamos un pasaje del prólogo de Gabriel García Márquez escrito en 1988 para el libro “Habla Fidel” del periodista italiano Gianni Mina: “Su devoción por la palabra es casi mágica. Al principio de la Revolución, apenas una semana después de su entrada triunfal en La Habana, habló sin tregua por la televisión durante siete horas. Debe ser un récord mundial. En las primeras horas, los habaneros no familiarizados con el poder hipnótico de aquella voz, se sentaron a escucharla al modo tradicional, pero a medida que pasaba el tiempo volvían a la rutina con un oído en sus asuntos y otro en el discurso”.
Sobre el sonido de esas palabras, detalla Gabo mas adelante en el prólogo: “Dos cosas llamaron la atención de quienes oíamos a Fidel Castro por primera vez. Una era su terrible poder de seducción. La otra era la fragilidad de su voz. Una voz afónica que a veces parecía sin aliento (…) Han transcurrido 26 años desde entonces, Fidel Castro acaba de cumplir sesenta y uno, y su voz parece todavía tan incierta como siempre, pero continúa siendo su instrumento más útil e irresistible para el muy delicado oficio de la palabra hablada”.
En cuanto a la palabra escrita, “Fidel era un periodista y un comunicador con un talento innato para hacer de los medios su tribuna. El 11 de septiembre de 1951 apareció en las páginas de Alerta un artículo donde condenaba la muerte del obrero Carlos Rodríguez a manos de importantes jefes de la policía. Después en 1952 publica estremecedores trabajos investigativos en el propio diario, Alerta, denunciando los turbios negocios del entonces presidente de la República, Carlos Prío Socarrás”, recuerda un artículo del Centro Fidel Castro Ruz.
Y si de jerarquización de la palabra escrita hablamos, bajo la iniciativa de Fidel Castro y tras fundarse la Imprenta Nacional de Cuba en 1959, el primer libro impreso por el Gobierno Revolucionario fue El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes. Se editaron 100 mil ejemplares en cuatro tomos con ilustraciones de Gustavo Doré, vendidos a 25 centavos cada uno.
Al modo Fidel
Fidel era un hombre de método; su formación como abogado matrizó la comprensión de la necesidad de estudiar, pero sobre todo de debatir y escuchar, para que la teoría que nutre el conocimiento, no sea el confortable sitio donde la orfandad de la praxis, no da cabida a la vitalidad de la dialéctica.
La lucha revolucionaria y la construcción de la revolución cubana, fueron sin dudas el líquido amniótico del método que en Fidel era parte de su ser.
Un método naturalizado que permitía al líder de la revolución cubana sostener debates, rápidamente devenidos en diálogos, con los intelectuales cubanos, los estudiantes, los trabajadores azucareros, los campesinos serranos, con las grandes masas, y ser escuchado atentamente en cualquier tribuna internacional.
Un método heterodoxo, pues la independencia era el rasgo más característico del pensamiento de Fidel Castro referido a la forma de entender el marxismo leninismo y no sentirse atado a ninguna disciplina de partido que le impusiera una concepción determinada y, de esa forma, ponía rumbo la fuerza creadora de su pensamiento.
Cuando tuvo que enfrentar las naturales contradicciones entre la URSS que lideraba el movimiento comunista internacional y la revolución naciente que cuidaba celosamente de su soberanía, el pensamiento vivo de Fidel no dudó en poner los puntos sobre las íes; detrás de las palabras radica una crítica a la forma de los soviéticos de interpretar el movimiento comunista:
Dijo Fidel: “Cada pueblo, cada país, tiene su forma de hacer su revolución; cada pueblo, cada país tiene su forma de interpretar las ideas revolucionarias. […] tenemos nuestra forma de interpretar esas ideas, tenemos nuestra forma de interpretar el socialismo, nuestra forma de interpretar el marxismo-leninismo, nuestra forma de interpretar el comunismo”.
Reconocida su capacidad por sus propios enemigos en un documento sobre Cuba, elaborado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, confiesan los estrategas del imperio: “la esfera más exitosa y perdurable de la campaña de Cuba contra los Estados Unidos ha tenido lugar en el frente de batalla ideológico”.
Un tercer y último rasgo en éste sucinto artículo, es la solidaridad con los pueblos del mundo como método impulsado por Fidel, desde la revolución, expresada en las brigadas médicas y técnicas, de asesoramiento en las luchas por la liberación.
La lucha revolucionaria de Fidel, su dimensión de estadista, la agudeza de su pensamiento y su capacidad de mirar más allá de lo cotidiano, prediciendo con acierto el curso de los acontecimientos, es la referencia donde abrevar, en el camino de los pueblos del Sur global, hacia la liberación nacional y el socialismo.
Notas:
[i] Todo el mundo tiene su Moncada. Autor Silvio Rodríguez
[ii] La historia me absolverá. Alegato del Dr. Fidel Castro Ruz. Pág. 7
[iii] LA PALABRA (León Felipe)
Pero ¿qué están hablando esos poetas de ahí de la palabra?
Siempre en discusiones de modisto:
que si desceñida o apretada…
que si la túnica o que si la casaca…
La palabra es un ladrillo, ¿Me oísteis?… ¿Me ha oído usted, Señor Arcipreste?
Un ladrillo. El ladrillo para levantar la Torre… y la Torre
tiene que ser alta… alta, alta…
hasta que no pueda ser más alta.
Hasta que llegue a la última cornisa
de la última ventana
del último sol
y no pueda ser más alta.
Hasta que ya entonces no quede más que un ladrillo solo,
el último ladrillo… la última palabra,
Para tirárselo a Dios,
con la fuerza de la blasfemia o de la plegaria…
Y romperle la frente… a ver si dentro de su cráneo
está la Luz o está la Nada.
